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Los medios
La reiteración de eslóganes propagandísticos se vehiculó mediante locuciones en radio y discursos que después de ser pronunciados en los actos eran publicados en prensa . Los elementos temáticos que constituían el fundamento de estos discursos eran simple pero eficaces, demagógicos pero emotivos. Su capacidad para penetrar socialmente es un componente fundamental de lo que se ha dado en llamar “ cultura de guerra”, una cultura en la que resultaba necesario producir una percepción del enemigo de perfiles simples pero fácilmente asimilables: antiespañolidad, marxismo y ateísmo.
Los espacios públicos transformados por las celebraciones urbanas fueron convertidos en un medio de comunicación más para externalizar los componentes ideológicos de la propaganda . Las arquitecturas efímeras de los arcos de triunfo, los gigantescos retratos de Franco en las principales calles, los símbolos religiosos y militares colgados de edificios y farolas, las colgaduras y tapices, las banderas e insignias, los reflectores y procesiones nocturnas con antorchas para celebrar las entradas de las tropas en las ciudades conquistadas, convirtieron a las ciudades de la retaguardia en espacios tomados para el nacional catolicismo. Las ceremonias político religiosas fueron un vehículo para implantar un ritual que difundirá los nuevos gestos patriótico simbólicos: saludos fascistas, himnos y banderas. En las ceremonias, esos signos- enmarcados por la música y los discursos- se combinaron en una retórica persuasiva que creo la embriaguez necesaria para pulsar todos los resortes pasionales de la comunidad.
Bombardeo de la Basílica del Pilar y destrucción del Sagrado Corazón
El mes de agosto estuvo marcado por dos hechos fundamentales para extender un clima de odio religioso anti republicano por las provincias de la retaguardia franquista. La entrada de la indignación católica en la guerra tuvo su punto álgido con dos sucesos extraños todavía no aclarados. El 3 de agosto, antes del amanecer, un avión arrojaba tres bombas sobre la Basílica del Pilar. El ataque no produce ninguna víctima pero causa desperfectos en la bóveda de la basílica. El bombardeo tuvo gran eco e impacto emocional en la España franquista. En las capitales del norte de España se realizaron actos religiosos de desagravio, acompañados de desfiles militares.
Cuatro días más tarde, el 7 de agosto, un grupo de milicianos dinamitan el monumento al Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles y posteriormente fusilan la imagen erigida por Alfonso XIII en 1919, durante el gobierno conservador de Maura. El rey había consagrado España a la imagen del Sagrado Corazón en una ceremonia impresionante que simbolizaba la unión entre el Estado monárquico y el catolicismo. El sacerdote jesuita castellano Bernardo de Hoyos –retomando la práctica de origen devocional francés– tuvo una revelación transcendental en la que el Sagrado Corazón de Jesús le comunica un mensaje conocido como la Gran Promesa: «Reinaré en España y con más veneración que en otras partes». Durante los gobiernos del conservador Maura -influido por las ideas de su amigo Charles Maurras- se llevó a cabo una serie de iniciativas destinadas a producir un proceso de “ sacralización de la patria” mediante la creación y difusión de festejos que, ligados al culto católico, extendían la idea de la unión del catolicismo y la monarquía como componente nuclear en la formación histórica de España.
La iglesia católica, sabedora que la propagación de ideas nacionalizadoras permeabilizaba socialmente la influencia de la Fe católica, acogió con gusto la colaboración con el poder civil en la promoción de fiestas, símbolos y ritos nacionales. Sus prelados participaban en ceremonias en las que se bendecía públicamente a la monarquía, se realizaban Te Deum por los caídos en los campos de batalla africanos y se pronunciaban discursos señalando la esencia católica de la patria. La expansión del culto al SCJ disfrutó de especial acogimiento en las costumbres religiosas domésticas, con placas colocadas en las puertas y fachadas de las casas y en los interiores de los hogares. Se hicieron entronizaciones de imágenes de sagrados corazones en colegios, asociaciones profesionales, institutos oficiales y se levantaron monumentos en espacios públicos. Durante la restauración alfonsina el SCJ se convirtió en un rito político-religioso contra la creciente cultura política democrática republicana. La consagración oficial de España al Sagrado Corazón en el Cerro De los Ángeles fue una idea surgida en el congreso eucarístico de 1911. Su propuesta es atribuida a una iniciativa “espontánea” de la Unión de Damas Apostólicas del Sagrado Corazón “ aceptada” por el arzobispo de Toledo. Se eligió el Cerro por estar próximo a Getafe , el centro geográfico de la península . Se preveía rematar su construcción en 1918 pero la epidemia de gripe de ese año obligó a retrasar su finalización hasta el 1919.

