¿Cómo se celebra la Navidad en las escuelas de Europa? De prohibir los elementos religiosos a multar las «fiestas de invierno»

Francia prohíbe todo elemento religioso, mientras que Italia se propone sancionar a los centros educativos que cambien la Navidad por las llamadas «fiestas de invierno»

La escuela británica contemporiza tradición y diversidad. / Tolga Akmen / EFE
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Leticia Fuentes, Lucas Font, Gemma Casadevall, Irene Savio, El Periódico, 15 de diciembre de 2024

«Pastorets o barbàrie» fue la pintada que días atrás apareció en una escuela de Berga como crítica a la supresión de la tradicional función. La segunda parte del escrito –»el multiculturalismo es fascismo»– dejaba claro el pulso reaccionario de la protesta, pero también ponía el foco a un debate creciente –¿cómo celebrar la Navidad en unas clases cada vez más diversas?(1)que en Europa hace tiempo que empezó y que no cuenta con soluciones concluyentes.

Desde la prohibición en Francia de todo elemento religioso más fruto de su tradición laica que de su voluntad de integración hasta la voluntad de Giorgia Meloni, en Italia, de sancionar a las escuelas que cambien la Navidad por las llamadas «fiestas de invierno», explicamos cómo abordan el tema los principales países europeos.

Francia: árbol sí, Belén no (ni cualquier otro elemento religioso)

Francia mantiene unas estrictas normas sobre la laicidad en las aulas, y la Navidad no es una excepción. De esta manera, si una escuela pública francesa quiere celebrar estas fiestas debe asegurarse de que «no haya ningún símbolo, emblema o reconocimiento religioso”, tal como detalla la normativa educativa francesa. 

En el marco del festejo, los alumnos y profesores podrán instalar un árbol de Navidad, hablar sobre los regalos y las fiestas en familia, elaborar postales, cantar canciones o escribir la carta a Papá Noel. Sin embargo, en todas esas actividades no puede existir ningún signo religioso, como montar el Belén o cantar villancicos que hagan referencia al niño Jesús, la Sagrada Familia o a los ángeles. Tampoco se puede aprovechar la fiesta para hacer divulgación sobre la religión. Aun así, los profesores sí pueden explicar a sus alumnos el origen de la Navidad

Toda esta normativa detallada en el artículo 28 de la Constitución francesa tiene como objetivo garantizar la neutralidad de los edificios públicos respecto a cualquier religión. Precisamente, en los últimos años, el debate de la laicidad en las aulas ha generado importantes polémicas, en especial tras el endurecimiento de las normas contra la vestimenta y símbolos religiosos. En septiembre de 2023, el Ministerio de Educación prohibió acceder a los colegios con abaya, la túnica femenina tradicional musulmana que cubre desde los hombros hasta los pies. Años antes, el Gobierno ya había prohibido el hiyab (velo) o la kipá (pequeño gorro judío). 

Desde hace meses las autoridades francesas estudian la posibilidad de instaurar el uniforme en las escuelas públicas para erradicar los constantes problemas que tienen profesores y supervisores para controlar a los alumnos que se niegan a seguir las normas por seguir modas o por motivos religiosos. 

Reino Unido: relecturas criticadas por asociaciones de familias

La forma de celebrar la Navidad en los colegios es objeto de debate en el Reino Unido desde hace años. Algunas asociaciones de padres han criticado las adaptaciones que las escuelas de sus hijos han hecho de las representaciones navideñas para tratar de hacerlas más inclusivas, retirando el lado religioso y centrando las celebraciones en la parte social y familiar. Entre estas adaptaciones está la introducción de personajes como astronautas, futbolistas o incluso de Elvis Presley en las obras de teatro y en los conciertos de Navidad. Este tipo de controversias, sin embargo, son puntuales y no suponen un problema generalizado en el país.

No existe una normativa o legislación que obligue a los colegios a mantener el lado religioso de estas celebraciones, pero sí está permitido que los hijos no asistan. Lo más habitual es que los centros educativos organicen actividades especiales para celebrar las festividades religiosas de su alumnado, más allá de la Navidad, especialmente en las zonas con mayor multiculturalidad –entre ellas Londres–. Celebraciones como el Diwali hindú, el Janucá judío o la fiesta del fin del ayuno en Ramadán se han integrado en muchos colegios para respetar la libertad religiosa de los alumnos y para reforzar los lazos entre ellos.  

Italia: Meloni quiere imponer sanciones a escuelas que hablen de «fiesta de invierno» y no de «Navidad»

En Italia, la propuesta de adaptar la Navidad en los colegios a otras culturas es, desde hace muchos años, un tema que genera encendidas polémicas. Sin embargo, con la llegada del Gobierno de extrema derecha liderado por Giorgia Meloni, los espacios de debate se han restringido aún más.

