Agua va

Bien está que desaparezcan ciertos usos que no pintan nada en las prácticas municipales

“Bendición de las aguas” 2016, con presencia de Sanz Montes / Foto La Nueva España

Alejandro Ortea, La Nueva España, 20 de junio de 2019

La alcaldesa que acabamos de estrenar en esta nuestra querida villa marinera se abstendrá, junto al equipo de gobierno, de asistir a la misa de San Pedro y posterior bendición de las aguas. Bien está que el ayuntamiento se desprenda de ciertas adherencias que no vienen a cuento en una institución laica y aconfesional; lo contrario es una mistificación de la actividad política representativa, al menos en entidades democráticas en España y con nuestra Constitución vigente. Llama la atención de cura de San Pedro por contar en tal acto al alcalde del pueblo, pero contra el vicio de pedir está la virtud de no dar. Ya está bien que se le consienta, en aras del consentimiento a las libertades de expresión y culto que se le permita realizar en plena calle sus ritos y pases mágicos.

Ahora, queda el segundo paso: mover del calendario festivo la fiesta de San Pedro y colocarla en una fecha más popular y, ¿por qué no? Tan cercana como la de San Juan que en la madrugada del 24 de junio es tan celebrada por multitud de conciudadanos. ¿Tanta importancia tendrá para el beaterío militante el desplazamiento de fechas? A fin de cuentas, San Pedro ha poco que es considerada día de asueto local. Habrá que considerarlo para el año que viene. Y si el cura de San Pedro quiere salir revestido con sus galas a tirar una pileta de agua al pedrero cercano, que lo haga y que procure no entorpecer mucho el paseo de los pacíficos viandantes.

Y, con esto, nuestras felicitaciones al grupo que durante los últimos años se acercaba con sus carteles a las cercanías del evento -justo hasta la línea trazada por las fuerzas del orden- para protestar por la asistencia oficial de la representación municipal a misa y bendición de las aguas. Este año, un problema ético y estético menos.

Puesto en su sitio el remojón de las piedras bajo el Campo Valdés nos quedan los aviones: a ver si el nuevo gobierno municipal se percata de que la exhibición de máquinas de guerra, de las que sirven para matar, no deben formar parte de un regocijo público. Bien está que se nos muestre cómo hay aviones y helicópteros para apagar fuegos o rescatar a personas, pongamos por caso, pero no a los que son susceptibles de lanzar misiles y otros peligrosos instrumentos letales. El festival aéreo tiene aristas y quien lo sufraga de forma importante y pone playa y calles debe acotar contenidos. Que salgan antiguos cacharros de museo o las atrevidas cabriolas de la Patrulla Águila o similares de otras naciones puede ser un espectáculo entretenido como otro cualquiera y animar la hora del vermut; pero pare usted de contar. Esos detalles son importantes y decisiones rápidas, de las que se ven pronto, califican desde el principio el resto de lo que puede ser el relato de todo un mandato. Lo que venga después del verano y que ha de ser preparado durante unos meses con poca vacación son los asuntos sociales y de la educación de cara al nuevo curso. Lo de ir de charla, café y pinchos con las asociaciones de vecinos, no elegidas por nadie salvo por ellos mismos, son cuestiones que a la inmensa mayoría le trae sin cuidado. Atenderlas más de lo que merecen es una pérdida de tiempo y un engañabobos.

 

Alejandro Ortea
Imagen vía Twitter @AOrteaR

 

 

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