Asturias pudo elegir otra autonomía | Pablo Martínez Corral

Sobre el significado del hallazgo del proyecto de Estatuto que dibujaba una región asturleonesa

Consejo Interprovincial de Asturias y León, Gijón enero de 1937 | Foto original Constantino Suárez / Museo del Pueblo de Asturias [1]
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El historiador Pablo Martínez Corral está detrás del descubrimiento de un valioso documento en el Archivo General Militar de Ávila, ya desgranado por LA NUEVA ESPAÑA. Se trata de un proyecto de Estatuto del Consejo Regional de Asturias y León, alumbrado en plena contienda de la Guerra Civil y que planteaba aglutinar, junto al territorio asturiano, a León, Zamora y Salamanca, así como un esbozo de instituciones y objetivos para articular su autonomía dentro del marco estatal. El historiador reflexiona en este artículo sobre el significado de un hallazgo al que los expertos dan mucha importancia.

Pablo Martínez Corral, La Nueva España, 17 de agosto de 2026

Asturias no estaba condenada a llegar a 1981 de la mano de Pelayo. La historia del autogobierno asturiano no puede reducirse a una línea que conduzca inevitablemente desde Covadonga hasta el Estatuto. Esa es una genealogía construida, no el único camino posible. Asturias existió antes como comunidad y sobre ella se proyectaron formas muy diferentes –y muchas veces enfrentadas– de entender el país. Las élites construyeron con enorme éxito la Asturias de Covadonga y la Reconquista: una tierra singular porque habría sido la cuna de España. Ese relato permitió reconocer Asturias y, al mismo tiempo, neutralizar políticamente su singularidad. El país podía ser exaltado siempre que su historia terminase desembocando en una España unitaria. El franquismo llevó esa tradición hasta convertirla en uno de los grandes mitos del nacionalcatolicismo.

Pero no fue el único proyecto. Hubo federalistas, regionalistas, republicanos y, sobre todo, una poderosa sociedad obrera que fue haciendo país desde otro lugar. Minas, fábricas, ferrocarriles y puertos conectaron el territorio; sindicatos, cooperativas, agrupaciones socialistas, ateneos y casas del pueblo construyeron una escala asturiana de organización. El movimiento obrero no necesitó proclamarse nacionalista para apropiarse políticamente del territorio. Su preocupación eran los salarios, la vivienda, la educación, la sanidad o el control de los recursos, pero al organizar esas luchas estaba creando redes, cuadros y capacidad de gobierno.

La guerra transformó esa capacidad social en poder efectivo. Después de julio de 1936, los comités, el Comité Provincial y finalmente el Consejo Interprovincial de Asturias y León tuvieron que administrar producción, abastecimientos, transportes, justicia, sanidad, orden público y defensa. El autogobierno no comenzó el 24 de agosto de 1937. Se construyó mucho antes, reunión tras reunión, porque el aislamiento obligaba a resolver en Asturias cuestiones que Valencia no podía atender a tiempo. Las propias actas muestran a un Consejo que dejó de ser un simple transmisor de órdenes y se convirtió en una verdadera administración regional.

En ese contexto aparece el proyecto de Estatuto[2] del Consejo Regional de Asturias y León, conservado en el Archivo General Militar de Ávila. El documento es mecanografiado, presenta correcciones y carece de fecha y firma. No sabemos quién lo redactó ni podemos atribuírselo a una persona concreta. Pero pertenece documentalmente al mundo institucional del Consejo y puede situarse prudentemente durante la etapa del Consejo Interprovincial, antes de la proclamación soberana. Eso cambia la perspectiva: no estamos ante una ocurrencia provocada por el derrumbe de Santander, sino ante el intento de pensar cómo aquella autonomía que ya se estaba practicando podía transformarse en una organización política duradera dentro de la República.

Aquí aparece una cuestión que va mucho más allá del documento. Había alternativas para imaginar Asturias. Una era la Asturias de Covadonga. Otra, la Asturias administrativa. Otra, la federal. Y durante la guerra apareció una Asturias popular que vinculaba autogobierno con trabajo, Hacienda, justicia, transportes, sanidad y control de los recursos. Incluso podía imaginarse Asturias más allá de los límites provinciales, recuperando su relación histórica con León y un espacio asturleonés que también pertenecía a nuestra memoria. ¿Por qué recordar únicamente a Pelayo y no reivindicar también otras tradiciones políticas de aquel viejo espacio común, incluso aquellas Cortes leonesas que forman igualmente parte de esa historia? No para inventar una continuidad medieval, sino para demostrar precisamente que el pasado disponible era mucho más amplio que el finalmente elegido.

Sin embargo, nuestra autonomía terminó simbólicamente abrazada otra vez a Covadonga y a la Santina. Y eso significaba mucho más que escoger una festividad. Se escogía un paisaje, una genealogía y una determinada manera de explicar Asturias. Frente a la Junta de 1808, Sama, Gijón o el Consejo de 1937, volvieron la cueva, Pelayo y la Reconquista.

Se construyó un Estatuto, se levantaron instituciones y se recuperó la Junta General, pero en el fondo no se abandonó por completo el viejo regionalismo provinciano. La nueva autonomía necesitó una memoria y volvió a escoger, en buena medida, la más antigua y la menos incómoda. Los lugares de memoria también son decisiones políticas: determinan qué pasado convertimos en tradición y qué otros pasados dejamos en los márgenes. Se nos vistió otra vez con la vieja casulla.

El documento de 1937 no demuestra cuál debía haber sido la Asturias de 1981. Demuestra algo quizá más incómodo y mucho más fértil: que había alternativas. Asturias podía haberse contado desde Covadonga, pero también desde sus experiencias de soberanía, desde el municipalismo, desde el movimiento obrero, desde la República, desde León o desde quienes intentaron gobernar colectivamente sus recursos.

Pablo Martínez Corral es historiador e investigador de «La Trókola», asociación asturiana dedicada al estudio, la investigación, la recuperación y la divulgación de la memoria histórica y social

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Notas Asturias Laica

[1] La foto de Constantino Suarez incluida en el blog tiene «retocada» la nitidez con IA (ver original difundida en prensa). De izquierda a derecha, Onofre García Tirador, Ramón Fernández Posada, Maximiliano Llamedo (de pie), Antonio Ortega, Valentín Calleja, Belarmino Tomás, Juan Ambou, Gonzalo López, Rafael Fernández (de pie), Maldonado y Aquilino Fernández Roces.

[2] Hallan un plan de Estatuto de Autonomía de Asturias hecho durante la Guerra Civil que aglutinaba también a León, Zamora y Salamanca (incluye el texto del proyecto de Estatuto)

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