Tanto es así que, actualmente, el Parlamento italiano está estudiando una propuesta presentada por algunos parlamentarios de la Liga y Hermanos de Italia (el partido de Meloni) que, en uno de sus puntos más destacados, establece sanciones para las instituciones escolares o universitarias que no celebren la Navidad de manera tradicional, es decir, en sintonía con las tradiciones de la fe católica.

La propuesta incluso contempla la prohibición de referirse a la Navidad con otros nombres, como «fiesta de invierno», ya que, según la mayoría gubernamental, esto contravendría las creencias de la población predominante en Italia.

Alemania: espíritu navideño sin connotación religiosa

En Alemania, con 83 millones de habitantes, la palabra ‘Weihnachten’ –Navidad– es omnipresente en estos días, tanto en la escuela pública o privada como en la actividad pública. Y eso que el porcentaje de cristianos, entre católicos y evangélicos, se sitúa en un 45 % de la población, superado por escaso margen por el de quienes se declaran aconfesionales, con un 46 %. El colectivo de musulmanes se sitúa en un 7 % y el tercer gran grupo, los judíos, por debajo del 1 %.

El llamado ‘espíritu navideño’ se vive más como tradición que por su carácter religioso. En las escuelas los niños amasan y hornean sus galletitas navideñas, cantan sus ‘weihnachtslieder’ o villancicos, adornan sus abetos y cuelgan en casa sus estrellas doradas en el balcón sin relacionarlo necesariamente con una religión concreta, sino con una época del año que culmina con sus vacaciones escolares. La tradición de los belenes, cuyas figuritas sí tienen una significación religiosa, no está tan extendida como en España, salvo en regiones mayoritariamente católicas, como Baviera. Y los ‘weihnachtsmärkte’, o mercadillos navideños, con un total de 3.500 en todo el país, son frecuentados por personas de cualquier confesión o aconfesionales.

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Un alumno catalán alimenta a un tió en el pasillo de la escuela, esta semana. / Jordi Cotrina
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(1) Más tió y menos belén: la escuela catalana debate cómo celebrar la Navidad en aulas cada vez más diversas, Helena López

Que en los claustros surjan preguntas que hagan replantear cómo hacer frente a realidades cambiantes debería ser leído como síntoma de buena salud; de un profesorado vivo y atento; así que el punto de partida es esperanzador. Cómo celebrar la Navidad en la escuela pública, laica, es una de las cuestiones que sobrevuelan las salas de profesores año tras año, con más o menos fuerza en función de la sensibilidad del profesorado. ¿Dónde dibujamos la frontera entre qué es cultura y qué religión? ¿Hasta dónde podemos ‘culturalizar’ la Navidad? ¿Cómo podemos usar la trasmisión de las tradiciones catalanas como elementos de acogida? Preguntas que no son nuevas, pero que en el contexto actual, en el que uno de cada cuatro alumnos tiene sus raíces fuera de Catalunya, cobran especial sentido.

A ojos de Mar Hurtado, presidenta de la Associació de Mestres Rosa Sensat, «lo más importante es ese trabajo de reflexión del claustro, en el que cada escuela decida qué es lo mejor para su comunidad». «La diversidad de culturas que acoge la escuela necesita ser visibilizada si queremos crear y consolidar vínculos con todas las familias; pero, a la vez, la cultura que acoge a estas otras es la catalana, y es la que debemos enseñar a todos los niños; porque la escuela es espacio de acogida y en ella se debe trabajar para que la cultura catalana sea patrimonio de todos los niños, hayan nacido donde hayan nacido», relata Hurtado, subrayando que habla «de cultura, no de religión». «En Navidad, nuestra tradición más popular es el tió«, reivindica.

Tras consultar con varias escuelas de composiciones socioculturales diferentes, hay una primera conclusión clara: el tió es sin duda el «elemento cohesionador» de la Navidad en la escuela catalana; el que permite trabajar la tradición de forma más cómoda para todos.

La segunda, en la que existe el mismo consenso, es que estos debates los plantean, la mayoría de veces, los propios claustros, no las familias. «Llevo años haciendo acompañamiento en escuelas y no me he encontrado jamás a familias de otras religiones que pidan que no se celebre la Navidad en la escuela, nunca; lo que sí he visto son familias ‘de aquí’ que no quieren por el carácter religioso de la celebración», señala Clara Fons, socióloga y directora de la Lalè, proyecto de asesoramiento sobre diversidad cultural y religiosa en la escuela.

«Si lo hablamos, todo es mucho más fácil, los problemas surgen cuando los temas se abordan desde la desinformación y el prejuicio», prosigue la socióloga, quien concluye que la Navidad, al final, tiene que servir para hacer vínculo con la comunidad. «Si eres una escuela con mucho alumnado musulmán, quizá es mejor no elegir una canción que diga que ‘Jesús es el hijo de Dios’. Hay que ajustarse a la realidad del colegio y, sobre todo, ir al simbolismo«, subraya Fons, quien recuerda que durante milenios las fiestas han servido para parar el ritmo de la vida cotidiana, romper con la rutina y establecer vínculos.

