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Ernesto Ferc, Plataforma en defensa del patrimonio de Sevilla, 30 de agosto de 2026
Hay quien cree que los verdaderos prodigios de la era moderna ocurrieron en los laboratorios de Silicon Valley o en la carrera espacial. ¡Ilusos! El mayor acto de prestidigitación inmobiliaria de la historia contemporánea de España no necesitó tecnología punta, sino algo mucho más eficaz: un BOE, un Gobierno amigo y la bendita pluma de José María Aznar.
Porque, reconozcámoslo, hay amigos que te invitan a unas cañas y hay amigos que te ponen a nombre propio cerca de 35.000 inmuebles sin despeinarse. A finales de los noventa, el Ejecutivo de Aznar decidió que la Iglesia Católica tenía un problema gravísimo: no podía poner a su nombre hasta el último cortijo, ermita, solar y piso con la misma facilidad con la que un curilla firma un bautizo. Y claro, ante semejante «discriminación» —la de tener que demostrar que algo es tuyo igual que el resto de los mortales—, papá Estado acudió al rescate.
Posted by asturiaslaica 


















