Los negocios de la iglesia en Orense: el Obispado vendió tres casas rectorales y cinco pisos en 2019

agosto 14, 2019

Hay otras tantas propiedades acordadas para la venta y el destino es turismo rural y viticultura

Fachada de la casa rectoral de Parada de Sil, ahora alojamiento de turismo rural.

Fachada de la casa rectoral de Parada de Sil, hoy alojamiento de turismo rural

Elisabet Fernández, La Región, 14 de agosto de 2019

Los inversores extranjeros que compran edificios antiguos (rectorales, pazos, monasterios…) para montar negocios en el rural ourensano tienen en los bienes del Obispado de Ourense una oportunidad. Las casas rectorales en las que en el pasado vivía el sacerdote de la parroquia y que han quedado en desuso se reparten por centenas en Ourense. El destino es variopinto: hay propiedades en venta cuya rehabilitación tiene potencial para crear un proyecto (hostelería, principalmente); otras que se ceden a asociaciones y actividades vecinales y otras que están en ruinas y que suponen un quebradero de cabeza a la Diócesis de Ourense, que debe mantenerlas. La Iglesia ourensana intenta deshacerse de sus bienes inmobiliarios y el reto no es fácil. Con todo, en lo que va de año, el Obispado de Ourense ha conseguido vender tres casas rectorales, cinco pisos y seis o siete fincas, según la información aportada por el delegado de Asuntos Económicos, Raúl Alfonso González.

Turismo rural de lujo

La rectoral de Parada de Sil, que se estrenó el pasado mes de junio como casa de turismo rural de clase A (valora singulares características y valor arquitectónico),es uno de estos bienes a los que el Obispado de Ourense ha conseguido dar salida. Estaba casi en ruinas y un emprendedor de Mérida, con orígenes ourensanos, apostó por el proyecto. A principios de agosto, el establecimiento celebraba los buenos datos de ocupación y ya tenía un 95% reservado para este mes, esperando llegar al 100%. Es una previsión compartida desde el Consorcio de Turismo de la Ribeira Sacra, que espera un récord de visitantes en los hoteles y el resto de establecimientos. “Las casas rectorales que hemos vendido en lo que va de año están destinadas a ser bodegas, proyectos de viticultura. Otra es para el turismo rural”, explica el delegado de Asuntos Económicos.

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Las inmatriculaciones, el gran negocio de la Iglesia

agosto 14, 2019

 

Contrainformación.es, 14 de agosto de 2019

El Vaticano reconoció la soberanía del dictador Francisco Franco tras el final de la guerra civil y lo condecoró reconociendo al fascista como un elegido de Dios. Por ello, y por la gracia de Franco, la Iglesia fue colmada de regalos y privilegios: las inmatriculaciones.

La reforma que hizo Franco de la Ley Hipotecaria para beneficiar al clero en 1946, incluía en su artículo 206 –y el 304 del Reglamento que la desarrollaba– la equiparación de la Iglesia católica con una corporación pública a la hora de inscribir un bien inmueble. De esta forma, únicamente era necesaria la mera firma de un obispo, que actuaba como funcionario público, para que una propiedad fuera inscrita a su nombre.

Mientras que para cualquier ciudadano, la inscripción de un bien en el Registro era un proceso complejo, para la Iglesia se trataba de un sencillo trámite sin necesidad de darle publicidad ni de aportar ningún título que acreditara la propiedad.

En la jerga administrativa, inmatricular es inscribir un bien inmueble por primera vez e incorporarlo al Registro Público de la Propiedad. La Iglesia encontró en esta acción, el instrumento perfecto para incrementar su patrimonio inmobiliario a base de cementerios, pisos, huertos, parroquias, catedrales y otro tipo de propiedades que hasta ese momento pertenecían al pueblo o a particulares.

Franco murió, pero su ley siguió adelante porque había quien continuase su legado. Las inmatriculaciones siguieron desde 1975 hasta 78, y del 78 al 98 también se inscribieron bienes contra esta prohibición. Años después, el primer Gobierno de José María Aznar aprobó un decreto en 1998 en el que reformaba la ley para ampliar el privilegio. De esta forma, extendió la posibilidad de que la Iglesia hiciera suyos mediante esta vía los lugares de culto, hasta entonces al margen de la norma. A partir de esa fecha, las diócesis comenzaron a inscribir a su nombre parroquias, ermitas e incluso catedrales.

Tras la ampliación llevada a cabo por Aznar, la Iglesia comenzó a inscribir templos, parroquias o incluso catedrales con el único coste del pago de la tasa de inscripción. De esta manera, se inmatricularon algunos lugares especialmente emblemáticos y que reciben millones de visitantes al año por apenas 30 euros, entre ellos la Mezquita de Córdoba en 2006, la Giralda y la Catedral de Sevilla en 2010 o la Catedral de Zaragoza –conocida como la Seo–. A esta lista hay que sumar la Catedral de Valladolid, la del Buen Pastor de Donostia, la de Granada, Jaca y Málaga.

Este precepto fue derogado mediante la reforma de la Ley Hipotecaria de 2015, cuando se puso fin a este privilegio tras décadas de inmatriculaciones –la mayoría desconocidas– y los recurrentes avisos de inconstitucionalidad de numerosos juristas.

En total, ha inscrito como suyas, en dos décadas, 30.000 propiedades que van desde templos a casas parroquiales, o incluso fuentes y parques infantiles. Sin la publicación del listado de bienes adquiridos por la Iglesia de esta manera, Ayuntamientos o particulares no pueden reclamar la titularidad de esos bienes.

La Iglesia logró inscribir a su nombre estos miles de bienes de forma opaca y sin ningún control, algo que diversas organizaciones han denunciado como una «apropiación ilegítima«. Muchos de estas propiedades fueron posteriormente vendidas, con sus correspondientes ingresos por una cuantía desconocida.