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La espectacular eliminación del Cristo en agosto de 1936 y el ataque a la Basílica del Pilar fueron entendidas como una profanación y una radical manifestación de impiedad. Los ataques contribuyeron a exacerbar el ánimo antirrepublicano y a extender el fervor religioso patriótico-bélico en la retaguardia franquista, muy necesarios en un momento en el que el golpe de estado ya había fracasado y se propagaba la incertidumbre ante la nueva situación de guerra. Sobre la autoría de los hechos planea un cierto desconcierto a la hora de determinar su atribución y sobre todo la intencionalidad. ¿Dos manifestaciones de violencia anticlerical aisladas, o dos sucesos que formaban parte de una intervención planificada puesta el servicio de una estrategia todavía hoy no aclarada? Probablemente estemos ante un episodio de guerra psicológica, lo cierto es que los hechos perjudicaron a la república y beneficiaron a los franquistas. El impacto emocional que los ataques produjeron en el mundo católico fue hábilmente usado por la propaganda de los alzados que supieron convertir los masivos actos de desagravio en recursos para mantener viva la llama del nacional catolicismo popular y estimular, de paso , el victimismo entre la población de la retaguardia.
Actos de desagravio
Basílica del Pilar
Los actos celebrados en Zamora como desagravio por el bombardeo de la Basílica del Pilar fueron convocados por el obispo para el día 6: una Salve cantada en la Capilla de la Catedral y un Te Deum . El Boletín del Obispado nos relata el desagravio como un desposorio de la Cruz y de la Espada: “El sagrado templo del Pilar de Zaragoza había sido objeto de una horrible profanación: Desde un avión marxista fue criminal y alevosamente bombardeado como si fuera lugar nefando, lo que es Casa de la Madre de Dios, cual si fuera refugio de guerreros, lo que es Palacio de la Reina de la Paz, como si fuera padrón de ignominia”.
En Plasencia el desagravio también se produce el 6 de agosto. En la misma fecha se lleva a cabo en Vigo, en la Iglesia Santiago el Mayor “en desagravio a la santísima virgen del Pilar por el cobarde atentado cometido por un traidor aviador de la Generalidad de Barcelona” En Valladolid los actos de reparación tienen lugar en la catedral el 7 de agosto. En Salamanca se hacen el 8 de agosto en la catedral y en la Iglesia de la Purísima, donde se celebran “funciones de desagravio por el atentado de la Virgen del Pilar” oficiados por el obispo Plá y Deniel. En León el desagravio se lleva a cabo el 8 de agosto. Con motivo de los actos religiosos realizados en Tuy en el boletín del obispado podía leerse: “un avión comunista bombardeó el templo del Pilar de Zaragoza. Este sacrilegio conmovió a España entera” En la prensa gallega con motivo del acto de desagravio llevado a cabo en Lugo se afirmaba: ”no importa quien ha sido el criminal aviador que realizó el bombardeo ( …) el bombardeo de la Basílica del Pilar es la señal más clara de conspiración contra la Patria de marxistas, separatistas y masones”.

En las localidades de la retaguardia al finalizar los actos religiosos se realizaron manifestaciones- procesiones por las principales calles de los centros urbanos. La recepción de la propaganda sobre el bombardeo se reforzó con una estrategia multimedia de merchandaising de sellos, escapularios, medallas, fotomontajes explicativos en prensa y estampitas de oraciones. Los masivos actos de desagravio tuvieron su broche final al terminar la guerra, cuando la Basílica del Pilar[1]es declarada templo nacional y santuario de la Raza por una Orden de diciembre de 1939 firmada por el Ministro de Gobernación, el zaragozano Ramón Serrano Suñer.
