«Abusos, seminarios, inmatriculaciones, comunicación… las ‘asignaturas suspendidas’ de la Iglesia española en 2022». Balance de Jesús Bastante

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Sánchez y Omella, en Añastro
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Jesús Bastante, Religión Digital, 2 de enero de 2023

2022 arrancó como terminó 2021: con los obispos visitando al Papa. Y ofreciendo una falsa imagen de unidad y de ‘todo va bien’… que apenas duró unos días. Del ‘la Iglesia no va a hacer una investigación sobre abusos’ afirmada día y noche por el entonces portavoz Argüello, al anuncio de una investigación, encargada al bufete Cremades y Calvo Sotelo. Opus Dei al mando. Credibilidad bajo mínimos, al menos bajo el criterio de las víctimas, el único importante.

La sociedad reaccionó, y el Congreso aprobó una encomienda al Defensor del Pueblo, además de sucesivos informes de Fiscalía, y peticiones a las diócesis que, a día de hoy, no han obtenido respuesta. Como tampoco, salvo honrosas excepciones, a las denuncias planteadas por la investigación de El País. Una nueva oportunidad perdida. Y una nueva llamada de atención del Papa, que ha ordenado reabrir dos casos de abusos cerrados en falso por la Iglesia patria: el más polémico, el del ‘caso Gaztelueta’ (el Opus, siempre presente), y otro, referente a un franciscano radicado en Navarra y cuyo juicio lleva, en absoluto secreto, el Tribunal de la Rota romana. 

Y es que 2022 volvió a ser el año en que los obispos españoles tiraron ‘al palo’ en su lucha contra los abusos. Una asignatura, más que pendiente, suspendida. Veremos qué nos depara 2023, con la vista puesta en los informes que, antes de junio, habrá de presentar Cremades, y el de Ángel Gabilondo.

No solo de abusos vive la Iglesia española, por fortuna. También ha habido mejoras en cuestiones prioritarias en las relaciones Iglesia-Estado, como las inmatriculaciones (pese a que los obispos no perdonaron a Pedro Sánchez las filtraciones a varios medios sobre el informe cuando el presidente del Gobierno aún no había abandonado la calle Añastro, en la primera ocasión que un jefe de Ejecutivo visitaba la Casa de la Iglesia), y avances significativos en la nueva fiscalidad, a falta de una ocasión propicia para hacer el anuncio.

De momento, y a falta del avance del clima preelectoral, no asoma la revisión de los Acuerdos Iglesia-Estado, aunque ya hay camino más que avanzado por ambas partes para ello, llegado el caso.

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Investigación a los seminarios

Los ‘dineros’ de la Iglesia seguían marcando récords, igual que la crisis vocacional, que ha llevado a Roma a encargar una investigación sobre los seminarios españoles. Aunque, por saber, no sepamos los datos concretos de cada seminario. La comunicación, otra asignatura suspendida por un episcopado que, en noviembre, y después del anuncio en exclusiva de RD, cambió de rostro, con la designación de César García Magán como sustituto de Luis Argüello, nombrado arzobispo de Valladolid y que optó por abandonar, por el momento, la calle Añastro. Quién sabe si regresará, en 2024, como presidente.

Despedidas y oportunidades

Un año que trajo consigo los relevos de dos cardenales: Ricardo Blázquez (en Valladolid) y Antonio Cañizares (Valencia), sustituidos por dos de los que pueden ser cabezas de la Iglesia en los próximos años (con permiso de Iceta, Saiz Meneses o Joseba Segura), Luis Argüello y Enrique Benavent. Y que deja pendiente la renovación en al menos una quincena de diócesis. Munilla voló de San Sebastián a Orihuela-Alicante, y Reig Plá cayó en un profundo silencio. En las últimas horas de 2022, también, Adolfo González Montes se retiró de Almería, y Javier Martínez apura sus últimos sorbos en Granada. Y es que las cosas cambian, poquito a poco.

En lo cultural, vivimos el cierre del primer Año Xacobeo doble de la historia, que dejó atrás, esperemos que definitivamente, la pandemia, y los 800 años de la catedral de Burgos. El Vía Crucis de Toño Casado, presentado en la mezquita de Córdoba y la catedral de Madrid, ‘amenaza’ con convertirse en el gran referente cultural de la Iglesia abierta de los próximos meses. Al tiempo.

En cuanto a los trabajos sinodales, pocas novedades. Un loable esfuerzo por parte de los responsables del camino sinodal español, y pocos frutos. Una conclusiones convenientemente afeitadas y la sensación de que el ‘santo pueblo de Dios’ tiene menos voz en España que en otras latitudes. Mucho por hacer en un año que, para la Iglesia española, solo podría calificarse, en el mejor de los casos, como de ‘transición’. Y de oportunidades perdidas. Ojalá 2023 nos traiga otros frutos.

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