Ejercicio de cinismo

Conversaciones de Covadonga 2018 / Flickr Arzobispado de Oviedo

El ciudadano Jesús Sanz Montes nace en Madrid en  1955. Estudia bachillerato, hace estudios profesionales y trabaja muy poco tiempo en un Banco. En 1975 (con 20 años) ingresa en el seminario de Toledo. El ciudadano Sanz Montes es, por lo tanto, de mi generación. El ciudadano Sanz Montes estudió, como yo, en una escuela aplastada por el nacional-catolicismo que acaba de consolidar un golpe de estado. Escuela construida sobre la sangre de una gran cantidad de maestras y maestros ejecutados por el dictador por el sólo hecho de no serle sumisos y con el objetivo de aterrorizar a los supervivientes (Francisco Franco, Caudillo de España por la gracia de Dios, de su dios ¡maldita gracia!). Escuela sometida a un terrorismo de estado, de un estado cuyo dictador pasea bendecido bajo el palio de la iglesia católica. Escuela sometida, por tanto, a los poderes de esa iglesia católica. Sumisión rubricada por unos acuerdos con el Vaticano que le dan derecho de censura sobre todo aquello que pueda ser enseñado. Escuela donde no tiene cabida nada que no sea lo dictado por esa iglesia que convierte en cruzada un cruento golpe de estado de inspiración fascista para darle cobertura moral (cobertura de su moral).

Es posible que entonces el ciudadano Sanz Montes no se percatase del hecho. Todos nuestros sistemas de percepción son diferenciales (percibimos la diferencia) y si los suyos no se estimulaban es que no notaba diferencias entre lo que él quería que fuera y lo que realmente era. Normal, porque él era uno “de los suyos”, de los que se aprovechaban del golpe de estado para imponer sus creencias. Para aplastar cruelmente a todo aquel sospechoso de pensar diferente.

Pero el ciudadano Sanz Montes ya ha recorrido mucha parte de su vida (la mayor). Ha tenido tiempo de (y dinero para) leer, viajar, cruzar sus opiniones con otras muchas. Ha tenido, en resumen, la posibilidad de enriquecer sus sistemas de percepción y ampliar su capacidad de interpretar los hechos.

Cuando la Ministra de Educación del Gobierno de un país (aconfesional según su constitución) dice que hay que modificar una ley impuesta por el PP (el que cree que los muertos del franquismo están muy bien en las cunetas) para que la nota de religión no compute (para que no se confunda con un mérito una creencia confesional) y cuando esa Ministra declara que para el Gobierno la Educación Pública es prioritaria, el ciudadano Sanz Montes exclama desde el púlpito electrónico (twitter) que le concede la iglesia católica:

Con su habitual liberticidio intervienen nuestra libertad. Tienen miedo a la verdad que nos hace libre de veras, y por eso la quieren controlar, expulsando a los padres de la educación de sus hijos e imponiendo ellos una ética de Estado. Vuelve la dictadura totalitaria

Acusa de liberticida al Gobierno y, en particular, de intervenir “su libertad”. Una breve mirada al pasado de sus correligionarios da una clara dimensión del vergonzante despropósito de esta afirmación. En su nombre se ha asesinado a cualquiera que imaginara una libertad diferente a la del caudillo que cuidaban, y ahora reclaman su derecho de privilegio sobre la educación de un país aconfesional considerándolo “su libertad”.

Desde una iglesia dogmática, que entiende que la verdad es aquella interpretación que ella hace de unos supuestos textos revelados por su hipotético dios, que no deja a sus feligreses interpretar esos  “libros sagrados”, y les obliga a aceptar la interpretación que de ellos haga la gerontocracia que detenta el poder en esa iglesia, se afirma sin rubor ¡que son los otros los que tienen miedo a la verdad! Con una larga historia de imposición a sangre y fuego de “su verdad” descubren ahora que la verdad nos hace libres. Es muy discutible el concepto que pueda tener la iglesia católica de libertad, pero está muy claro lo que entiende por verdad: su dogma.

