En algún momento cantan «soy un novio de la Muerte», «un», no «el»; se ve que ella mantiene relaciones abiertas, pero dicen asimismo que es «leal», de modo que son relaciones consentidas por todas las partes

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Juan Antonio Aguilera Mochón, Nueva Tribuna, 9 de abril de 2026
Cuando desperté, la Legión todavía estaba allí.
En la tele. Durante horas. Ahora los soldados llevaban, brazos y mentones en alto, al Cristo de la Buena Muerte, sin duda un guiño en defensa del derecho a la eutanasia y a la muerte digna en general. También lo llamaban en la tele el Cristo de Mena, seguro que otro gesto progresista, en este caso a favor de los menores extranjeros no acompañados.
Unas horas antes me había dormido –tras pasar una noche regulera por la literalmente conmovedora música cofrade–, viendo en la misma TVE o en la pública andaluza Canal Cofrade –también llamada Canal Sur– el espectáculo de la Legión desembarcando en Málaga para trasladar a ese Cristo a 160-180 pulsaciones por minuto, o algo así. No veía esos saltitos rápidos y en fila desde que, de pequeño, el profe falangista de gimnasia nos decía «¡marquen puntas!». Emociona ver cómo algunos a quienes la camisa se les ha quedado estrecha –y no siempre a la altura del pecho– llevan el ritmo sin importarles la taquicardia. Son tan machos –y algunas, tan hembras– que he propuesto que el año que viene no porten ese crucifijo tan llevadero, sino la Cruz de Cuelgamuros hasta su barco, con todo lo que esto resignificaría.
Sé que los militares también creen en la Virgen, en muchas Vírgenes y muy Vírgenes. Por un sagrado Desdoblamiento Clonal, podría ser en este caso. Miles de Vírgenes que son la misma pero no lo son
En algún momento cantan «soy un novio de la Muerte», «un», no «el»; se ve que ella mantiene relaciones abiertas, pero dicen asimismo que es «leal», de modo que son relaciones consentidas por todas las partes. ¡Qué gente tan progre! Y es que resulta que la Legión la fundó un personaje, José Millán-Astray, que sería muy facha y antiintelectual, pero podría haber inspirado a los Monty Python para su Caballero Negro, ese al que le cortan brazos y piernas y, militarado, sigue tan echao palante; pues Millán era como ese, pero con bigotito, parche en un ojo, y fraternidad con Francisco Franco. Así que los legionarios también deben de luchar por los derechos de las personas con discapacidades físicas y mentales, con un par –o, si nos acordamos de FF, con la mitad de un par–.
Qué hermosa coincidencia la del gusto de la Legión por la Señora Muerte con el macabro placer por la imaginería de la tortura y la ejecución en la Semana Santa, aunque aquí se trate finalmente de un muerto (re)viviente.
Sigo escuchando en la tele que una imagen de aquel Cristo –el del Evangelio, no lo que estaba hecho el fundador de la Legión–, o Cristo en persona personalmente (pues con la sagrada Transubstanciación, perfectamente podría ser), está en todos los cuarteles de la Legión. De modo que los cuarteles creen en Dios más que los cipreses, que serán muy enhiestos, pero, más que de la fe verdadera, lo que saben es surtir «de sombra y sueño», como advirtió Gerardo Diego.
La del Pilar también es lógico que suscite ardor guerrero y patrio, pues ya dice la jota «que no quiere ser francesa, / que quiere ser capitana / de la tropa aragonesa». Muy proespañola
Y sé que los militares también creen en la Virgen, en muchas Vírgenes y muy Vírgenes. Por un sagrado Desdoblamiento Clonal, podría ser en este caso. Miles de Vírgenes que son la misma pero no lo son. Ríase usted del triste misterio de la Trinidad, vaya mistristerio; también hay diferentes Cristos, pero no tantos. Aquí el mayor misterio es cómo se entienden entre Ellas y con las autoridades terrenales, tanto civiles como militares. Bueno, por lo que sea, a unas y otras, pero ahora me refiero a las segundas, les flipan las Vírgenes, y, a los legionarios con los que empezábamos, algunas cabras que se dice que también mantienen vírgenes (aunque esto es más dudoso). Hembras, al fin y al cabo; ¿no demuestra eso que los y las militares también son muy feministas?
El montón de Vírgenes que tienen como patronas, seguro que lo son «con fundamento» (no me atrevo a decir, con Arguiñano, «ricas, ricas»). ¿No es de cajón que la Virgen del Perpetuo Socorro sea la patrona del Cuerpo Militar de Sanidad? Y tiene sentido que otro ser celestial, la Virgen de Loreto, sea la patrona del Ejército también Celestial, o del Aire si prefieren, pues está demostrado que ya no ella –que subió fácilmente al Cielo tras su muerte, aunque a veces se asume que sólo lo hizo la Asunción–, sino su pesada casa, «voló» desde Palestina hasta la actual Loreto, Italia.
