Najat el Hachmi: “Tiré el velo a la basura porque anulaba mi identidad”

La ganadora de Premio Nadal en 2021 narra las dificultades que padeció cuando emigró a España con ocho años: desde la xenofobia hasta el machismo que le negaba dedicarse a su vocación de escritora

Najat el Hachmi / «Mujeres y viajera»s, El País

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J.N. El País -«Mujeres y viajeras»- / vía Observatorio del Laicismo, 25 de marzo de 2022

Para la escritora Najat el Hachmi (Nador, Marruecos, 1979) el tren representa la idea de libertad. Aún recuerda su primer viaje. Tenía ocho años y se dirigía a Vic desde Barcelona. Era tramo corto, el último, de un viaje como inmigrante junto a su familia que comenzó unos días antes en su pueblo natal. “Pasamos la noche en un ferri, después en autocar desde Málaga hasta Barcelona y de Barcelona el último trayecto fue en tren. Era como ir a una vida completamente nueva. Ese viaje fue como nacer otra vez. Nuestras vidas cambiaron completamente”, narra El Hachmi a la periodista Joana Bonet durante esta videoentrevista a bordo de un tren. En ese nuevo hogar, la escritura fue sus alas para seguir viajando y un instrumento para entender los problemas a los que tenía que enfrentare por ser mujer e inmigrante. Vocación que la llevó a convertirse en novelista y a ganar el Premio Ramon Llull de novela en 2008, el Sant Joan de Narrativa en 2015 y el Nadal el año pasado.

El Hachmi explica que sus primeros años en Vic no fueron fáciles. Desde muy pronto sufrió la xenofobia y las agresiones verbales de algunos de sus compañeros de clase y vecinos. “No es solamente el ‘mora de mierda’, sino también el ‘esto no lo puedes hacer porque eres una mora de mierda’ o ‘¿cómo vas a ser escritora si eres una ‘mora de mierda?”, cuenta. También padeció la falta de recursos, una situación que hoy por hoy, opina, es la más estigmatizada en la sociedad. “La pobreza no la tolera nadie”, dice.

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A esta exclusión se le sumó el hecho de ser mujer en una cultura donde no estaba bien visto su empoderamiento. Acabó revelándose. “No quemé el velo porque como todos están hechos de poliéster, huele fatal cuando lo quemas. Pero sí que tiré todos a la basura cuando dejé de llevarlo. El velo era una anulación de mi propia identidad. Me sentía como humillada. Era la sensación de haber acabado en esa situación de sometimiento. Porque al final, estás cumpliendo una normal patriarcal que dice que las mujeres nos tenemos que vestir de una manera por ser mujeres, mientras que los hombres no importa cómo se vistan o dejen de vestir”, subraya.

Para la escritora todavía está pendiente el surgimiento de una revolución sexual que “desmonte la trampa de la anterior” en la que, dice, solo los hombres consiguieron beneficiarse de ella y a las mujeres se las convirtió en objetos. “Mientras exista esa dinámica de desigualdad, esas relaciones de poder dentro de la sexualidad y las mujeres sigamos convertidas en objetos, no habrá libertad sexual para todos”, afirma.

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