Con esta ya son 21 las denuncias policiales presentadas contra docentes de esta orden religiosa en Catalunya

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Guillem Sánchez, El Periódico, 30 de junio de 2024
El pasado 22 de mayo EL PERIÓDICO publicó el testimonio de Albert, un exalumno del colegio de los Maristas de Rubí (Vallès Occidental) que ha denunciado recientemente a dos profesores del centro por abusos sexuales sufridos a finales de la década de los 80. Albert acusaba a los hermanos religiosos Dídac y Teófilo –ambos fallecidos– por delitos sufridos de forma sistemáticamente durante los cursos escolares de 6º, 7º y 8º de EGB. Días después, este diario recibió un correo electrónico de otro exalumno de la misma escuela, Quim, que, como Albert, solo desea que se haga público su nombre de pila.
«Leer la noticia de los abusos del hermano Dídac me dio mucha rabia. Y también me entraron ganas de llorar. Porque eso significó que hubo alumnos como Albert que, a diferencia de mí, no pudieron huir de su despacho». Con esas palabras Quim, exalumno del colegio de los Maristas de Rubí, explica por qué se puso en contacto con este diario y por qué ha decidido también presentar una denuncia en los Mossos d’Esquadra. Con su testimonio se sigue desenterrando el pasado de esta escuela del Vallès Occidental y aflora el nombre de otro docente pederasta del mismo centro: el hermano Vidal.
Con la denuncia de Quim ya son tres los docentes de este colegio marista acusados de pederastia. Y ascienden a 21 los profesores de esta institución religiosa en Catalunya denunciados desde 2016, cuando EL PERIÓDICO comenzó la investigación del ‘Caso Maristas’
Al describir el colegio de los Maristas de Rubí, Quim coincide con Albert, que afirmó que el clima que se vivía en el centro a finales de los 80 era de «violencia». «Era tétrico», explica Quim durante su entrevista con este diario. «Había ‘bullying’ salvaje contra varios alumnos, y la gestión que hacían los hermanos de pupilos adolescentes, alterados hormonalmente y encerrados en un centro exclusivamente de varones, era nefasta», prosigue.
Quim subraya que algunos hermanos maristas eran buenas personas. Pero otros eran agresivos y vejaban a niños delante del resto de alumnos, como el hermano Victoriano, que humillaba a los menores que no estaban a la altura de sus expectativas durante los ejercicios.
El padre Durac
Uno de los dos abusadores de Albert, el primer denunciante, fue el hermano Dídac, un religioso que Quim recuerda como un hombre que se desplazaba por el pasillo «a gran velocidad» sobre «una silla de ruedas» y que «apestaba a orina». Dídac daba clases de informática. Invitaba a los alumnos a su despacho y les regalaba videojuegos o les mostraba animaciones grotescas de contenido pornográfico. «Era vox populi lo que hacía», insiste Quim.
Forzado por el deseo de conseguir una aventura gráfica de Indiana Jones, Quim terminó en el despacho de Dídac un día a la hora de comer. Allí el hermano marista le mostró imágenes pornográficas y le animó a tocarse mientras las veía. «Me quedé paralizado, y me eché a correr, logré huir de aquel despacho», explica.
El hermano Vidal
Quim ha denunciado estos hechos en la comisaría de los Mossos en Rubí y también los abusos que sufrió por parte del hermano Vidal. Este religioso era el tutor de Quim. «Yo era su preferido, sacaba buenas notas», contextualiza. A veces, cuando ponía faena, Vidal se paseaba por la clase para vigilar que los alumnos hicieran la tarea y terminaba colocándose detrás de Quim. «Me acariciaba por la espalda y descendía hasta el culo».
«Aquello me confundía», prosigue. «Porque me hacía sentir especial, que yo era su favorito. Pero también notaba que no estaba bien», explica, mientras describe unos tocamientos que, como ocurría con Albert, tenían lugar con el aula llena. «Me tocaba delante del resto de compañeros de clase», insiste. Los alumnos que lo veían permanecían callados, una reacción que mostraba el grado de impunidad del que gozaban todavía los abusadores a finales de los 80 y principios de los 90.
Más de un centenar de afectados
La investigación periodística sobre los abusos sexuales perpetrados en colegios religiosos que EL PERIÓDICO comenzó en febrero de 2016 ha hecho aflorar ya 53 denuncias policiales contra 21 docentes maristas (15 hermanos religiosos, cinco profesores seglares y un monitor de comedor) de los colegios de Sants-Les Corts, la Inmaculada y Ana Ravell (Barcelona), Champanat (Badalona), Valldemia (Mataró), Montserrat (Lleida) y Rubí por hechos acaecidos entre 1962 y el 2018.
Este diario, además, ha localizado a muchas más víctimas que no han presentado denuncias policiales y que habían estudiado en estos centros o en otros, como los de Vic o Girona. En total, más de un centenar de afectados. Pero ni los casos denunciados ni tampoco los publicados han tenido eco en una justicia maniatada por un régimen de prescripción de los delitos ya superado y que el propio ‘Caso Maristas’ ha ayudado a reformular.
En febrero de 2020, cuatro años y una semana después del estadillo del ‘caso Maristas’, el Institut Germans Maristes firmó un acuerdo con la asociación Mans Petites, creada por Manuel Barbero, padre de una víctima, para compensar económicamente a los alumnos que sufrieron abusos sexuales mientras estuvieron escolarizados en centros catalanes propiedad de la orden. La congregación religiosa pagó, al final, una indemnización a 25 víctimas. En total: unos 350.000 euros.
Una portavoz de los Maristas recuerda que cualquier exalumno que haya sufrido abusos sexuales en colegios de la institución puede ponerse en contacto con la misma a través del correo(1) para poder ser «atendido» por la comisión de acogida de las víctimas con casos prescritos, como los de Albert o Quim.
(1) Correo crr.catalunya@maristes.cat

















