El premio Rafaela Lozana, de carácter anual, tiene por objetivo reconocer la labor de mujeres o asociaciones de mujeres que se han destacado por llevar una vida de compromiso con la justicia social desde el punto de vista de los derechos humanos

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Asturias Laica, 17 de marzo de 2024
El viernes pasado, 15 de marzo, en El Café de Macondo de Gijón se celebró el acto de entrega del galardón Rafaela Lozana 2024 a la historiadora Enriqueta Ortega Valcárcel.
El jurado de este año estuvo compuesto por compuesto por Ana Solís, Asunción Naves, Blanca Pantiga, Carmen Vázquez y Patricia Martínez. El premio lo entregó la Directora General de Memoria Democrática de Asturias, Begoña Collado.
La galardonada en este 2024, Enriqueta Ortega, es historiadora e investigadora, y trabajó como profesora de Historia, además de haber formado parte del grupo Eleuterio Quintanilla partidario de la Educación Intercultural Antirracista. Dos aspectos destacó el jurado para la concesión del premio:
– Su compromiso con la Memoria Democrática. Fue pionera en Asturias en el estudio de la represión franquista y el exilio republicano, autora de La represión franquista en Asturias. Ejecutados y fallecidos en la cárcel del Coto de Gijón. Azucel 1994 y Exilio republicano asturiano: historias de vida. Impronta 2019 con Rosa Calvo Cuesta). A su trabajo como investigadora suma su esfuerzo divulgativo y su trabajo por incentivar la mirada de género en la memoria democrática (a ella se debe la colocación de una placa en la gijonesa plaza de Europa a las mujeres republicanas fusiladas en Gijón por defender la democracia y la libertad).
– Su compromiso con una sociedad multicultural. Formó parte activa del grupo Eleuterio Quintanilla que desde 1994 y de forma altruista trabajan por una Educación Intercultural Antirracista, defendiendo la diversidad como un factor de enriquecimiento social.
Acto
El acto se iniciaría con una intervención de Ana Solís que presentaría a la asociación que concede el premio, FAMYR, seguida de la de Patricia Martínez, periodista y miembro del jurado, que glosaría la figura de Rafaela Lozana(1)de la que también hablaría Enriqueta Ortega al recoger el premio.
Intervenciones iniciales de Ana Solís y Patricia Martínez
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Seguiría la intervención de Ana Solís con la lectura del acta y una pequeña reseña de la premiada, la entrega del galardón por Begoña Collado, Directora General de Memoria Democrática de Asturias, y las palabras de agradecimiento de Enriqueta Ortega con su recuerdo a la memoria de Rafaela Lozana.
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Audio
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El punto y final del acto, lo pondrían las palabras de la Directora General de Memoria Democrática de Asturias.
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(1)¿Y quién era Rafaela Lozana?
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De la mujer que da nombre al galardón hablarían en el acto tanto Patricia Martínez, periodista que formó parte del jurado, como Enriqueta Ortega al recoger el premio. Un folleto monográfico del Ateneo Obrero sobre El Paredón. Las fosas comunes en El Sucu (Ceares), añade datos y documentos:
Rafaela Lozana era madre de uno de los miles de fusilados en Gijón (juzgado el 14 de Diciembre de 1937 y fusilado el 9 de Enero de 1938), y enterrado en la fosa común de El Sucu. Intentó recoger los restos de su hijo y al no poder hacerlo, ni siquiera localizar su lugar de enterramiento, dedicó su tiempo y vida a la custodia de los restos de todos los fusilados, primero en las zanjas y después en los traslados a las fosas.
Fue una de las muchas mujeres que de manera clandestina, y vestidas de negro, (como recordaría Enriqueta Ortega, símbolo de luto «prohibido a las rojas»), visitaban la supuesta tumba donde estaban sus familiares para depositar flores en la tumba. Y en una de esas ocasiones observaron cómo varios trabajadores empezaban a levantar la fosa y a exhumar sus huesos.
Rafaela Lozana inició visitas continuas a la Alcaldía de Gijón reclamando el derecho a reunir los restos de los fusilados en «fosa común». Visitas ala Alcaldía, escritos, y solicitudes envidas a Gobernadores Civiles, Obispos, Jefe de Estado, llegando al Vaticano; todo fue infructuoso. Pero a su tesón, y a su presencia diaria en el lugar, se debe que ni los huesos de la fosa se destruyeran (un concejal había dado orden de trasladarlos al osario para su destrucción) ni fueran trasladados al Valle de los Caídos cuando desde le Gobierno Civil se había dado la orden al Ayuntamiento.
Finalmente, 24 años más tarde, en 1960, vio cumplidos sus deseos. Compró, además, una sepultura a pocos metros del monumento funerario, donde reposan sus restos. Murió en 1974 a los 102 años.

















