La ruta por las brujas españolas

La historia de las brujas es muy amplia en nuestro país, donde se demuestra la obsesión de la iglesia por todos los temas de tipología sexual…

 Cuevas de Zugarramurdi
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Edmundo Fayanás Escuer, Nueva Tribuna, 3 de junio de 2023

La historia de las brujas es muy amplia en nuestro país, donde se demuestra la obsesión de la iglesia por todos los temas de tipología sexual. Por eso, le prepongo una ruta por varios pueblos de España. Empezaré por Cernégula, la soriana Barahona, el pueblo zaragozano de Trasmoz y terminaré por Zugarramurdi, donde explicaré mucho más detalladamente los procesos contra las brujas realizado en España.

¿Me acompaña a conocer estos pueblos?

    1.- Cernéluga: La laguna de Cernéluga
    2.- Barahora: El Salvador de brujas
    3.- Trasmoz: Gustavo Adolfo Bécquer y Trasmoz
    4.- Zugarramurdi

    1.- Cernéluga

    La historia de Castilla está ligada, como en tantos otros lugares, a la historia de leyendas brujeriles y esotéricas. No sabemos si tales historias fueron verdad o puro cuento, de lo que no cabe duda de la existencia en muchos pueblos castellanos que tuvieron su relación con las mujeres del gorro en punta y la escoba.

    Cuando las brujas van a Cernégula, ata a tu vieja que acaso lo sea”, reza un dicho popular antiquísimo. Hay otro texto que dice: “los sábados las brujas de Cantabria, tras churrar y al grito de sin Dios y sin Santa María, por la chimenea arriba, donde parten volando en sus escobas a Cernégula celebran sus reuniones brujeriles alrededor de un espino, para luego proceder al bailoteo y chapuzarse en una charca de agua helada”.

    Cuentan que entre los remedios practicados por las mujeres embarazadas era que ponían ramos de ajos y cardos en las ventanas de sus hogares para espantar a estos seres. Esta es solo una de las muchas tradiciones que han trascendido hasta la actualidad.

    La laguna de Cernéluga
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    La laguna de Cernégula

    Cernégula es conocida como el pueblo de las brujas. Cuenta la leyenda, y las fuentes orales, que en la laguna de este pequeño pueblo se reunían las brujas de toda Castilla para realizar aquelarres y poner en común las últimas recetas mágicas aprendidas.

    Las crónicas hablan de Cernégula diciendo que era el lugar donde se reunían las brujas llegadas de Cantabria y Navarra con el ánimo de burlar las miradas de los inquisidores, que señalaron en varias ocasiones este lugar en su particular caza de brujas durante los siglos XV y XVI.

    La entrada a la localidad recuerda el pasado brujeril, al que sus vecinos aluden en sus casas. En la laguna en la que se reunían las famosas hechiceras, aparece la imagen de una bruja con una escoba y sus habitantes dicen que no saben si existieron las brujas, pero sí dicen que estuvieron aquí por algo será.

    Hay numerosas referencias en torno a las brujas por parte de los inquisidores del siglo XV y, especialmente, del siglo XVI, que se dedicaron a elaborar un mapa de puntos en los que las consideradas como brujas podrían reunirse para realizar los que para la iglesia católica eran peligrosos hechizos.

    De origen kárstico, la laguna es hoy el hábitat de sapos y culebras. Para llegar hasta la laguna de Cernégula, que es llamada “La Charca” o “La Pila”, es necesario atravesar todas las casas de esta pequeña población del Páramo de Masa. Esta laguna se alimenta de aguas pluviales y procedentes del deshielo. En invierno, gracias a una gruesa capa de hielo que se forma debido a las bajas temperaturas, permite patinar y aunque su nivel disminuye en verano, no se la conoce seca. 

    2.- Barahona

    Muchas tierras sorianas comparten protagonismo en las leyendas que sitúan a las brujas del bajo medievo en las tierras de Castilla y León. Este es el caso del municipio soriano de Barahona, cuya relación con la brujería se encuentra documentada en los diarios de la Santa Inquisición fechados en el siglo XVI.

    En este tiempo, la institución fue fundada, en el año 1478 por los Reyes Católicos para mantener la ortodoxia católica en sus reinos. El Santo Oficio se encargó de mantener la ortodoxia cristiana a lo largo y ancho de cada uno de los denominados pueblos malditos de Castilla y alrededores con el ánimo de limpiar las calles de magos y brujas.