Expulsar a los padres de la educación de sus hijos. Eso fue lo que hizo el PP anulando los Consejos Escolares. A la patronal de la concertada como a los autores de la LOMCE les aterraba la participación de los padres en el funcionamiento de la Escuela. Aquí el ciudadano Sanz Montes se aferra a la falacia de confundir la LIBERTAD con la posibilidad (restringida por las diferencia sociales) de elegir entre ofertas sesgadas. No hay libertad cuando esa libertad no es para todos. Que unos pocos puedan segregar a los demás de sus escuelas no es libertad, es consolidación de privilegios.

Hablar de una ética de estado, queriendo hacer resonar al estalinismo en el Estado español actual, es una demagogia falaz. Si estamos en una sociedad democrática, donde seguro él dice que quiere estar, es precisamente la voluntad de todos (y no la de su grupo de presión convencido de que es la posesión de la VERDAD lo que les da el derecho a imponerse), la que tiene que marcar las vías por las que se debe circular.

La referencia a la “vuelta de la dictadura totalitaria”, en boca de un jerarca de una estructura de poder responsable de apuntalar la dictadura en este país por 40 años y de proteger su supervivencia en otros 40 más, resulta una obscenidad tan inasumible que empuja a creer que sean las limitaciones cognitivas del ciudadano Sanz Montes las responsables de ese exabrupto en twitter a imitación de Trump.

Pero no debemos caer en esa tentación. El ciudadano Sanz Montes está en pleno uso de sus facultades mentales. Y el mensaje que nos envía es un inmenso ejercicio de cinismo. Ha vivido lo suficiente para tener las referencias necesarias para juzgar lo que dice. El ciudadano Montes sale descaradamente a defender una posición de privilegio que le interesa en el doble sentido del poder y del dinero.

Cuando se escandaliza de que la asignatura de religión no sea evaluable, no lo hace porque considere que eso daña el desarrollo ideológico de su futuro rebaño. Él sabe que la clase de religión ya hace mucho tiempo que no es de religión. Se entretiene al alumnado (se le divierte si se puede) y se premia su matriculación (número para las estadísticas y dinero para la congregación) con unas notas deformadas que tienen un alto valor de cambio en una educación tan inaceptablemente sesgada por una discriminación numérica. Pero en el momento en que las notas que se regalan dejen de tener ese valor de cambio, se desmonta el mecanismo de enganche que adultera la realidad, y el interés verdadero de la juventud (y sus familias) se muestra descarnadamente. Si no hay premio de la nota fácil, el negocio se viene abajo (ver el volumen de dinero que cobra la iglesia católica por las clases de religión aunque no se den).

Cuando defiende la enseñanza privada subvencionada con fondos públicos, no defiende la libertad, porque no defiende la libertad de todos. Defiende un privilegio de unos pocos que le permite obtener unos enormes beneficios a la par que le facilita la infiltración de su grupo de poder en las clases dominantes. Alimentando con el dinero de todos una red de centros que hacen de su seña de identidad el que “aquí no te encontrarás con esos que molestan el desarrollo de tus hijos” se utiliza éste dinero para fomentar la exclusión social (cuando no otras segregaciones más obscenas).

Y cuando todo se hace con ese formato incendiario, aparentando una frescura juvenil de rapero indignado, está claro que estamos asistiendo a una manipulación grosera de la información. Intentando confundir a aquellos a los que han enseñado a sólo sentir el ritmo de los titulares sin pararse a analizar el contenido de las expresiones para intentar interpretar su intencionalidad.

En resumen: lamentables declaraciones de un ciudadano que se aprovecha de su posición para deformar de forma grosera la realidad intentando ocultar los verdaderos motivos de su actuación. Declaraciones lamentables sólo porque todavía hay una parte de la sociedad conforme con ser rebaño de semejante pastor. Ellos sabrán por qué.

 

Luis Fernández González
Presidente de Asturias Laica

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