Sor Citroën o el feminismo sin subvenciones

…en la relación de entidades subvencionadas el pasado año por la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, consta que 287.610 euros fueron destinados a nueve congregaciones provinciales de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, y que 573.177 euros fueron a parar a otras tantas asociaciones regidas por monjas…

Fotograma de la película Sor Citroen, dirigida por Pedro Lazaga, 1967

Maria Jesús Ruiz, CaoCultura, 28 de enero de 2019

En el minuto cuarenta de Sor Citroën (1967) la hermana Tomasa Carrasco (Gracita Morales), haciendo su ronda petitoria por un edificio del extrarradio madrileño, llama a la puerta de Rosalía, una antigua pupila del convento que creyó solucionada su vida “de locuela” al casarse con un honrado pescadero del mercado con prometedor nombre de apóstol:  don Santiago. Rosalía recibe indignada a la monja, le enseña los moretones de la cara, el pecho, los brazos, producidos por las palizas que le da su marido y le reprocha haberle aconsejado con tanta insistencia un matrimonio que, para ella, se ha convertido en una cárcel y en una continua tortura.

Resultaría inverosímil una escena tan áspera en el cine amable del franquismo si no fuese seguida del remedio que la hermana Tomasa pone al conflicto. Sin pensárselo dos veces, la monja se dirige a la pescadería donde trabaja el esposo maltratador y le reprocha el trato violento que le dispensa a su mujer, argumentando que esta de ningún modo lo merece, pues “es más buena que el pan”. El marido, en un principio, se justifica diciendo que a las mujeres hay que tenerlas a raya y que Rosalía “es una manirrota, ni sabe cocinar, ni sabe coser, ni sabe planchar y, además, la miran”, aunque finalmente se aviene a razones, regala una hermosa merluza a la monja y más o menos promete no perseverar en su violencia conyugal. Asunto solucionado.

¿Será esa forma tan expeditiva de resolver las cosas lo que la ultraderecha quiere explicarnos en relación a la violencia de género? Casi cuarenta años después del estreno de Sor Citroën (que a tanto español español sigue emocionando hasta las lágrimas), la Ley Integral de Violencia de Género (2004) arrebató a la Iglesia la exclusiva de la intervención en conflictos familiares y, a fuerza de subvenciones, disolvió ese mecenazgo cristiano, centenario y redentor que tanto gusta a los ricos: la caridad. A partir de ahí se acabaron las excusas: si eres rico y bueno no te puedes ganar el Reino de los cielos poniendo un pobre en tu mesa o una mujer maltratada en la habitación del servicio. No. Se acabó ese recurso; ahora tienes que hacer tu declaración de la renta, pagar un dineral por el latifundio que tu bisabuelo sacó adelante con tanto esfuerzo y contemplar cómo buena parte de tus ganancias van a parar a sueldos de jueces que protegen a mujeres desobedientes, a pisos de acogida que alojan a mujeres que han sacado los pies del plato y —lo peor— a asociaciones feministas que criminalizan a pobres maridos desesperados por el simple hecho de que cada año una media de sesenta mujeres son asesinadas. Un desastre.

No obstante, quizás sirva de consuelo a los votantes de la derecha saber que la Iglesia, en todos estos años, no ha quedado ni mucho menos excluida de la conciliación familiar. Por ejemplo, en la relación de entidades subvencionadas el pasado año por la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, consta que 287.610 euros fueron destinados a nueve congregaciones provinciales de Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, y que 573.177 euros fueron a parar a otras tantas asociaciones regidas por monjas, tales como las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento,  las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul o las Hermanas Josefinas de la Santísima Trinidad. Las congregaciones religiosas con más solera en la lucha contra la violencia de género y la explotación sexual de mujeres y niñas siguen, pues, estando activas y manejan casi un cincuenta por ciento del dinero público destinado a este asunto. ¡Ya hubiera querido Sor Citroën!

Sor Citroen con el pescadero

Cuando al consejero o a la consejera correspondiente de la Junta de Andalucía le toque, en los próximos meses, revisar este espinoso asunto de las subvenciones se va a topar con eso, desde aquí le aviso: con una Iglesia que —como viene haciendo con suma agilidad desde hace dos mil años— se ha adaptado a los nuevos tiempos para seguir haciendo suyo el pilar fundamental del Estado, la familia, obviando que antes y por encima de la unidad familiar están los ciudadanos y ciudadanas, y su derecho a ser libres. Una Iglesia que sigue imponiéndose en la educación pública y que sigue, por ello, llevando a sus fieles a identificar moral con religión y convivencia con sometimiento. Una Iglesia aún plagada de hermanas Tomasa que ante la violencia de género puede que sigan respondiendo a las mujeres como Sor Citroën: “Es que a ti te gusta que te peguen, Rosalía”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: