Sin una escuela igualitaria y laica el futuro no será el que deseamos

febrero 2, 2022

Rosario de Acuña / Real Academia de la Historia

Macrino Fernández, La Voz de Asturias, 2 de febrero de 2022

A finales del siglo XIX la gran mayoría de quienes habitaban España no sabían ni leer ni escribir. Y eso era así a pesar que la Ley de Instrucción Pública había establecido que la enseñanza era obligatoria desde los seis hasta los nueve años. Tres décadas después de que fuera aprobada, los datos del Censo de 1887 reflejan que alrededor de las dos terceras partes de la población son analfabetas, también que existen grandes diferencias entre hombres (59%) y mujeres (77%). Unos porcentajes que evidencian el retraso con respecto a Inglaterra, Francia, Bélgica o Irlanda y mucho más en comparación con Alemania, Suiza o los países nórdicos. De ahí que la educación fuera uno de los elementos sobre los que se construyeron las diferentes propuestas que pretendían poner fin al atraso, económico y social, que padecía España. Ahí están los escritos de Joaquín Costa («El problema de la regeneración de España es pedagógico tanto o más que económico y financiero») o de Macías Picavea («¿cómo no creer en la pobreza de España, resultado fatal de su ya demostrada incultura, torpeza o ignorancia?»). También los de Rosario de Acuña, quien no solo habla de la ineludible necesidad de mejorar la educación, sino que también señala los ejes sobre los cuales deberían girar las propuestas para su mejora: la liberación del yugo clerical y la igualdad educativa para niñas y niños. Ella apuesta por una escuela igualitaria y laica.

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