Conversando con activistas de la entidad Derecho a Morir Dignamente sobre su trayectoria y futuro en Asturies

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Xuan García Vijande, Nortes, 3 de diciembre de 2023
«A ellos no les importa, pero también morirán. ¡Idiotas! Yo primero y luego ellos, pero a ellos les pasará lo mismo». Así describía Lev Tolstoi en La muerte de Iván Ilich el principal fenómeno igualador de la vida, esto es, su final irremediable. Un siglo después alguien continuaba esa misma reflexión: si todos nos morimos, ¿por qué nos da tanto miedo hablar de ello? Y qué sufrimientos podrían evitar romper con este tabú. A principios de los ochenta, se inscribe en el Ministerio del Interior una organización que tiene por fines «el derecho de las personas a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida» y el de los enfermos terminales a morir sin sufrimientos.
Ese primer intento fue frustrado por las autoridades, al entender que los objetivos de la asociación eran contrarios a los principios deontológicos de los profesionales médicos y suponían incurrir en el delito de inducción al suicidio. No obstante, en 1984 la entidad gana el recurso presentado contra dicha decisión y se crea oficialmente la Asociación Derecho a Morir Dignamente (ADMD). Dos décadas después abre su delegación territorial en Asturias, donde cuentan aproximadamente entre dos y tres centenares de personas socias.
La asociación civil se centra en tres aspectos: la incidencia política, la reivindicación de más y mejores instrumentos para alcanzar una muerte en condiciones de dignidad; la divulgación de derechos sanitarios en charlas y otras actividades; y la atención personal con representación de los intereses de personas que toman el paso de terminar con su vida biológica.
Desde los años ochenta hasta ahora han cambiado muchas cosas y, aunque la muerte sigue siendo un tema silenciado, sí parece que la «sociedad está madura», así lo ve Pilar Cartón, vicepresidenta de DMD-Asturias, para quien es evidente que «el discurso caló». Ella llegó a la asociación con un interés y un bagaje ideológico y filosófico sobre qué significa morir. Conocía DMD gracias a los periódicos y a las publicaciones de Salvador Pániker, quien presidió la entidad a nivel estatal a principios de siglo. Problemas médicos y su contacto con otra socia, Isabel Alonso, fueron lo que llevó a Cartón a implicarse en el movimiento.

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Pilar Cartón nos habla de la situación que se vivía hace unas décadas en la sanidad de final de vida. «Retrotraía a otro siglo», ya que, según su perspectiva, «todos te atendían mucho hasta el final, y ahí te abandonaban; paliativos y poco más». Cree que ahora «la ciudadanía lo demanda» gracias, en parte, a la «inmensa labor de la asociación». «Antes te ibas a Suiza y ahí que te lo arreglaran», confiesa Cartón.
En 2011, último año en que el Centro de Investigaciones Sociológicas preguntó sobre la eutanasia, los datos devolvieron un apoyo del 77,5%. Otra publicada por Metroscopia, en 2019, elevaba el porcentaje casi diez puntos.
Fruto de esa normalización y tras la lucha tanto de la asociación como de nombres como el de Maribel Tellaetxe o María José Carrasco, se aprobó en España la Ley Orgánica reguladora de la eutanasia en 2021. Nuestro país pasó a ser el séptimo Estado en regular esta práctica médica y permitir que quienes sufren «una enfermedad grave e incurable o un padecimiento grave, crónico e imposibilitante» puedan terminar sus vidas de formas menos cruentas.
Para la presidenta de DMD-Asturias, Fernanda del Castillo, esta medida fue un «éxito fantástico», pero quieren ir «más allá». Todos en la entidad coinciden en que la ley es «demasiado garantista», ya que «alarga el proceso burocrático» poniendo «palos en las ruedas» a quienes solicitan su derecho. Según otros miembros, este procedimiento «sumamente burocrático» ha provocado que «personas que lo están solicitando mueran antes de que se solucione su caso». En 2022 en Asturies, 11 personas solicitantes de la eutanasia fallecieron durante la gestión de la misma.
Pero esos no son los únicos problemas en la aplicabilidad de la norma. «Hay bastantes encuestas antes de que se aprobase la Ley sobre su valoración», nos cuenta Del Castillo, «los profesionales tenían una opinión equivalente a la de la pobación en general». Se refiere a las encuestas realizadas, entre otros, por el Colegio de Médicos de Bizkaia y el Colegio Oficial de Enfermería de La Rioja, que mostraban respectivamente un apoyo del 86 y el 81%. Pese a esto, declara, hay datos sobre objeción de conciencia «que asustan».
En Asturies no disponemos del registro de objetores pero, según una publicación del medio especializado Redacción Médica, España cuenta con 3924 sanitarios objetores, dos tercios de los cuales se encuentran en la Comunidad de Madrid. En DMD-Asturias se preguntan de dónde viene esta diferencia y creen que muchos objetan «por conveniencia» y no «en conciencia». Según la Consejería de Salud del Principado, existe una «falta de profesionales que muestren disposición para asumir la responsabilidad».

