Al presidente de la Junta General del Principado de Asturias · Luis Fernández

septiembre 7, 2025

Texto a partir del enviado esta semana a La Nueva España, aún por publicar, sobre la prevista presencia de Juan Cofiño en la misa de la festividad de la Virgen de Covadonga en la basílica

Juan Manuel Cofiño | Fuente foto
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Luis Fernández González, 7 de septiembre de 2025

El presidente de la Junta General del Principado, Juan Cofiño, ha confirmado su asistencia a la misa organizada por el Arzobispado con motivo de la festividad de la Virgen de Covadonga y justifica su presencia afirmando: «El arzobispo me ha invitado y considero que mi posición institucional requiere la presencia en Covadonga«.

Llama la atención esta postura actual por su contraposición con lo escrito por el mismo Cofiño, en carta enviada al arzobispo, al rechazar la invitación a asistir en 2024, haciendo referencia a la intervención de Sanz Montes ante sus seguidores en la misa en Covadonga de 2023, donde argumentaba:

«Escuché con atención su discurso, excelencia, y cuando abandonaba la Basílica me hice el propósito de no acudir más a la cita hasta tanto en cuanto no se produjera una rectificación por su parte –ni siquiera es preciso explicita– para despolitizar el acto»

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Cruces, placas y monumentos a los caídos: la Iglesia como refugio de la memoria franquista

septiembre 7, 2025

La institución religiosa conserva entre los muros de su patrimonio numerosos homenajes al bando golpista y a la dictadura

Cruz a los caídos en la Iglesia de San Juan Evangelista, en Sonseca (Toledo) | Óscar Rodríguez
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Inés García Rábade, Público, 7 de septiembre de 2025

Corría el 3 de agosto de 1936. Un caluroso día de verano. Todavía de madrugada, el zumbido de un avión que sobrevolaba la ciudad a baja altura despertó a los zaragozanos. Al aproximarse a la zona de la Basílica del Pilar, dejó caer hasta cuatro proyectiles. Cuatro bombas que, sin embargo, nunca explotaron. Una cayó sobre el Ebro; otra en mitad de la plaza. Las dos últimas hicieron diana en la iglesia, provocando algunos daños menores. La anécdota -cuya veracidad continúa discutiéndose- no pasaría desapercibida. El bando sublevado, acantonado en la ciudad, la convirtió enseguida en su munición moral. La virgen del Pilar les había salvado. Dios estaba de su parte. Con los buenos, la España católica.

Las bombas se recogieron y se exhibieron en el interior de la basílica[1]. Como trofeo de guerra y evidencia del milagro. «Por la virgen, por el Papa y por la Patria», reza la inscripción que las acompaña. Porque sí, casi 90 años después, ahí siguen. Expuestas a la vista de todos sus visitantes. Más de 4 millones a lo largo del año pasado, según las cifras oficiales de la diócesis de la capital aragonesa. ¿Son los únicos restos de la dictadura que quedan en edificios patrimonio de la Iglesia? ¿Se puede hablar de símbolos neutros, reflejo de una época, o se trata más bien de una forma de propaganda, de reforzar una narrativa muy concreta sobre la Guerra Civil y la dictadura?

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