Dios, patria y poder: El nacionalismo cristiano que busca conquistar Estados Unidos

marzo 12, 2025

Con el nuevo desembarco de Donald Trump en la casa Blanca, los nacionalistas cristianos creen que llegó el momento de «purificar» a Estados Unidos -extirpando, por ejemplo, la «ideología woke»- e implementar el «plan de dios» instaurando la prioridad de los valores cristianos -tal como ellos los conciben- en la política y el derecho. Un proyecto que encarna una fuerte amenaza para la democracia

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Antonella Marty, Nueva Sociedad, 12 de marzo de 2025

Desde su vuelta a la Casa Blanca, Donald Trump ha reafirmado su alianza con el nacionalismo cristiano blanco, otorgándole un acceso sin precedentes al poder del gobierno federal. Recientemente, nombró a la telepredicadora evangélica y exponente de la teología de la prosperidad estadounidense, Paula White, al frente de la recién creada White House Faith Office (Oficina de la Casa Blanca para la Fe), una agencia creada con el argumento de «fortalecer a las familias estadounidenses». En línea con esta agenda, anunció también la emisión de una orden ejecutiva para establecer un grupo de trabajo contra el «sesgo anticristiano», con el objetivo de perseguir una supuesta «violencia contra la comunidad cristiana».

Con un Partido Republicano bajo su control y una Corte Suprema de mayoría conservadora, Trump intensifica su retórica religiosa, con campañas en las que se lo ha visto rodeado de políticos y pastores que bajan la cabeza, colocan sus manos sobre él, cierran los ojos y le rezan cual mesías en un éxtasis narcisista, al tiempo que los llama «mis hermosos cristianos». En julio de 2024, Trump se dirigió a los cristianos a quienes les pidió el voto y les dijo: «En cuatro años no tendrán que votar de nuevo. Lo habremos solucionado tan bien que no tendrán que votar, mis hermosos cristianos».

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La religión de la extrema derecha española · Víctor Albert-Blanco

agosto 12, 2024

El partido Vox, nacido en 2013, moviliza diversos discursos asociados a la religión como parte de su retórica política. Pero estos funcionan principalmente como recursos identitarios y nacionalistas. De hecho, la práctica religiosa entre sus votantes es menor a la presente en la derecha tradicional del Partido Popular.

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Víctor Albert-Blanco, Nueva Sociedad, (vía Observatorio del Laicismo), 12 de agosto de 2024

Los recientes ciclos electorales han certificado el fin de la «excepción ibérica», que parecía proteger a España y Portugal del auge europeo de la extrema derecha1. El principio del fin de esta «excepción» se ha ido fraguando a lo largo de los últimos años. En España, las elecciones autonómicas de Andalucía, en 2018, marcaron un punto de inflexión en el panorama político: por primera vez desde la transición democrática, a finales de los años 70, un partido de extrema derecha obtenía escaños en un parlamento del país.

De esta manera, Vox entró en el sistema político español, al obtener 12 de los 109 escaños en juego en la región del sur de España. Este primer éxito permitió a la derecha, en su conjunto, desbancar al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) del gobierno regional que ostentaba desde la constitución de la comunidad autónoma, a principios de la década de 1980. Los diputados de Vox votaron a favor de la investidura del candidato del Partido Popular (PP) y contribuyeron así a desalojar a la izquierda de uno de sus bastiones históricos. Desde entonces, el avance electoral de la extrema derecha ha continuado en cada elección. Si bien en los últimos comicios celebrados en 2024 (elecciones gallegas, vascas, catalanas y europeas) Vox no ha experimentado un crecimiento significativo, tampoco ha perdido apoyos y se ha consolidado como un actor clave del sistema político español. De hecho, Vox formó parte o aportó apoyo externo a varios gobiernos regionales de la derecha.

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