La blasfemia, el fanatismo y Salman Rusdhie, por Antonio Gómez Movellán

agosto 19, 2022

La persecución de la blasfemia tiene, en el mundo en que vivimos, un uso político. Por un lado, se pretende justificar un supuesto anti imperialismo en un fanatismo religioso y por otro se pretende también justificar un control imperial en una falsa superioridad cristiano occidental contra el atraso de otras “civilizaciones” y sus religiones.

Antonio Gómez Movellán, Nueva Revolución, 19 de agosto de 2022

Fanático deriva de la palabra latina fanum que significa “templo”; los fanáticos eran los adeptos al templo; los pro-fanos serían los que están delante o fuera del templo, los no consagrados. En general todas las religiones clericales son fanáticas y las que se pretenden más universales más fanáticas son.

A raíz de la fatwa contra Salman Rusdhie, en 1989, la mayoría de los líderes religiosos del mundo justificaron, de una u otra forma, el fanatismo y apoyaron que se reforzaran los delitos de blasfemia o de ofensa a los sentimientos religiosos ante las manifestaciones críticas a la religión o su simbolismo.

El Vaticano hizo declaraciones públicas calificando como blasfemo el libro “Los Versos satánicos” y justificando la reacción airada de millones de musulmanes:

”El mismo apego a nuestra propia fe nos induce a deplorar lo que es irreverente y blasfemo en el contenido del libro de Salman Rusdhie”, se escribió, en 1989, en el Observatorio Romano.

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La fatua contra Salman Rushdi no fue por ‘Los Versículos Satánicos’, por Nazanín Armanian

agosto 17, 2022

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El escritor Salman Rushdie, en Londres, en una foto de octubre de 2010 / REUTERS/Andrew Winning

Nazanín Armanian, Público, 17 de agosto de 2022

¿Qué ideología lleva a una persona a mandar a muerte a un escritor, y más si es un ciudadano extranjero y está a miles de kilómetros y no le representa ninguna amenaza, y más si le acusa de blasfemia sin haber leído sus libros, para empezar, porque están en lenguas que desconoce?

Uno de los rasgos de los dirigentes de la República Islámica (RI) es identificarse con el islam (religión nacida para guiar a los árabes, como afirma el propio Corán), y no con Irán, su cultura y literatura, a las que detesta por cuestionar, desde hace milenios, a los autodenominados «representantes de Dios en la tierra» y blasfemar sobre lo que ellos cuentan de ésta y la «otra vida». Es imposible encontrar un libro relevante de la literatura persa que no se haya mofado de los mullas, presentándoles como pandilla de hipócritas y timadores que viven del cuento, se aprovechan de los miedos y manipulan las emociones de los más ingenuos, anulándoles la razón en el nombre del Todopoderoso para banalizar la crueldad  a beneficio propio. Poesías de Omar Jayyam (s. X), Hafez  (s. XIV), Eshghi o Ghazvini (s. XIX) advierten de la falta absoluta de moralidad y ética entre la mayoría de los hombres y mujeres que se ocultan bajo la sotana:

Un beato le dijo cierta vez a una hetaira:
«En los brazos de todos, te abandonas borracha».
«Oh beato: es verdad lo que tu boca dice,
¿pero acaso eres tú igual que te declaras?»

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Nuestra caricatura trágica en Afganistán

agosto 21, 2021

Por Enrique del Teso

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Vista satélite del aeropuerto de Kabul que vive una situación caótica desde la llegada de los talibán MAXAR TECHNOLOGIES | Reuters

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Enrique del Teso, La Voz de Asturias, 21 de agosto de 2021

La de Afganistán no es la única tragedia del mundo y tampoco sé si la más cruel. Pero es una tragedia que parece mirarnos fijamente, como si quisiera decirnos algo. La vuelta de los talibanes tiene algo de retrato de Dorian Gray de Occidente y algo de caricatura, de exageración grotesca de rasgos de nuestra vida pública. Ese dibujo nuestro distorsionado tiene todo lo necesario para hacer gracia, si no fueran obligadas algunas de las emociones que Bergson decía que bloqueaban la risa: dolor, compasión, culpa, ira.

Los humanos tenemos un arsenal de señales no verbales más exuberante que otros primates. Comunicamos con mucho matiz nuestros estados emocionales. Comunicar una emoción es anunciar la conducta que se puede esperar de nosotros e inducir la conducta deseada en el receptor. Cuando mostramos tristeza, inconscientemente nuestros contertulios nos infantilizan y se abstienen de plantearnos cosas complejas, porque ya les anunciamos que no estamos para esfuerzos mentales. Cuando mostramos enfado, los demás nos hablan con frases cortas y evitan las bromas.

Pasamos el tiempo callando, ocultando, fingiendo o decidiendo la situación propicia para decir algo según ese juego de señales anunciadoras de conducta esperable y conducta deseada. Somos actores cualificados. Goffman describió nuestra conducta no verbal imaginándonos siempre en una representación teatral desempeñando distintos papeles. Parece un juego de fingidores, pero así regulamos nuestra vida social. La manipulación maligna interesada no es más que una ampliación hostil de esa condición nuestra. Y la política la amplía hasta límites antipáticos. El sentido de la oportunidad, la impostura, el engaño interesado, benignos tantas veces en nuestra convivencia familiar o social, se apoderan de tal manera de las artes políticas que demasiadas veces la política se  reduce a eso. Por supuesto, en unos más que en otros. Quien pretende lo que perjudica a la mayoría tiene que actuar y mentir más.

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