Hacia un municipalismo laico · Ximo Estal Lizondo

diciembre 14, 2025

El laicismo exige de las administraciones públicas respetar la separación entre el ámbito de lo público y el ámbito de lo privado, entre las Iglesias y el Estado

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Ximo Estal Lizondo, Nueva Tribuna, 14 de diciembre de 2025

La laicidad en un municipio es un principio de convivencia democrática que garantiza el derecho a la Libertad de Conciencia, a la Libertad de Pensamiento, Expresión, Opinión e Información, así como la Igualdad de derechos ante la Ley, sin que quepa discriminación ni privilegios por razón de conciencia.

El laicismo exige de las administraciones públicas, en todos los niveles del Estado, y, cómo no, también en todos los municipios de nuestro país, respetar la separación entre el ámbito de lo público y el ámbito de lo privado, entre las Iglesias y el Estado, a la vez que exige la estricta neutralidad de trato del Estado respecto a cualquier creencia o convicción de carácter particular, administrando valores universales válidos para el conjunto y no solo para una parte.

La situación actual en nuestro país muestra claros incumplimientos y carencias en la legislación, normas y comportamientos por parte de las instituciones, funcionarios y cargos públicos respecto al mandato constitucional del artículo 16 CE: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, siendo necesario acometer cambios reales en favor de la laicidad para tener una democracia plena.

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¿Municipios por la tolerancia o municipios laicos? por Antonio Gómez Movellán

mayo 21, 2021
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Carmen Calvo / Fuente foto

Antonio Gómez Movellán, Observatorio del laicismo, 21 de mayo de 2021

Recientemente, de la mano de la muy católica  y jesuita Universidad de Deusto y haciendo de maestra de ceremonias la Vicepresidenta Sra. Calvo,  se ha presentado, por parte del Fundación Pluralismo y Convivencia (la Fundación constituida por el Estado para financiar a las religiones minoritarias) y por la Federación de Municipios y Provincias  la denominada red de ”Municipios por la tolerancia y la diversidad religiosa”, un tinglado que lo que pretende es ayudar a los municipios a “gestionar la diversidad religiosa”,  como si el Estado o lo poderes públicos  debieran de ocupar de esa gestión. España- como decía el inolvidable Gonzalo Puente Ojea-  es un Estado criptoconfesional católico y lo es porque la Iglesia católica tiene muchísimos privilegiossimilar a una iglesia oficial de Estado, y que la asociación Europa Laica ha cifrado los mismos en 11.000 millones de euros anuales.

En efecto, ni constitucionalmente ni en la realidad, el Estado español es aconfesional ya que la Constitución obliga, pese a existir una proclamación de aconfesionalidad, a todas las administraciones a colaborar con la iglesia católica y, además, el vergonzoso concordato de 1979 ha consolidado un sistema de relaciones iglesia- Estado amarrado a un pseudo Estado internacional que, además, consolida privilegios no compatibles con muchos principios constitucionales.

Ahora se quiere hacer creer que la tolerancia- un concepto más propio de la Edad moderna que de nuestro tiempo- es ayudar a las religiones para promocionarlas en los municipios. Pero ¿por qué se utiliza el termino tolerancia?  Al ser nuestro país un estado criptoconfesional católico lo que se pretende es que las religiones minoritarias y sus organizaciones religiosas, especialmente las federaciones evangélicas e islámicas pasen a tener más espacio en la esfera pública, por eso la palabra “tolerancia”. Antes había café para una sola religión ahora se pretende para todas las religiones. De hecho, muchos de los privilegios de la iglesia católica fueron extendidos a las organizaciones de las religiones minoritarias a través de los denominados Acuerdos de Cooperación del año 1992, a la manera de mini concordatos. De tal forma que si el Estado, por ejemplo, se obliga a ofertar la catequesis católica en todo el sistema educativo (18.000 “profesores “de religión católica y cerca de 700 millones de euros anuales) ahora ya se extiende esta obligación a otras religiones minoritarias. Pero eso no es gestionar la diversidad sino reforzar un multiconfesionalismo estatal ajeno absolutamente al laicismo y la libertad de conciencia ya que fomentar el adoctrinamiento religioso entre los menores – y además con fondos públicos- es un atentado de primer orden a la libertad de conciencia de las personas y por supuesto a la neutralidad confesional que deberían guardar las instituciones públicas.

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