Tanta paz lleves como descanso dejas, León | Isabel Valdés

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El Papa León XIV a su paso por el Congreso de los Diputados en el papamóvil, a 8 de junio de 2026, en Madrid | César Vallejo Rodríguez / Europa Press
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Isabel Valdés, El País FEM, 11 de junio de 2026

Señoras, qué hubo. ¿Vengo yo también a turrear con el Papa? Pues sí porque cómo no hacerlo después de verlo el lunes en el Congreso de los Diputados, y las Diputadas. Y quizás sobre todo por eso, por escucharlo tras ser recibido, boato mediante, en la cámara de representación del pueblo. De todo el pueblo. Ellas -25.286.835 españolas- y ellos -24.400.285 españoles-. Y se crea en Dios, en Alá, en el tarot o en los cristales o en nada porque entre otras cosas ese hemiciclo está para que aunque no creas nada o lo hagas en los cristales dé igual.

La democracia -se supone- te ama tal y como eres. Así es ella, ya en su mediana edad, nacida post muchos muertos asesinados y asesinadas y mucha represión y mucha obligación de creer en Dios y mierdas varias que han venido dándose de la mano siglos ha y solo han sobrevivido precisamente porque se la agarraron pero bien.‌

Breve recordatorio que acabada la guerra civil española Franco volvió a hacer el conveniente revuelto de unidad religiosa y política: instauró el catolicismo como religión oficial y no solo, hizo de él base y eje -y pozo sin fondo- de su dictadura. Lo que se acabó llamando nacionalcatolicismo, que lo escribo y me huele a cerrao y al perfume que ayer olfateé en un bus de un chaval que calculé aún no estaba en bachillerato y llevaba en la muñeca derecha una bandera de España con la Cruz de Borgoña. Sectario y franquista, la criatura, igual sin saber qué supone ser sectario y franquista o sin saber qué es la Cruz de Borgoña. O igual sí y no sé qué es peor.

Pero hechos los apuntes, la cosa, el Papa y su discurso en un privilegiadísimo espacio que el Estado Español, laico, le cedió. Colocaditos y colocaditas en sus asientos diputadas y diputados. “Ansiosos por escucharle”, le pasó la palabra la presidenta de las Cortes, Francina Armengol.

La presidenta del Congreso, Francina Armengol, justo antes de darle la palabra a León XIV | César Vallejo Rodríguez / Europa Press
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‌Ahí yo ya estaba ojiplática perdida, y no porque fuese la primera vez -Juan Pablo II habló en 2002 en el Parlamento italiano ante congresistas y senadores, Benedicto XVI en 2010 en el Westminster Hall de Londres, y Francisco en el Congreso de Estados Unidos en 2015- sino porque pasaba otra vez y porque pasaba en 2026 y porque pasaba en el hemiciclo español, que no es ni el italiano en 2002 ni el inglés en 2010 ni el estadounidense en 2015. Y a partir de aquí tengo preguntas.‌

¿Me parece mal sin más que el Papa hable en la sede de la soberanía popular porque estoy convencida que no deberían las religiones ocupar espacio en esa sede o me parece mal que lo haga él porque sé -o creo saber- que no van a ser invitados líderes de otras mayorías o minorías religiosas ni por supuesto líderes o lideresas de movimientos sociales que nada tengan que ver con la religión pero sí con el bienestar y la dignidad de a quienes representa esa cámara?

¿Me molesta que dijera que hablaba como jefe de Estado cuando es obvio que es inseparable en el imaginario social ese poder del de Sumo Pontífice o porque su jefatura de Estado es una teocracia con la que convivimos sin protestar ni escudriñar mucho?

¿Me pica que ocupara ese estrado durante media hora o los aplausos de seis minutos y 48 segundos de diputados y diputadas? ¿O más aún que cuando busqué a quién habían aplaudido así me encontrara que a quien había arrebatado el récord había sido a la princesa Leonor a la que aplaudieron 3’49’’ el 31 de octubre de 2023 cuando juró la Constitución y a ella la había precedido su padre, el Rey, con 3’51’’ en la apertura de la legislatura el 3 de febrero de 2020? ¿De dónde sacamos trapos todavía para ponernos debajo de las rodillas y rendir estas pleitesías, monárquica y católica, desde el sitio que representa lo que nos sacó de ambas y de lo que ambas suponían?

La «palabra serena y firme»

¿Por qué aplaudieron 6’48’’ después de que el Papa les dijese tranquilamente desde un atril que no le corresponde que sí le corresponde decirles “una palabra serena y firme” y esa “palabra serena y firme fue llamar “cultura del descarte” al derecho al aborto y a la eutanasia?

¿O después de cascarles que esos dos derechos que protegen la vida de millones de mujeres y personas en estadios avanzadísimos de enfermedades sin vuelta atrás y con un dolor insufrible eran dejar de reconocer como valor fundamental la vida? ¿O después de decirles para nada sutilmente que igual muy justo no era este país si creía en la capacidad de las mujeres para decidir su propia vida y en la de las personas en la más absoluta mierda sobre cuándo morir?

¿Por qué aplaudieron 6’48’’ los diputados y diputadas de todos -pero sobre todo de todas porque al parecer se les olvidan las todas- tras la frase sobre que “la defensa de la vida humana es una meta de civilización” cuando se está dejando fuera la defensa de la mitad del mundo? ¿O tras afirmar que la ley “pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona” cuando se aprueban leyes como esas?

