9 de diciembre: «Día internacional del Laicismo y la Libertad de Conciencia». Luis Fernández

El 9 de diciembre de 1905 se proclamó en Francia la ley que determina la separación entre las iglesias y el Estado.

Júcar II, Fernando Zóbel, 1971 / Fuente
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Luis Fernández, Nortes, 9 de diciembre de 2022

El 9 de diciembre de 1905 se proclama en Francia la ley que determina la separación entre las iglesias y el Estado. Sobre la conmemoración de este acontecimiento hemos asentado la celebración de un Día Internacional del Laicismo y la Libertad de Conciencia.

Otro 9 de diciembre, esta vez en 1931, se aprueba la Constitución de la II República Española, una de las más avanzadas de la época en lo que respecta a la construcción de un Estado Laico.

El laicismo se sustenta en dos grandes principios morales: la libertad de conciencia y la igualdad de trato para todas esas conciencias. Y para ello aparece como condición necesaria aunque no suficiente un procedimiento básico: la separación iglesias Estado.

París, abril de 1905. — Aristide Briand, ponente del proyecto de ley sobre la separación de la Iglesia y el Estado, en la tribuna de la Asamblea Nacional / © Colección Roger-Viollet – Fuente
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La ejecución correcta de este procedimiento abre un enorme campo de reivindicaciones, máxime en un Estado que no ha superado las consecuencias de la dictadura nacional-católica.

En el plano ideológico, desde aquel en que se intenta controlar a la ciudadanía,  resultan imprescindibles: la liberación del yugo que supone el concordato con el Vaticano, -que parece reverdecer a nivel autonómico en Valencia-, la liberación del sistema educativo del control religioso, la independización de las celebraciones ciudadanas del protagonismo eclesial, la difícil tarea de conseguir que una iglesia que fue plenipotenciaria con Franco entienda que sus mensajes son para sus creyentes y debe respetar las ideas (libertad sexual, aborto, homosexualidad, eutanasia, etc.) del resto de la ciudadanía y, de forma significativa, la necesaria formalización por parte del Estado y sus representaciones de esa separación entre iglesia y Estado (en Asturias resulta escandalosa la sumisión de Presidente del Principado en su peregrinación penitencial a Covadonga para ser castigado por el obispo y la impresentable maniobra de deslegitimación, desde dentro del PSOE, de la Alcaldesa de Gijón por su intento de formalizar el mandato constitucional en un reglamento de Laicidad para el funcionamiento del Ayuntamiento).

En el plano económico, donde se fundamenta el poder de las estructuras eclesiales, es imprescindible que la iglesia católica abandone su posición de privilegio y asuma el proyecto constitucional de autofinanciarse, prescindiendo de todo el enorme abanico de prebendas económicas que mantiene (y la mantienen) y restituya a la ciudadanía el patrimonio que siempre fue suyo y ahora es propiedad del Vaticano gracias a una “gracia” concedida por el dictador.

Concentración del Grupo de Inmatriculaciones Aasturias / Foto: Iván G. Fernández
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Pero la fecha de conmemoración no debe empujarnos a limitarnos a todos aquellos incumplimientos escandalosos de un proyecto legislativo que ya tiene 117 años. Conmemoramos ese hecho para recordar que nuestro objetivo es liberar conciencias, más allá de trabajar para separar las iglesias del Estado.

Encontrar las restricciones a esa libertad y romper los obstáculos que la limitan no siempre es tarea fácil. Muchos están sólidamente anclados en la cultura dominante.

El primer campo de trabajo está en la formación de conciencias libres. Es imprescindible un amplio y detallado esfuerzo para que en ese periodo clave se consiga armar a cada conciencia de los máximos recurso para entender y defender su libertad. Es complejo, pero necesario, sentar las bases de una significativa libertad de pensamiento. Y ese campo de trabajo está situado en la Educación en todo su amplio sentido.

Un segundo escalón podemos centrarlo en la libertad de expresión, exigencia inmediata de una conciencia formada con criterios. Aquí hay una importante tarea legislativa: una verdadera ley de libertad de conciencia, la eliminación de la blasfemia como delito, etc. muestran otro amplio campo de trabajo.

Pero ante todo es necesario tener presente que esta lucha por liberar a las conciencias está en la base de la construcción de la democracia. En un momento en que se recrudece la presión de los grupos fundamentalistas ultra-religiosos apoyados en las fuerzas del capital internacional resultan significativas las palabras de  Richard Malka:

La libertad de crítica de las ideas y de las creencias es el cerrojo que mantiene encerrado al monstruo del totalitarismo.

Luis Fernández González es presidente de Asturias Laica

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