Inmatriculaciones de la iglesia: una cuestión de patrimonio · Esteban Moreno

julio 4, 2024

«Esteban Moreno, compañero de la Plataforma en Defensa del Patrimonio de Sevilla y vocal de defensa del patrimonio de la Asociación de Profesores «BenBaso» , escribe articulo en el boletín N* 33 de la citada asociación, donde explica con la maestría que le caracteriza, el génesis y proceso por el cual y en democracia la Iglesia católica se ha apoderado de más de 35.000 bienes, incluido el 80 % de nuestro patrimonio histórico», Plataforma de Defensa del Patrimonio de Sevilla

Fuente foto
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Fuente: Esteban Moreno, vía Plataforma en Defensa del Patrimonio de Sevilla-Facebook, 4 de julio de 2024

En los últimos años estamos asistiendo a un interesante debate en torno al proceso de bienes inmatriculados por la Iglesia católica y su repercusión sobre el patrimonio histórico y cultural de todos, un asunto que sin llegar a captar la atención de la mayor parte de la ciudadanía, sin embargo provoca encendidas polémicas entre quienes ven un abuso de poder y aquellos otros que denuncian un nuevo anticlericalismo.

Pero, ¿qué son las inmatriculaciones? Según el periodista especializado Jesús Bastante, “por inmatriculación se entiende la primera inscripción de una finca que no consta previamente inscrita de manera individual. Es decir, registrar un bien a nombre de alguien”, en este caso la Iglesia católica. Los orígenes de las inmatriculaciones eclesiásticas los encontramos en la Ley Hipotecaria de 1946, con la cual el régimen del general Franco trataba de enmendar cien años después las consecuencias de las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz en el siglo XIX. En concreto, el artículo 206 de la norma permitía a las diferentes administraciones del Estado y a la propia Iglesia católica certificar de manera gratuita la propiedad de un bien e inscribirlo en el Registro sin aportar la documentación exigible a otras personas o entidades, de modo que la palabra de un Obispo venía a equivaler a la del Notario.

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La Mártir Eulalia ingresa en el Hospital de Mérida

julio 4, 2024

De la ronda de la santa por un sistema de salud pública extremeño en permanente acoso no se esperan grandes milagros.

Fragmento del cartel anunciador de la visita de la Mártir al Hospital de Mérida
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Chema Álvarez Rodríguez, El Salto, 4 de julio de 2024

Según se desprende del cartel anunciador de la próxima actividad organizada por la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia de Mérida, consistente en una procesión del icono religioso y acólitos el próximo sábado 6 de julio por la barriada de Nueva Ciudad, con colofón sacro y parada en el Hospital de Mérida, donde “se rezará una oración por todos los enfermos”, cartel donde figura bien placentero el sello del SES, Servicio Extremeño de Salud, y del mismo Hospital, como patrocinador de tan pío acto, a partir de ahora quien sea diagnosticado o diagnosticada de enfermedad leve, grave o sin pronóstico deberá encomendarse al amparo de Dios y de sus santos varones o hembras, preferiblemente de la fe católica, apostólica y romana, dado que, a pesar de ser un lugar que se supone laico y entregado a una ciencia que ha superado hace ya tiempo el cultivo de la milagrería en la sanación de los enfermos, este hospital fomenta y prodiga los cultos a la Santa Madre Iglesia, como en tiempos de antaño, cuando la sanidad pública era tan mala que antes de entrar en un hospital era preferible decir aquello de “¡que Dios nos coja confesaos!”.

Sin ganas de ser aguafiestas y para darle cariz científico a este asunto, digno de rechifla en quien todavía sea capaz de distinguir entre ciencia y religión, cabe recordar el memorable experimento mencionado por el etólogo Richard Dawkins, el “otro” bulldog de Darwin, en su ensayo El espejismo de Dios. Dawkins contó que la Fundación norteamericana Templeton gastó 2,4 millones de dólares de sus propios fondos en el Gran Experimento de la Oración, consistente en poner a rezar a un grupo bastante numeroso de personas, verdaderos creyentes de tres congregaciones distintas (Minessota, Massachusetts y Missouri), por la sanación de 1.802 personas enfermas, distribuidas por seis hospitales, a quienes se les había practicado cirugía cardiaca e implantado un bypass.

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Vox, Yunque, HazteOír… Nacionalcatolicismo y cristoneofascismo, hoy en España · Juan José Tamayo

julio 4, 2024

Fascismo y religión son dos fenómenos que históricamente han mantenido una relación de complicidad que ha desembocado con frecuencia en sistemas dictatoriales

Una mujer con un rosario en las protestas contra el PSOE en la calle Ferraz / EFE
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Juan José Tamayo, Religión Digital, 4 de julio de 2024

Fascismo y religión son dos fenómenos que históricamente han mantenido una relación de complicidad que ha desembocado con frecuencia en sistemas dictatoriales, nacionalismos populistas de derecha y extrema derecha excluyentes y regímenes confesionales que niegan la libertad de conciencia, persiguen el librepensamiento y legitiman el patriarcado.

En España lo padecimos en carne propia durante la dictadura franquista en la modalidad del nacionalcatolicismo, que creíamos ingenuamente que había desaparecido con la transición política cuando todavía quedan restos del mismo en la vida política y en la propia Iglesia católica. Hoy resurge en la alianza entre Vox y organizaciones ultracatólicas como HazteOír, Infocatólica, Asociación de Abogados Cristianos, El Yunque, etc., que cuentan con el apoyo de un sector importante e influyente de la jerarquía católica, de algunos pastores evangélicos y con el silencio ¿cómplice? de los órganos representativos del episcopado español. Para identificar dicha alianza he creado el término “cristoneofascismo”, a partir del de “cristofascismo”, de Dorothee Sölle.

El término surgió durante el curso que dicté en agosto de 2019 en la Pontificia Universidad Católica de Paraná en la ciudad brasileña de Curitiba sobre “Teologías del Sur”. Un alumno pidió la palabra y dijo: “En la Iglesia nos prohíben hablar de política y Bolsonaro no hace más que hablar de teología”. Yo le pregunté: “Ah, ¿pero Bolsonaro es teólogo?». “No -respondió-, pero se pasa el día hablando de Dios, refiriéndose a él en sus discursos políticos, citando textos de la Biblia y pidiendo la bendición de los pastores evangélicos fundamentalistas de las megaiglesias brasileñas”. Mi respuesta espontánea: “Entonces podemos definir a Bolsonaro como el predicador y el teólogo del cristoneofascismo”. La clase prorrumpió en un prolongado y sonoro aplauso, lo que suponía la ratificación y el buen empleo de la palabra.   

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