Cristina Pérez sufrió abusos sexuales por parte de un cura marianista en el elitista colegio de El Pilar, en Madrid. Lo denunció a la orden pero la reparación nunca llegó
Foto familiar de Cristina Pérez, en brazos de su abuela, en el centro de la foto, que acusa al sacerdote Juan Carlos González de Suso de abusar de ella en los años setenta en el colegio de el Pilar. A su izquierda está su hermana Ana, que le ha ayudado en todo el proceso de denuncia ante la orden ___________________________
Julio Núñez, Jimena Marcos, El País, 19 de diciembre de 2024
Desde que en 2018 arrancara la investigación de los abusos en la Iglesia, este periódico no ha dejado de romper el muro de silencio que se encontró el periodista Íñigo Domínguez cuando inició las primeras pesquisas.
Hoy la historia con la que queremos recordar que ese trabajo sigue vivo cuenta con las voces de sus protagonistas: Cristina Pérez, víctima de los abusos que sufrió en el elitista colegio de El Pilar en Madrid, y su hermana Ana, que ha sido su protectora y defensora en vida pero también tras su muerte. Pues Cristina falleció este año sin recibir justicia.
Cristina Pérez murió hace dos meses y su historia se publicó en El País y en El Periódico. La congregación afirma que parte de su testimonio es una invención de su hermana, a quien la afectada designó como representante, pero dos grabaciones desmontan este discurso
Cristina Pérez, segunda por la derecha, y su hermana Ana, sexta por la derecha, durante su Comunión en los años setenta en la parroquia marianista de Nuestra Señora del Pilar, en Madrid ____________________
El día que Cristina Pérez murió repentinamente a los 57 años en el hospital estadounidense de Minot, en Dakota del Norte, se marchó sin recibir la carta de perdón que desde hacía un año la orden de los marianistas le había prometido. Tampoco recibió la reparación económica por los abusos que sufrió en Madrid a manos del sacerdote Juan Carlos González de Suso durante los años setenta. Falleció este septiembre con el único alivio de que, al menos, la congregación religiosa le subrayó que daba credibilidad a su relato y que su proceso de reparación avanzaba a pesar de que su agresor falleció en 2014. Dos meses después de su partida, la orden ha cambiado de parecer.
Cristina Pérez sufrió abusos sexuales cuando era una niña en los años setenta por un cura marianista en Madrid. Lo denunció a la orden, que le prometió una carta de perdón y una reparación que nunca llegaron. Pérez murió hace un mes sin recibir justicia
Foto familiar de Cristina Pérez, en brazos de su abuela, en el centro de la foto, que acusa al sacerdote Juan Carlos González de Suso de abusar de ella en los años setenta en el colegio de El Pilar. A su izquierda está su hermana Ana, que le ha ayudado en todo el proceso de denuncia ante la orden _______________________
En una pared de su casa en Minot, en Dakota del Norte (Estados Unidos), Cristina Pérez tiene un altar donde exhibe los logros personales que ella y su difunto marido Roger, un marine que participó en la guerra del Golfo, consiguieron a lo largo de su vida. Las medallas militares y varias fotografías de la pareja comparten espacio con la camisa repleta de insignias que Pérez vistió cuando trabajaba como bombera y conductora de ambulancias en el departamento de bomberos de Brookline, en Misuri. Solo quedaba un hueco libre que decidió tapar hace un año con un folio con los bordes garabateados y la frase manuscrita “CARTA DE LA IGLESIA”.
Ese pedazo de papel guardaba el sitio donde iría, enmarcado, el último gran triunfo de Pérez: una carta oficial de la congregación de los marianistas de España donde le pedía perdón por los abusos que sufrió de niña a manos del sacerdote Juan Carlos González de Suso, fallecido en 2014, durante los años setenta en Madrid. El provincial de la orden, Iñaki Sarasua, le garantizó en noviembre de 2023, poco después de que Pérez le denunciase su caso, que la misiva de perdón no se demoraría mucho y le aseguró que paralelamente llegarían a un acuerdo para pagarle una reparación económica. La carta nunca llegó. Pérez murió el pasado 3 de este septiembre en el hospital de Minot por culpa de una repentina y breve enfermedad respiratoria. Tenía 56 años y, como decenas de víctimas de pederastia clerical, jamás encontró justicia.
«Leer la noticia de los abusos del hermano Dídac me dio mucha rabia. Y también me entraron ganas de llorar. Porque eso significó que hubo alumnos como Albert que, a diferencia de mí, no pudieron huir de su despacho». Con esas palabras Quim, exalumno del colegio de los Maristas de Rubí, explica por qué se puso en contacto con este diario y por qué ha decidido también presentar una denuncia en los Mossos d’Esquadra. Con su testimonio se sigue desenterrando el pasado de esta escuela del Vallès Occidental y aflora el nombre de otro docente pederasta del mismo centro: el hermano Vidal.