«La Navidad está vinculada al solsticio de invierno; somos sociedades simbólicas, y también celebramos el momento en el que la luz empieza a vencer a la oscuridad y los días vuelven a hacerse más largos», expone la socióloga. Ya lo dice el refrán: «Per Nadal, un pas de pardal; per sant Esteve, un pas de llebre».

En ese sentido, muchas escuelas han rebautizado la «decoración de Navidad» por «decoración de invierno». Sin cambiar nada, esta consiste en seguir llenando los pasillos de mulliditos muñecos de nieve de algodón. Y lo mismo con el concierto de Navidad, en el que los niños se ponen sus mejores galas y cantan villancicos: para muchas escuelas, esta celebración ha pasado a llamarse «concierto de invierno». «El motivo es incluir a todo el mundo, independientemente de su religión», explica la directora de una escuela pública que hizo el cambio, a petición del claustro, hace cuatro años. En esta escuela, por ejemplo, el alumnado que cursa la optativa de Religión católica –la única confesión que se imparte en el centro– hace un pesebre viviente en el patio y el resto –los de Ética– van a ver el trabajo de sus compañeros «como tradición».

El pesebre como excusa

El belén es seguramente el elemento que genera más dudas, donde es más difícil trazar esa línea entre la tradición y la religión y donde hay menos consenso, aunque algunas docentes laicas lo defienden como «una excusa para debatir, a partir de esa representación, como es esa realidad; como era entonces y cómo es ahora, incluso para hablar de Palestina» y subrayan que hacer el Belén es «una manifestación cultural supercreativa»

La cuestión está viva. Que los claustros se hagan preguntas no quiere decir que encuentren siempre respuestas, ni que estas sean acertadas ni que tampoco sean las mismas en cada escuela. «Tenemos que ser cuidadosos porque no es que se imponga nada, pero tampoco damos alternativa, por tanto, un poco sí lo estamos imponiendo si lo trabajamos en clase como única opción. Cuando en música preparamos el concierto de invierno, somos las maestras las que elegimos los villancicos y los niños cantan lo que les enseñamos«, reflexiona una docente de otra escuela, en la que apuestan por cantar canciones navideñas, pero menos connotadas religiosamente: de ‘la cançó del Trineu’ al himno infantil de ‘Les Tres Bessones’ o ‘joguines, com m’agraden les joguines’.

Desde el otro extremo de Barcelona, otro docente pone sobre la mesa que «el problema de los claustros es que muchas veces debatimos entre nosotros sin contar con la comunidad; no sabemos si realmente puede ofender o incomodar estar cantando un villancico, aunque no sea tu religión».

«Las tradiciones tienen que reflejar lo que es nuestra sociedad, y la Catalunya de 2024 no es la que era, y eso lo veo como una riqueza; pero sí me doy cuenta de que me es muy fácil conservar, defender y sumar a gente de otros orígenes a tradiciones que no tienen una base religiosa tan claraMucho mas fácil Sant Jordi, el Carnaval o la Castanyada que la Navidad«, se suma al debate una profesora de otro instituto de máxima complejidad, quien subraya que no es porque hoy en la escuela catalana haya críos con orígenes muy diversos y con otras creencias y religiones, sino porque le incomoda «la parte religiosa en la escuela».

«Hemos de caminar hacia una escuela lo más laica posible, que sea de todos; cuando llega el Ramadán se hace muy presente y lo comentamos y decimos cosas como ‘este día íbamos a traer un brownie, pero no, mejor esperemos a que haya acabado y así lo comemos todos’, y eso está muy bien; porque implica conocerse, cuidarse y respetarse, pero me pregunto por qué tiene que ser a través de la religión», reflexiona la docente, quien ve como una indiscutible riqueza sumar el críquet a la jornada deportiva de la escuela, pero le chirría todo lo que sea «meter más religión en el colegio».

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El tió de Nadal (del catalán, traducible como «tizón, tronco o leño de Navidad»), también conocido como tronca de Nadal o soca de Nadal, es un elemento de la costumbre catalana y aragonesa, y una tradición navideña asentada especialmente en Cataluña y Aragón. La variante más extendida consiste en tomar un tronco, leño o rama gruesa —normalmente al inicio del Adviento—, dejarle comida cada noche y taparlo con una manta para que no pase frío. Al llegar Nochebuena, los niños de la casa lo golpean con bastones mientras cantan, para que expulse regalos y dulces por debajo de la manta el 24 de diciembre. El extremo visible del tronco suele decorarse con barretina y una cara sonriente.

​Esta tradición tiene orígenes rurales, inicialmente relacionados con celebraciones del solsticio de invierno y la tradición precristiana del tronco de Navidad… [Wikipedia]

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