Sí, es posible abandonar la lista de católicos: una guía para la apostasía

Jude Law en una escena de la serie ‘The Young Pope’. HBO /

Javier Rodríguez Martín, Público, 9 de septiembre de 2018
Apostatar.org

Hay dos vías para abandonar la iglesia católica: la excomunión y la apostasía. La primera, “la pena eclesiástica más severa” según el derecho canónico, solo puede ser concedida por el Papa, el Obispo del lugar o por sacerdotes autorizados por ellos. Es decir, la excomunión es una expulsión. El motivo más común para ser excomulgado es la herejía y personajes históricos como Napoleón Bonaparte, Fidel Castro o Martín Lutero engordan la lista de excluidos por la iglesia. Existe una segunda opción, la apostasía, una renuncia personal a la que todo bautizado tiene derecho y que, además, conlleva en sí la excomunión por parte de la iglesia.

El mito infundado sobre la dificultad del proceso proviene en su mayor medida del tabú sobre apostatar que sigue existiendo todavía en determinados sectores de la sociedad española y uno de los impedimentos para el apóstata es, según varios testimonios consultados, el miedo social, es decir, el cómo reaccionarán los amigos y la familia.

No obstante, con un poco de paciencia, el procedimiento para abandonar la fe católica es bastante simple, al menos más que muchos otros trámites administrativos que realizamos a menudo, como el contrato del alquiler, la declaración de la renta o la apertura de una cuenta bancaria. Son tres los documentos necesarios: (1) recoger una copia de tu partida de bautismo en la iglesia en que se celebró el rito, (2) una fotocopia compulsada de tu DNI y (3) un formulario de solicitud de apostasía: ejemplo

Los pasos a seguir están explicados en varias webs y la primera en España fue apostatar.org, creada y gestionada desde hace 5 años por Juan Vera, traductor e intérprete de 37 años. “Creé la página porque me costó encontrar información para hacer el proceso y pensé que así se haría la información más accesible”, nos cuenta en una entrevista vía telefónica para el eldiario.es, “luego se me ocurrió recopilar experiencias de otros apóstatas por todo el estado para ver cómo se hacía en cada sitio concreto. Más de medio millón de personas se han informado ya sobre el tema”.

〈Información sobre APOSTASÍA en Asturias Laica-Europa Laica

Opacidad eclesiástica y laicismo ascendente

Al crear esta pequeña comunidad se desmitificaba la percepción de la cantidad de obstáculos a saltar dependiendo de según qué diócesis. “La mayoría de ellas tramitan las apostasías sin mayor problema y es el mismo proceso prácticamente en todas”, nos aclara Juan Vera, aunque “es un derecho (regulado por el derecho canónico, pero no por el constitucional) que desde la iglesia muchas veces se torpedea y se dificulta”. Los impedimentos se explican cuando tenemos en cuenta el poder de la iglesia y los privilegios heredados, que le permite “practicar la política de la desinformación, el oscurantismo y la opacidad”.

Por otro lado, alguien “de dentro de la iglesia” que prefiere mantener el anonimato, coincide en que hay “muchas cosas que la Iglesia podría mejorar. Principalmente lo que podemos llamar autenticidad, tanto en el plano social (transparencia en determinados temas, firmeza al condenar ciertas realidades…) como su propia misión.” Sobre la apostasía cree que “es algo demandado de forma muy puntual, porque implica la toma de una postura firme ante, al menos, la religión; en una sociedad posmoderna en que, como diría Vattimo, predomina un pensamiento débil que se desliga de todo referente absoluto. Por ello, más que un tabú yo diría que hay una indiferencia social ante la apostasía.” Para ampliar sobre pensamiento fuerte y débil sería útil acudir a Nietzsche, pero no vamos a entrar ahora ahí.

Desde la Conferencia Episcopal Española, tras haberles comunicado que tenemos algunas preguntas para prensa, dieron varios rodeos del tipo “están todos [¿¡absolutamente todos!?] de vacaciones”, “ya nos lo han preguntado más veces, pero mándamelo por escrito mejor”. Finalmente respondieron, o se les escapó, “datos de apostasía no tenemos”.

A los que sí tenemos acceso son a los barómetros sociológicos del CIS y todos caen en picado. A fecha de febrero de este año, el porcentaje de quienes casi nunca practican su religión ha aumentado 12 puntos en los últimos ocho años y una cuarta parte de la población española se considera no creyente o atea. Y dos datos más, los niños bautizados son la mitad y los matrimonios civiles el 80%, mientras hace diez años eran todavía mitad y mitad.

En el año 2011, tras un proceso judicial de cinco años entre la iglesia y la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), el Tribunal Constitucional concedió a los obispos el carácter “privado” de los libros de bautismo. Al considerarse un hecho histórico (“un sacramento” en términos eclesiásticos), el bautismo es indeleble. En otras palabras, estos documentos no se adscriben a la ley de protección de datos, por eso, lo máximo a lo que puede aspirar el apóstata en España hoy día es a una acotación en el margen de este archivo en la que se especifica que el bautizado ha abandonado la fe católica.

Tenemos entonces un escenario en el que, en una sociedad cada vez más laica “la iglesia no tiene ni siquiera que demostrar cuántos fieles tiene para recibir aportaciones del estado”, nos recuerda Juan Vera. Es por ello que están surgiendo respuestas a los desmanes de la institución católica y cada vez es mayor el número de “colectivos que piden un estado más laico, un derecho a la apostasía o una escuela sin religión (o que la religión no cuente para nota media)”. Esta última ya es una batalla ganada por parte de estos colectivos desde que Isabel Celáa, nueva ministra de Educación y portavoz del Gobierno, se pronunció recientemente ante esta demanda [“Religión no puede tener valor académico y contar para la nota media”].

Para qué apostatar

Apostatar es solo un primer paso para, en primer lugar, ser coherente con la laicidad individual, y, en segundo, para fomentar una sociedad más libre y laica. A Juan “le gustaría derivar la lucha contra la institución de la iglesia hacia que tenga que rendir cuentas, que dé información pública y que el proceso sea parecido a lo que ocurre en Alemania, por ejemplo, donde se puede apostatar en una oficina gubernamental en 5 minutos y en ese mismo momento se te considera fuera de la iglesia y dejas de pagarles impuestos”. También Finlandia, con la apostasía vía telemática, está entre los países en que más fácil resulta el proceso.

Un último argumento con el que concluye el creador de la web es que la iglesia tiene, además, “un discurso blanco, masculino, heteronormativo, misógino, homófobo, transfobo y completamente caduco; el discurso de la parte de la población más privilegiada y que no tiene ninguna opresión encima. Y eso es muy tóxico para la sociedad”.

A pesar de todo, el apóstata y/o excomulgado que no quiera vivir como tal en la tierra a cambio de la eternidad en el infierno, como hacen ahora mismo Lutero o Napoleón, podrá arrepentirse de sus pecados. “La Iglesia siempre estará dispuesta a acoger, en cualquier momento, a cuantos quieran vivir y morir en su seno, en respuesta al deseo del Señor, cuya misericordia es eterna.” [extraído de mi “ratificación de apostasía”]

 

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