Detonación metafísica · Juan José Millás

diciembre 19, 2025

Es posible que la Iglesia haya resuelto el misterio de la eucaristía con una pedagogía eficaz: creer sin sentir

Varios fieles se acercan a recibir la comunión durante una misa, el pasado mayo en la iglesia Santa María Catedral de Chiclayo (Perú) | Paolo Aguilar (EFE)
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Juan José Millás, El País, 19 de diciembre de 2025

Según la doctrina, cuando el sacerdote consagra la hostia y el vino, aquella se convierte literalmente en el cuerpo de Cristo y este en su sangre. No metafóricamente, no simbólicamente, no: de forma literal. Una operación ontológica de primer orden, un cambio radical de sustancia. Pero entras en una iglesia y lo que ves es un hombre en casulla con gesto cansado, unos monaguillos distraídos y un puñado de fieles pensando en la lista compra.

Uno esperaría, ante tal milagro, que el altar fuera declarado zona de peligro sísmico. Si lo que la doctrina afirma es cierto, ahí ocurre un terremoto en la materia. ¿Cómo es posible que no haya ambulancias en la puerta ni cardiólogos de guardia para atender a los celebrantes y al público? ¿Acaso no deberían caer fulminados ante la trascendencia de una maravilla semejante?

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El “Juicio del Mono”: el aula de pueblo a la que entró Charles Darwin y abrió el enfrentamiento global entre ciencia y religión

julio 12, 2025

Hace exactamente cien años, el profesor John T. Scopes fue condenado por no aferrarse a los textos bíblicos dentro de un salón de clases. El caso abrió un gran debate sobre los derechos civiles

John T. Scopes tenía 24 años cuando fue convocado para luchar por la libertad dentro del aula. Sería condenado rápidamente / (Wikipedia: Smithsonian Institute)
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Fuentes. Infobae (Julieta Roffo)/ La Provincia (Fernando Hernández Guasch) 12 de julio de 2025

«Aquel que cree disturbios en su casa heredará el viento, y el tonto se convertirá en el sirviente del sabio de corazón» (‘Libro de los Proverbios’ 11:29, palabras del Rey Jacob, pronunciadas por John Scopes al comenzar el juicio.

No muchos estadounidenses conocían en detalle cómo era Dayton, una ciudad de Tennessee, en el sur del país. Pero eso cambió radicalmente en julio de 1925, cuando un juicio en apariencia local se volvió una discusión de dimensión nacional. Lo que estaba en tensión era nada menos que la convivencia entre la religión y la ciencia, y la disputa entre esos dos universos respecto de cuál terminaría por ser el eje que organizara la educación pública norteamericana.

El proceso judicial fue breve y empezó hace exactamente un siglo, el 10 de julio de 1925. En el banquillo de los acusados estaba John T. Scopes, un profesor de educación física de apenas 24 años que, además, daba clases de ciencias. Estaba imputado por la presunta violación de una ley estatal, sancionada unos meses antes y conocida como Ley Butler, que establecía que estaba terminantemente prohibida “la enseñanza de cualquier teoría que niegue la historia de la Divina Creación del hombre tal como se encuentra explicada en la Biblia, y reemplazarla por la enseñanza de que el hombre desciende de un orden de animales inferiores”.

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Cien años del “juicio del mono de Scopes”, la condena a la enseñanza de la evolución

mayo 19, 2025

Un joven profesor de biología fue encausado en 1925 por enseñar las teorías de Darwin en EE UU, un conflicto que sigue coleando un siglo después. El juicio fue tan popular que fue el primero retransmitido en directo por la radio

El abogado y político estadounidense William Jennings Bryan defiende a la fiscalía durante el «juicio del mono» de Scopes, en Dayton, Tennessee, en 1925 / Archivo Hulton/Getty Images
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Javier Yanes, El País, 19 de mayo de 2025