Cerro de Ángeles
Las ceremonias de desagravio por el ataque a la imagen del Sagrado Corazón tienen lugar el 22 y 23 de agosto de 1936 en Zamora. La prensa se refiere a su destrucción como “ una barbarie más del marxismo” El domingo 23 se ofició una misa celebrada por el obispo en la Iglesia de San Andrés y por la tarde se organizó un acto eucarístico. En Valladolid los actos reparadores del “sacrílego atropello del Cerro de los Ángeles” se hacen el 24 de agosto. En Plasencia se retrasan hasta el 6 de octubre. En León se habían celebrado el día 22, en la misma fecha se llevan a cabo en la catedral de Salamanca oficiados por el obispo Plá y Deniel. En Lugo tuvieron lugar el 23 de agosto en la catedral.
En 1937 la procesión del Sagrado Corazón realizada en Zamora estuvo dedicada a la conmemoración del ataque. Los días previos la prensa animaba a la masiva participación recordando los motivos que hacían necesario el desagravio: “El Corazón de Jesús, ultrajado por los hijos ingratos , espera la reparación de los verdaderos y buenos hijos. Desde el Cerro de los Ángeles quería ese Divino Corazón reinar en nuestra patria , pero la indiferencia religiosa y los desórdenes sociales prepararon el camino para el nuevo deicidio del siglo XX (…) la España auténtica debe de mostrar mañana su espíritu religioso (…) ni un solo balcón sin colgadura(…) ni un solo hombre que no forme en las filas de la solemne procesión”.
En 1937 y 1938 se difunde la literatura apologética dedicada a justificar política, jurídica y religiosamente la Cruzada. De Castro Albarrán, Magistral de la catedral Salamanca y uno de los eclesiásticos más activos en este objetivo, se refiere así a la foto del ataque iconoclasta publicada en el periódico D’Avvenire d’ Italia: “La foto es el más satánico cuadro que pueda imaginarse. La imagen del Sagrado Corazón está, todavía, en su pedestal. Frente a ella, a pocos pasos del monumento, una fila de milicianos la apuntan con sus fusiles (…) se adivina el momento en que descargaron sus fusiles sacrílegos sobre los ojos, sobre el pecho, sobre el corazón de Cristo”.
Las advocaciones político religiosas que acompañan los actos del Sagrado Corazón son abundantísimas. Nos centraremos en dos. Las palabras pronunciadas en octubre de 1936 por el arzobispo de Valladolid y principal impulsor de su culto ejemplifican el mensaje dominante en estos actos:
“En esta hora decisiva para nuestra Madre España, cuando frente a las hordas sin Dios y sin Patria ofrendan su vida todos los españoles dignos de serlo, cuando la fe y el patriotismo hacen brotar legiones de héroes en las filas del Ejército sería un crimen de lesa fe y lesa Patria permanecer en actitud expectante, limitándose a admirar los triunfos de nuestras armas, […] España, con su generosa sangre en esta guerra de reconquista contra los precursores del Anticristo, tiene también que hacer honor a su piadoso abolengo en esta cruzada de oración a la que nos invita el propio Corazón Divino y de la que nadie estará dispensado porque a todos alcanza la consoladora promesa “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”.
El segundo ejemplo es el texto del acto de consagración al SCJ escrito por el obispo de Salamanca, en junio de 1939, como acción de gracias por la victoria en la cruzada. Abunda en los mismos planteamientos que el anterior: «gloriosa victoria que nos has conseguido […] Suscitaste un invicto Caudillo que liberarse a España del comunismo. Algunas provincias han estado libres desde el primer momento de la Santa Cruzada […] Que, en adelante, Señor, ante el mundo se ofrezca España, Una, Grande y Libre, en donde reines Tú”.
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El fervor religioso provocado por los ataques no solo se mantiene durante la guerra, sino también cuando ésta ha terminado. Al finalizar la contienda los restos del monumento al Sagrado Corazón fueron repartidos en relicarios entre los soldados del ejército. En 1944 el régimen necesitaba desfascistizarse para acoplarse a los intereses estratégicos de las democracias vencedoras en la IIGM. La reactivación del nacional catolicismo motiva un solemne acto de desagravio cooficiado por el arzobispo de Madrid y varios obispos, con asistencia del Nuncio, del propio Franco con su “gobierno en pleno” y una revista militar de tropas rindiendo honores.
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