La del Pilar también es lógico que suscite ardor guerrero y patrio, pues ya dice la jota «que no quiere ser francesa, / que quiere ser capitana / de la tropa aragonesa». Muy proespañola, pues su intercesión también fue clave para una victoria nuestra, en este caso ante los pérfidos ingleses, el 21 de enero de 1798. Y tiene más cosas de hacendosa, como explicó José María Pemán en sus inspiradísimos versos: «¡La Virgen capitana! / ¡La Virgen andariega: / que desde la mañana / no para ni sosiega!». No extraña que, aprovechándose de su laboriosidad, la tengamos como patrona de ese cuerpo militar denominado «Guardia Civil», de los submarinos de la Armada –todos la sumergen–, de la Hispanidad, por ser la «Madre de la Evangelización de América» –gracias a lo cual vemos imágenes como la de Trump rodeado de pastores–, etc.
Bueno, como quien no quiere la cosa, ya se me ha pasado la Semana Santa y puedo circular de nuevo libremente por las calles, eso sí, con cuidado de no salir de la acera y patinar por la cera
Pero no es la única capitana generala de España, que hay unas cuantas más, como la del Carmen (patrona de la Armada), la de los Reyes, de la Cabeza, etc. A otras les han puesto fajines de tenientas generalas, o de almirantas, y que creo que mandan menos. Pero es curioso que, a la Inmaculada Concepción, toda una patrona de España, no le hayan puesto ni un fajín ni un tricornio. Debe de ser que no le da la vida –pues viva sigue en el Cielo– para más, ya que es también la patrona de Infantería por un supermilagro que hizo en la batalla de Empel (Países Bajos), congelando un gran río para que ganaran adivinen quiénes; y tiene a su cargo por lo menos ocho alcaldías perpetuas, y todas las Facultades de Farmacia…
En fin, cosas más o menos simpáticas heredadas de los tiempos del nacionalcatolicismo militarista franquista y, vale, criminal sin «ista». Aunque, vaya, resulta que por lo menos 10 fajines militares se los han puesto a las Vírgenes desde 2014, y la Virgen de los Ángeles fue proclamada patrona de la UME en 2009, con Franco ya mudado a su casi definitivo Valle desde hacía décadas. Bueno, pues asumámoslo sin complejos: será que el nacionalcatolicismo franquista sigue un poquito vivo en nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. ¿Es acaso algo malo que esto nos retrotraiga al Ejército profascista que combatió contra la legalidad republicana y para reprimir cualquier desliz prodemocrático durante decenios?, ¿y que tengamos un Ejército confesional católico, y por tanto no de todos, sino de ese sector de la población? ¡Pues entonces!
Además, en el peor de los casos tampoco hay que tomárselo a mal, puede que no hagan nada con mala intención; recordemos, en su defensa, que Groucho Marx decía que «La inteligencia militar es una contradicción en los términos», lo que los eximiría de responsabilidades. No hay más que ver a los altos cargos del MADOC (el Mando de Adiestramiento y Doctrina), es decir, del centro del «pensamiento militar» en su más alto grado, participando con frecuencia y fervor en los actos de exaltación piadosa de seres inexistentes.
Perdón, que se me ha ido el santo, digo los santísimos Cristos y Vírgenes, al Cielo, y estábamos en la Tierra con la Semana Santa. Tenemos entonces a la Legión y a todos los cuerpos militares participando a tope en las procesiones y en todo tipo de actos religiosos (misas, ofrendas, etc.). Como tantos cargos civiles que también son de capirote: desde el Rey hasta ministros, presidentes autonómicos, concejales, etc., etc., que nos tratan sabiendo que todas las personas somos iguales, pero que unas –las creyentes católicas– son más iguales que otras, sobre todo cuando lo que hacen procesionar son los dineros y otros beneficios.
Los superiguales militares suelen aportar a las procesiones su «música», tan hipnótica; y debe de ser buena si hacemos caso de nuevo al hermano Marx, que decía que «La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música», supongo que ensalzando ambas versiones castrenses. Por cierto, a mí, lo mismo que a Paco Ibáñez/Brassens, la música militar «nunca me supo levantar», pero sí que me sabe desvelar –como contaba al principio–, pero ¿no es una alegría no pegar ojo gracias a tambores y cornetas? «¡Más milicia y menos molicie!» parecen decirnos desde el retumbar del estómago y de la cabeza.
Y la alusión a la justicia no militar nos conduce a que también ésta hace gala de una confesionalidad como Dios manda. Hay quienes dicen que si la Justicia ni siquiera es capaz de guardar las apariencias neutrales en esto… Total, porque a menudo los altos cargos de la judicatura van a misas, procesiones u ofrendas religiosas, o porque hay muchos que, como son muy esforzados, trabajan para «la Obra», o porque son cómplices de los indultos cofrade-gubernamentales, o porque dictan sentencias sesgadillas sobre asuntos que afectan a su fe.
Bueno, como quien no quiere la cosa, ya se me ha pasado la Semana Santa y puedo circular de nuevo libremente por las calles, eso sí, con cuidado de no salir de la acera y patinar por la cera. Así que voy al rectorado de la Universidad a solicitar una cosita a la Virgen o al Cristo a quien hayan cedido el bastón de mando. Y luego al Ayuntamiento a pedirle un par de cosas a mi alcaldesa Perpetua, aunque lo mismo está ocupada en que los terremotos que está habiendo estos días no vayan a más… o para que vayan a hacer temblar otras ciudades en las que Ella no manda. O tal vez en llevar religiosamente dinero municipal a la Iglesia y a los cofres cofrades.
Juan Antonio Aguilera Mochón es miembro del Grupo de Pensamiento Laico

















