Hace exactamente cien años, el profesor John T. Scopes fue condenado por no aferrarse a los textos bíblicos dentro de un salón de clases. El caso abrió un gran debate sobre los derechos civiles

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Fuentes. Infobae (Julieta Roffo)/ La Provincia (Fernando Hernández Guasch) 12 de julio de 2025
«Aquel que cree disturbios en su casa heredará el viento, y el tonto se convertirá en el sirviente del sabio de corazón» (‘Libro de los Proverbios’ 11:29, palabras del Rey Jacob, pronunciadas por John Scopes al comenzar el juicio.
No muchos estadounidenses conocían en detalle cómo era Dayton, una ciudad de Tennessee, en el sur del país. Pero eso cambió radicalmente en julio de 1925, cuando un juicio en apariencia local se volvió una discusión de dimensión nacional. Lo que estaba en tensión era nada menos que la convivencia entre la religión y la ciencia, y la disputa entre esos dos universos respecto de cuál terminaría por ser el eje que organizara la educación pública norteamericana.
El proceso judicial fue breve y empezó hace exactamente un siglo, el 10 de julio de 1925. En el banquillo de los acusados estaba John T. Scopes, un profesor de educación física de apenas 24 años que, además, daba clases de ciencias. Estaba imputado por la presunta violación de una ley estatal, sancionada unos meses antes y conocida como Ley Butler, que establecía que estaba terminantemente prohibida “la enseñanza de cualquier teoría que niegue la historia de la Divina Creación del hombre tal como se encuentra explicada en la Biblia, y reemplazarla por la enseñanza de que el hombre desciende de un orden de animales inferiores”.
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Posted by asturiaslaica 


















