Hambre por Dios, por Najat el Hachmi

abril 15, 2022

Hay algo alienante en un sacrificio tan duro como el Ramadán, aunque es difícil admitirlo por su enorme carga emocional. Es también parte de la memoria familiar, pero me pregunto si no podríamos buscar rituales menos drásticos.

Una familia musulmana cena durante el Ramadán en Barcelona / GIANLUCA BATTISTA

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Najat el Hachmi, El País, 15 de abril de 2022

Cuando llega la hora del iftar, la de la ruptura del ayuno por Ramadán, hay que ir con mucho cuidado porque es la más tensa del día. Hay que recordar que es el momento en el que los creyentes llevan más horas sin comer, sin beber y algo que suele crispar mucho los nervios: sin fumar. Por eso en las casas se hace un silencio sepulcral, con los platos llenos de humeanteharira y la mesa llena de deliciosos manjares, todos atentos al reloj como esperando el pistoletazo de salida de una carrera. En casa teníamos una tabla colgada en la cocina con la hora exacta en la que salía y se ponía el Sol. También contenía la de los rezos, pero la que teníamos marcada con fluorescente era la del momento de ponerse el Sol, cuando, por fin, podríamos recuperar el aliento y la claridad mental volviendo a comer y beber. Por todo esto, ningún musulmán mínimamente sensato dejaría una conversación difícil, como la del otro día de Pedro Sánchez con Mohamed VI, para el momento deliftar.

No hay forma más eficaz de obsesionarse con la comida y el agua que prohibiéndolos. Ni que sea unas horas. Recuerdo madrugar para comer estofados de ternera con verduras y volver a dormir. Luego estar todo el día con la boca seca, deseando que acabara pronto el día, a veces enjuagándome con un poco de agua. Si estaba ocupada en cosas, el tiempo pasaba volando, pero las tardes de los fines de semana con el aroma de laharira estimulando los jugos gástricos de un estómago vacío se hacían interminables. Después de probar algunos bocados, empezaban los retortijones. Cualquiera que tenga cierta predisposición a la bulimia o la anorexia tiene en el Ramadán un perfecto detonante. Y es la prueba de que el ayuno intermitente no funciona: muchos musulmanes ganan tantos kilos durante el mes sagrado como en Navidad quienes la celebran.

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Najat el Hachmi: “Tiré el velo a la basura porque anulaba mi identidad”

marzo 25, 2022

La ganadora de Premio Nadal en 2021 narra las dificultades que padeció cuando emigró a España con ocho años: desde la xenofobia hasta el machismo que le negaba dedicarse a su vocación de escritora

Najat el Hachmi / «Mujeres y viajera»s, El País

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J.N. El País -«Mujeres y viajeras»- / vía Observatorio del Laicismo, 25 de marzo de 2022

Para la escritora Najat el Hachmi (Nador, Marruecos, 1979) el tren representa la idea de libertad. Aún recuerda su primer viaje. Tenía ocho años y se dirigía a Vic desde Barcelona. Era tramo corto, el último, de un viaje como inmigrante junto a su familia que comenzó unos días antes en su pueblo natal. “Pasamos la noche en un ferri, después en autocar desde Málaga hasta Barcelona y de Barcelona el último trayecto fue en tren. Era como ir a una vida completamente nueva. Ese viaje fue como nacer otra vez. Nuestras vidas cambiaron completamente”, narra El Hachmi a la periodista Joana Bonet durante esta videoentrevista a bordo de un tren. En ese nuevo hogar, la escritura fue sus alas para seguir viajando y un instrumento para entender los problemas a los que tenía que enfrentare por ser mujer e inmigrante. Vocación que la llevó a convertirse en novelista y a ganar el Premio Ramon Llull de novela en 2008, el Sant Joan de Narrativa en 2015 y el Nadal el año pasado.

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Najat El Hachmi: el feminismo sin laicidad no parece posible

octubre 8, 2021

Najat El Hachmi participó, por videoconferencia, en la primera sesión de la ‘Cátedra del Instituto Cervantes de Rabat. El islam y las mujeres: discursos, contra discursos y prácticas’, celebrada en el auditorio del Instituto Cervantes de Rabat

Fuente Imagen, Observatorio del Laicismo

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Swissinfo, Vía Observatorio del laicismo, 8 de octubre de 2021

La escritora hispanomarroquí Najat El Hachmi, ganadora del Premio Nadal 2021, duda de la posibilidad de llegar a la igualdad de género en el mundo musulmán sin que sus estados se desvinculen de la religión y considera que el feminismo islámico solo es otra cara del machismo.

La autora de «El último patriarca» y «El lunes nos querrán», nacida en Marruecos, desde donde se trasladó a España con 8 años, participó en un debate celebrado en el Instituto Cervantes de Rabat dedicado al islam y las mujeres.

Hachmi, que cursó sus estudios universitarios en Barcelona, opinó que en el feminismo islámico no se cuestionan temáticas consideradas básicas para la libertad de las mujeres como la poligamia, la herencia igualitaria y la libertad sexual.

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Najat el Hachmi: “Un velo es una prisión ambulante”. Entrevista

agosto 20, 2021

La escritora española de origen marroquí creció en un ambiente donde las normas estrictas del islam para las mujeres no casaban con la libertad que aprendía en la escuela, observaba en la calle o veía televisión

Jesús Ruiz Mantilla, El País, 20 de agosto de 2021

No se habla con su padre y cree que si su madre pudiera leer sus libros, la entendería. Najat el Hachmi (Nador, Marruecos, 42 años) llegó a España con ocho años. Creció en Vic dentro de un ambiente donde las normas estrictas del islam para las mujeres no casaban con la libertad que aprendía en la escuela, observaba en la calle o veía la televisión. Ha ganado el Premio Nadal con El lunes nos querrán y no tiene miedo.

Pregunta. ¿Cuántas veces ha tenido que escuchar: “Puta mora, vete a tu país”? ¿Cómo se encaja eso?

Respuesta. De pequeña era ya rebelde, pero con causa. Me rebelaba contra la desigualdad y la injusticia. La rebeldía era un sentido común. Me parecía absurdo que me señalaran por venir de otro país. La escritura me ha servido para curar heridas y sobrevivir.

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