Afganistán

septiembre 3, 2021

El terror del fundamentalismo planea sobre todo un país en el que todos serán víctimas de la locura de la religión

Mujeres afganas cubiertas con un burka junto a sus hijos / EP

Coral Bravo, El Plural (Vía El Observatorio del Laicismo), 3 de septiembre de 2021

Leía hace unos días un estupendo artículo para El País, de Noelia Rodríguez, titulado Las fotos nostálgicas de las afganas en minifalda siempre vuelven, en el que reflexiona sobre cómo la vestimenta femenina se puede convertir en baremo político que deja en evidencia la situación social, política y cultural de las mujeres de las sociedades en su transcurrir. Ilustra el artículo con varias fotos de mujeres afganas en los años 60 y 70 con atuendos absolutamente occidentales, no sólo sin burkas ni velos, sino con minifaldas y ropa informal, en situaciones cotidianas entonces, como un paseo por la calle en Kabul, o en una clase de ciencias en la Universidad de la capital afgana.

Estas fotos impactan realmente porque reflejan a la perfección la involución de este país desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. Y pueden considerarse una medida fiable de la situación aterradora de los derechos humanos en Afganistán. Y estas fotos cuentan muchas cosas también sobre el impacto intenso y el daño profundo que las religiones, y sus fundamentalismos políticos y religiosos, pueden provocar y provocan en las sociedades y en las personas.

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Confesionalismo en la Universidad

marzo 21, 2021

La ciencia y sus grandes hombres llevan muchos siglos mostrando y demostrando que las historias que cuentan las religiones son pura ficción

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Aula universitaria E.P. / Fuente foto

Coral Bravo, El Plural, 21 de marzo de 2021

Muchos de nosotros, a poco que hayamos asistido a las misas obligadas en nuestra infancia, por más que nos esforzáramos en querer entender las arengas dominicales a las que estábamos obligados, no entendíamos nada de nada. Al menos yo lo intenté con verdadero interés; porque era algo que tanto dirigía e impregnaba nuestras vidas que yo necesitaba entenderlo bien. Pero era inútil. No conseguía entender nada. En algún momento decidí que tenía que esperar a ser mayor para entender lo que me parecía entonces inentendible.

Pues bien, llegué a ser mayor y todas esas argumentaciones religiosas me parecieron mucho más incomprensibles aún. Y no es que me falten entendederas; humildemente creo que ése no es el caso, sino que, en realidad, los mensajes religiosos carecen de lógica porque están construidos en la fábula, el mito y el dogma, es decir, en la irracionalidad y la falsedad más perentorias. No es que lo diga yo, es que la ciencia y sus grandes hombres llevan muchos siglos mostrando y demostrando que las historias que cuentan las religiones son pura ficción.

Y, de tal manera, llegué a entender finalmente que la teología y la religión, alrededor de las cuales, lo queramos o no, en el fondo giran nuestras vidas, es pura parafernalia y pura palabrería; percibí muy bien que la teología es el arte de utilizar miles de palabras y de ideas vacías de contenido para, en realidad, no decir nada y dar la impresión de que lo dicen todo.

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