Hace 100 años, en la Norteamérica rural se celebró un juicio del que podría decirse que merece una película, si no fuera porque ya se hizo: en 1960, Stanley Kramer dirigió Inherit the Wind (La herencia del viento), basada en la obra de teatro homónima de Jerome Lawrence y Robert Edwin Lee, y que ficcionaba el famoso litigio en el que John Scopes, un joven profesor de biología de instituto, fue encausado por enseñar la evolución darwinista. El “juicio del mono de Scopes”, como se conoció entonces, fue un hito en la eterna batalla del pensamiento científico racional contra el negacionismo basado en creencias, un conflicto que sigue coleando un siglo después.

La historia comienza un domingo de 1921 con un sermón en la iglesia baptista de Dayton, Tennessee. Un predicador relata cómo una mujer perdió la fe después de asistir a un curso sobre evolución en la universidad. Entre los feligreses se encuentra un rudo granjero llamado John Washington Butler, que no se limita a escandalizarse como los demás; aterrado por la posibilidad de que alguno de sus hijos siga el camino de aquella mujer, al año siguiente se presenta a las elecciones de la Cámara de Representantes de Tennessee con una promesa electoral: en ningún centro educativo público se enseñará la teoría de Darwin.

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La fe no es ciencia · Senén Barro Ameneiro

enero 2, 2025

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Jaime Mayor Oreja / Aránzazu Navarro – Fuente
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Senén Barro Ameneiro, El Diario, 2 de enero de 2025

Desde un atril privilegiado, el del Senado[1], Jaime Mayor Oreja, un político español que fue ministro de Interior, afirmó que la mayor parte de los científicos creen en “la verdad de la creación ante el relato de la evolución”. Cualquier persona es libre de creer y decir lo que considere conveniente ante las muchas incógnitas e incertidumbres con las que convivimos. El problema es hacerlo suplantando los resultados de la ciencia, lo que supone autoengañarse, y, peor todavía, intentar engañarnos a los demás con información falsa. La ciencia ha demostrado la veracidad de la teoría de la evolución, por lo que no podemos calificarla de “relato”, a modo de invención interesada y sin fundamento. 

Son populares los dibujos en los que se representaba a un mono con la cara de Darwin para ridiculizar a este por atreverse a cuestionar científicamente las creencias basadas en la fe. Aunque no es seguro del todo, la etiqueta del famoso Anís del Mono podría responder también a este fin. No está mal poner humor incluso en lo serio. De hecho, escuchando a Mayor Oreja yo mismo imaginé que desde el atril del Senado hablaba un cerebro simiesco, y me preguntaba qué clase de involución se está produciendo en una parte de la sociedad, y en el Senado mismo, para que haya tenido lugar este esperpento desde tan singular tribuna. 

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Tumbando falsas creencias

mayo 27, 2021

Hasta principios del siglo XIX no se encontró base científica para explicar a qué es debido el color rojo que a veces presenta el pan y que la Iglesia utilizó para acreditar la transustanciación

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‘La misa de Bolsena’, obra de Rafael Sanzio en la Sala de Heliodoro del Vaticano

Montero González, El País, 27 de mayo de 2021

La ciencia ha venido a tumbar viejos idealismos cuyo origen ha sido fundado en la falsa interpretación de los hechos naturales. La historia que aquí traemos es tan solo un ejemplo.

Se trata del relato que guarda relación con la festividad del Corpus Christi (1), señalada en nuestro almanaque como conmemoración de la Eucaristía, o lo que es lo mismo, como conmemoración del momento de la transustanciación por la cual el pan y el vino se convirtieron en cuerpo y sangre de Cristo.

Porque el banquete pascual viene celebrándose a los sesenta días del Domingo de Resurrección desde que en 1263, en Bolsena, en la región italiana de Umbría, un sacerdote de Praga se detuvo en la Iglesia de Santa Cristina para celebrar una misa. Mientras declamaba las palabras de consagración, ocurrió el milagro de la transustanciación y la Hostia se convirtió en sangre.