¿Aplaudieron 6’48’’ porque el Papa defendió la migración y ya el ataque a más de la mitad de la población importa tres huevas? ¿Porque estaban tan extasiados con tener a León en casa que no fueron capaces de atender a ningún pensamiento racional y democrático un segundo y pensar “a ver, esto mal, que no pueden convivir la defensa de los derechos humanos de parte de la población con el ataque a más de la mitad de la población porque claro, los derechos humanos no son derechos humanos si no son de cualquier persona de este mundo”?

¿A nadie se le ocurrió encajar que cuando dijo que “allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos” se le estaba olvidando su propia discriminación y su propia vulneración de la igual dignidad de las mujeres?

¿Estaba el Congreso a rebosar escuchando hablar contra el odio a quien afirma que quien menos importa son las mujeres y que sus vidas y su libertad valen menos que las de resto? ¿Escuchando hablar de pluralidad a quien dice que la familia la conforma un hombre y una mujer y unos hijos, y escuchando hablar de paz a quien niega que gays, lesbianas o personas trans puedan unirse en esa familia de la que tanto gusta y a lo más que alcanza es a decir que “no es un crimen”?

¿Diputados y diputadas aplaudieron 6’48’’ a una invitación a “alzar la mirada” y a una lección sobre «la altura de miras” y sobre “mirar con más hondura aquello que está en juego en cada decisión pública” de quien pisó esa cámara de representación democrática para atacar las leyes votadas por esa cámara de representación democrática y la libertad y los derechos de más de la mitad de su población?

El aplausito | Eduardo Parra / Europa Press
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A los del «discurso humanista»

Mirad que siento vergüenza algunos días cuando hay Pleno del Congreso o sesión de control al Gobierno, pero siento vergüenza a cachitos, a sillones, a nombres. Ayer sentí vergüenza mayestática y extensiva. No escapó un solo sillón ni ningún pasillo después cuando más de uno habló de un “discurso humanista”. ¿De qué humanidad? De la que vienen con testículos (entiendo). Y de los de testículos que además se sienten como tales y concuerdan con todo lo que tienen que concordar (nos entendemos todas).

¿Se puede permitir a la peña decir cosas en el Parlamento que contravienen los derechos humanos? Pues oye, creo yo que no, pero ahí pasa a cada tantito y de ahí mi vergüenza algunos días cuando los escucho, pero también esos días hay quien responde a la ofensiva y la manipulación y la canalización de los derechos más básicos -las vidas- de señoras, gays, lesbianas o personas trans. El lunes por lo que sea nadie pensó en hacerlo.

¿Porque les pareció normal? ¿Porque les pareció bien? ¿Porque cómo contradecir a ese señor? ¿Porque en este mundo absolutamente desquiciado se agarran a la mínima migaja como si fuese el pan de todo un año? ¿Porque es tan mierda parte de este mundo que algo tan básico como defender el derecho de la migración y de las personas migrantes se ve como una hazaña? Perdone señor, es lo mínimo.

No sé si os acordáis de múltiples viñetas de un señor lavando los platos o haciendo cualquier otra cosa habitual en una casa y esperando a que se lo aplaudan porque ayudó.

Pues eso.

Es un símil ligerísimo, pero ahora mismo nos va a valer porque de una década para acá se ha hablado mucho de la ventana de Overton, ese huequito en el que las ideas que están dentro son aceptables para la mayoría, y de cómo nos han ido moviendo con la puntica del pie ese huequito cada día para que cada vez nos parezcan razonables cosas menos razonables hasta que nos parezcan razonables cosas locas.

¿Sabéis a quien no le han movido el ventanuco? A las señoras. A las señoras feministas.

Estás tú que le mueves a esas -vosotras, yo, nosotras- la ventana. La tenemos con cero margen de ser recolocada porque llevamos sabiendo cuánto cuesta cada milímetro que se desplaza toda la historia de la humanidad porque para nosotras siempre ha estado mal ubicada. Esos mínimos aceptables para la mayoría nunca nos han correspondido. Nunca hemos formado parte del todo de esos mínimos aceptables.

Y la ventana está peor colocada cuanto menos correspondes a la mayoría: la blanquitud, la riqueza, el poder.

Nosotras nunca hemos dejado de estar ojipláticas, y cabreadas, y a la pelea -cada una como puede-, con lo que creemos que es injusto. No solo para y con nosotras sino para y con el resto.

El Papa se despidió así de nuestros diputados y diputadas: “Que Dios conceda paz a todas las naciones de la tierra, concordia a las familias y serenidad a las conciencias. Y que, sobre el Reino de España, marcado por la huella apostólica de Santiago y por la presencia maternal de la Virgen del Pilar, desciendan días de prosperidad, justicia y paz duradera. Muchas gracias”.

Yo nos deseo una paz, una prosperidad y una justicia que sabemos que nos vamos a tener que currar como cabronas. Que nadie nos mueva nunca nuestro ventanuco. Que nos levantemos cada día con la capacidad de seguir incendiándonos por lo que no tiene que ser.‌

Y que el feminismo esté con vosotras. 

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Cosas, cositas

Por si tenéis curiosidad os dejo aquí las palabritas en sedes democráticas de los últimos 20 años.‌

Juan Pablo II en Italia, 2002.‌

Benedicto XVI en Reino Unido, 2010.‌

Francisco en Estados Unidos, 2015.‌

León XIV en España, 2026. ‌

Y esto de Julio Núñez, De la crítica a la conquista de América a la negación del aborto: las 10 claves del discurso de León XIV ante el Congreso.

P.D. Sé que me he dejao un montón de cosas, de la pobreza y el capital inmobiliario de la Iglesia a la presencia de mujeres en su estructura o la violencia sexual cometida contra niños y niñas por curas y demás personal o el dineral que ha tenido que costar montar la pompa pero ya el calor en los coles pues qué más da, pero es que todo no puede ser. 

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