…y si la República se pone frente a Dios, tanto peor para la República. (…) ¿Que la religión católica es enemiga del socialismo y del comunismo? ¡Naturalmente!
¿Cómo va a aceptar doctrinas bárbaras que tratan de volver al hombre civilizado a la época cuaternaria, que son opuestas a la naturaleza humana, a la razón, al buen sentido, que están plagadas de errores doctrinarios, económicos y jurídicos?
Anónimo, “Retablillos de los pueblos”,
La Unión, 2 de marzo de 1932, citado en F. Espinosa, Contra la República. Los «sucesos de Almonte» de 1932. Laicismo, integrismo católico y reforma agraria. Sevilla, Acongagua, 2012.

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Lucio Martínez Pereda, Conversación sobre Historia, 25 de marzo de 2024
La política religiosa de la Constitución de 1931 representó un punto medio entre «la aplicación de los principios liberales históricos y la decisión de tener a la Iglesia muy vigilada en vista del apoyo que había dado a la monarquía y la dictadura». Por injustamente que fuera tratada en ciertos campos de actividad, «la Iglesia no fue sometida a una “guerra implacable” que pudiese reducirle a la impotencia. Siguió siendo una institución formidable, (Callahan, William J., La Iglesia Católica en España (1875-2002), Crítica, Barcelona, 2003). Gracias a una extensa red de instituciones sectoriales vinculadas de una u otra forma con la Iglesia y a la larga experiencia de dinamización atesorada por la acción social católica, la Iglesia patrocinó una poderosa movilización en demanda de sus derechos, fomentando el victimismo, atizando la confrontación entre creyentes y no creyentes y elevando al rango de categoría cualquier enfrentamiento institucional con la República (González Calleja, Eduardo, Contrarrevolucionarios, Alianza Editorial, Madrid, 2011, pp. 35 y ss.)
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Posted by asturiaslaica 


