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De acuerdo con los datos del informe anual de la Ley Orgánica de la Regulación de la Eutanasia, en Asturies se realizaron 25 solicitudes en 2022, de las cuales se llevaron a cabo tan solo 8. Cinco fueron denegadas por la Administración y una de ellas se trató de una revocación por parte de la persona interesada, las otras 11 fueron las personas fallecidas durante el proceso de concesión.
En DMD-Asturias exigen una mejoría de los instrumentos legales para obtener una muerte digna reivindicando también más formación a los profesionales y granjean el apoyo del mundo político a través de actos como las declaraciones institucionales y acuerdos de los plenos de ayuntamientos que se han dado en Xixón y Oviedo/Uviéu. Lo hacen desde una posición apartadista: «Lo que nosotros vendemos es que aquí no va a quedar ni el tato», dice Del Castillo, «la muerte nos llega a todos, y no es ni de centro, ni de derechas, ni de izquierdas, ni de ricos, ni de pobres». También centran su acción en la parte social, con asesoramiento telefónico y presencial los segundos y cuartos miércoles de cada mes en el Centro Municipal de La Arena.
La atención personal es un área desarrollada por personal voluntario y coordinado desde la Directiva por Chelo Camblor. De ello nos habla uno de sus voluntarios, Javier Rodríguez. Ya sea en la modalidad telemática o la presencial, la atención personal es un servicio que presta a los socios, aunque muchos se dan de forma generalizada a personas no socias, como puede ser la información sobre el testamento vital.
La posición de la asociación respecto al papel de los medios de comunicación no deja lugar a dudas: los medios pueden hacer más y, ante todo, deben evitar tratar estos temas desde el morbo. «Observamos muchas veces la búsqueda de la carnaza y era horroroso», nos revela Pilar, para quien uno de los problemas es que «este es un tema más de la vida cotidiana que interesa cuando hay un escándalo». También creen que las administraciones deberían confiar más en los medios y trasladar más información.
Otra pata fundamental de Derecho a Morir Dignamente es la organización de actividades de divulgación en las que la información se da la mano con el ocio para dar «una forma agradable y entretenida para hablar y reflexionar del tema». En ese marco se desarrollaron diversos actos como el ciclo de eventos que tuvo lugar el pasado noviembre, que incluyó una charla centrada en la muerte en la literatura por el Día Internacional de la Muerte Digna o algunos encuentros con los que quieren llegar a los barrios periféricos de las ciudades.

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Todo este acervo acumulado y constante de la asociación Derecho a Morir Dignamente en Asturias ha motivado la reciente recepción del premio «Escuela de Salud del Ayuntamiento de Tineo» en la modalidad para organizaciones sin ánimo de lucro.

