Dicho milagro sería interpretado siglos después, en 1512, por Rafael Sanzio con el fresco que pintó sobre la ventana de la Sala de Heliodoro, en el Vaticano, y que lleva por título La misa de Bolsena. En dicha pintura aparece Julio II, barbado y anciano, arrodillado frente al sacerdote que sostiene la Hostia donde se aprecia una cruz de sangre.

La propaganda de la Iglesia católica instrumentalizó el hecho ocurrido en Bolsena aunque el pan llevaba convirtiéndose en sangre desde hacía tiempo

La propaganda de la Iglesia católica instrumentalizó el hecho ocurrido en Bolsena aunque el pan llevaba convirtiéndose en sangre desde hacía tiempo. El historiador romano Quinto Curcio Rufo nos cuenta cómo, en el año 332 a.C, estando los hombres de Alejandro Magno asediando la ciudad de Tiro, en el momento de cortar unas rebanadas de pan, vieron brotar unas gotas de sangre y se asustaron. Entonces el adivino Aristandro los calmó, diciéndoles que era buen presagio, ya que la sangre brotaba de la parte de adentro. Esto fue lo que les dio esperanzas para tomar la ciudad.

Hasta principios del siglo XIX no se encontró base científica para explicar la conversión del pan en sangre. Fue gracias a Bartolomeo Bizio, un joven estudiante italiano de farmacia que, experimentando con sémola de maíz, descubrió cómo esta, al contacto con el aire caliente y húmedo, se cubría con un pigmento rojo y gelatinoso denominado prodigiosina y que Binzo identificó erróneamente con un hongo. Lo bautizó como Serratia marcescens en honor del monje toscano del siglo XVIII Serafino Serrati, pionero de la propulsión a vapor en los barcos.

La historia de la ciencia es una historia de errores y de superación de los mismos. En este caso, la prodigiosina no solo sirve de ejemplo para ilustrar cómo el pensamiento mágico puede ser aplastado, sino también para acercarnos a uno de los mayores errores científicos contemporáneos. Porque en un primer momento, la citada prodigiosina se utilizaría como marcador biológico sin conocer su riesgo letal.

La pintura y la guerra quedaron unidas en la historia por obra de una bacteria letal cuyo aspecto es semejante al de la sangre

En 1950, la Armada estadounidense practicó un simulacro de guerra bacteriológica para probar hasta qué punto estaban los norteamericanos preparados para la misma. Dispuso que una serie de barcos militares arrojasen al mar grandes cantidades de Serratia marcescens, bacteria que luego el viento arrastró hasta San Francisco. Aún se desconocía lo mortífera que podía resultar la citada bacteria y hubo casos de infección urinaria y neumonía, así como casos de muertes por endocarditis, una inflamación de la envoltura interna de las cámaras y válvulas cardíacas.

De esta manera la Serratia marcescens se convertiría en una bacteria con alto riesgo de infamia colectiva desde que, un lejano día, la iglesia católica decidiese utilizar el truco del milagro para así dormir la razón científica; una verdad que sería despertada por un joven estudiante de farmacia, siglos después, para terminar siendo explotada con fines militares. Entre medias, Rafael Sanzio interpretó el milagro del arte sobre una ventana del Vaticano. Con estas cosas, la pintura y la guerra quedaron unidas en la Historia por obra de una bacteria letal cuyo aspecto es semejante al de la sangre.

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(1) El papa Urbano IV instituyó la fiesta del Corpus en 1264 y en España dejó de ser fiesta en 1989. Es una fiesta de la Iglesia católica destinada a ensalzar la Eucaristía, tal y como la institucionalizó Jesús en la Última Cena, al convertir el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre. Se pretende proclamar y aumentar la fe en la presencia de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, dándole pública adoración. (El País)