Pensando con tranquilidad: sobre creencias y costumbres

julio 17, 2019

Es imprescindible diferenciar los acontecimientos sociales que son meras costumbres (comúnmente identificados como «hechos culturales») de aquellos que son sentidas manifestaciones públicas de creencias confesionales.

El Santo Encuentro representa un pasaje de la Biblia con la Virgen, la Verónica y San Juan, arropando a Cristo portando la cruz

Foto Ángel Manso

 

Luis Fernández González, presidente de Asturias Laica
Publicado en La Voz de Asturias, 17 de julio de 2019

A los laicistas, un principio irrenunciable de igualdad nos lleva a exigir la neutralidad del Estado frente a las diferentes creencias. Neutralidad que tiene como primer paso una nítida separación entre el Estado y las confesiones que tutelen esas creencias, es decir, las religiones. El objeto de esta neutralidad es preservar la libertad de conciencia de todas y todos. El Estado (el conjunto de los servidores públicos) no puede dar prioridad a ninguna creencia, no puede tener ninguna como «verdadera», su responsabilidad es la de generar y cuidar un espacio donde todas (las presentes y las posibles) tengan cabida y libertad de expresión. Su obligación es crear un marco exterior a, e independiente de, todas ellas.

La aplicación práctica de esta separación plantea la necesidad de identificar aquellos actos que sean expresión de cada una de esas creencias. Y para ello es imprescindible diferenciar los acontecimientos sociales que son meras costumbres (comúnmente identificados como «hechos culturales») de aquellos que son sentidas manifestaciones públicas de creencias confesionales.

Con el avance de los conocimientos de la humanidad sobre el universo donde habita, los diferentes conjuntos de creencias y explicaciones han tenido que ir modificando sus interpretaciones tanto sobre los fenómenos de ese universo habitado como de las causas y razones de las sociedades humanas que lo ocupan (en equilibrio con otras muchas formas de vida), e incluso, sobre las propias formas de conocer y construir esas explicaciones. Son muy ilustrativos los innumerables estudios históricos, sociológicos, antropológicos, biológicos, paleontológicos, neurocientíficos, etc. que jalonan la historia del pensamiento humano.

En un momento dado, el conjunto de creencias que caracteriza a un grupo social tiene su expresión más general a través del correspondiente conjunto de ritos o manifestaciones colectivas. Muchos de los adscritos a cada confesión la identifican a través de estas acciones sin profundizar en las explicaciones y justificaciones que están tras de ellas. Con el avance del conocimiento pierden sentido las justificaciones argumentales de los hechos y quedan los ritos como meras «expresiones culturales». Poco a poco lo que fueron manifestaciones fervorosas de una creencia se convierten en costumbres sin más fundamento que su repetición y que se amparan bajo el identificativo genérico de «tradiciones». Tradiciones que en sí mismas no tienen más justificación que el haberse repetido en el transcurso del tiempo (se jerarquizan por su antigüedad) sin resultado alguno que las ratifique. Lee el resto de esta entrada »