    La caza de brujas que libró la Iglesia Católica entre el periodo que comprende los años 1609 y 1614 llevó a los inquisidores por todo el norte del país, para juzgar a cientos de personas relacionadas con la brujería y la magia negra.

    Tal fue el histerismo causado en los pueblos del norte de España, que según los documentos de la época se contabilizan por decenas las mujeres que ardieron en la hoguera en ese intervalo de tiempo, siendo el auto de fe, del siete de noviembre del año 1610 de Logroño, el más famoso. Se quemaron a seis supuestos brujos, algunos de ellos pertenecientes a poblaciones contiguas.

    Piedra en la que se cree que formulaban sus hechizos las Brujas de Barahona
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    El salvador de brujas

    En este proceso de búsqueda y captura de brujas, juega un papel muy importante el inquisidor Alonso Salazar Frías nacido en Burgos en el año 1564, y que murió en Madrid en el año1637, quien, tras el auto de fe de Logroño, se encargó de llevar a cabo miles de interrogatorios con una mirada diferente.

    Éste se encargó de recorrer buena parte de la geografía del norte del país y cuestionó algunas de las sentencias que otros inquisidores habían iniciado, llegando incluso a evitar el ajusticiamiento de dos acusados de brujería.

    A Salazar Frías se le conoce en los círculos de la época como el salvador de las brujas. Apelativo que consiguió después de estudiar miles de denuncias sobre brujería y cuestionar las mismas. Muchas de ellas partían de los sueños de niños que decían haber soñado con vecinos que participaba en aquelarres o de vecinos que se tomaron su particular venganza señalando a quienes no compartían sus ideas.

    Una verdadera epidemia que hizo que Salazar Frías tratase de definir con la siguiente frase: “No hubo brujos ni embrujados en este lugar, hasta que se comenzó a tratar y escribir de ellos”.

    En un informe posterior al Consejo Supremo en el año 1613, Salazar criticó duramente el procedimiento del tribunal durante el brote de la brujería acusando a otros colegas de haber aceptado como válidas acusaciones sin fundamento

    La propia Inquisición española ha dejado crónica de que el mismo Satanás presidía y bendecía los ritos, las pócimas y los brebajes alucinógenos de estas brujas hasta el canto del gallo. Como recuerdo de aquel pasado, real o no, gran parte de las casas de Cernégula mantienen su legado en forma de veletas con la figura de una vieja montada en su escoba que lucen en sus tejados.

    A diferencia de lo que ocurrió en el resto de Europa, en España murieron en la hoguera una veintena de brujas. Un dato inferior respecto a lo que ocurrió en otros países europeos como Francia y Alemania.

    3.- Trasmoz

    La historia se remonta al siglo XII, cuando se fundó el Señorío de Trasmoz, que durante los siglos XII y el XIII fue alternando entre el Reino de Aragón, hasta que Jaime I de Aragón lo conquistó definitivamente en el año 1232, 

    Durante el siglo XIII, los ocupantes del castillo falsificaban monedas. Para evitar que la población local investigara el raspado y martilleo, difundieron el rumor de que brujas y hechiceros hacían sonar cadenas y forjaban calderos para hervir pociones mágicas por la noche.

    Trasmoz era una comunidad próspera y un poderoso feudo, lleno de minas de hierro y plata y vastas reservas de madera y agua. También, era territorio laico, lo que significaba que no pertenecía al dominio circundante de la Iglesia, y por Real Decreto no tenía que pagar cuotas o impuestos al cercano monasterio de Veruela, hecho que enfureció a la Iglesia.

    Cuando los rumores de Trasmoz como refugio de brujería comenzaron a extenderse más allá de los límites del pueblo, el abad de Veruela aprovechó su oportunidad para castigar a la población, solicitando que el arzobispo de Tarazona, que es la ciudad cercana más grande, excomulgara a todo el pueblo. Esto significaba que no se les permitía confesarse ni tomar los santos sacramentos en la iglesia católica.

    El monasterio de Veruela estaba en aquellos momentos en todo su esplendor y fue el primer monasterio cisterciense de Aragón.

    El abad cansado de discutir con las gentes de Trasmoz para que le proveyeran de madera al monasterio, excomulgó para siempre a Trasmoz. Casi tres siglos posteriormente, tiene otra vez problemas porque no le dan el agua que necesita,

    La rica comunidad de Trasmoz, que era una mezcla de judíos, cristianos y árabes, no se arrepintió, lo que habría sido la única forma de eliminar la excomunión. Las disputas con Veruela continuaron durante muchos años, y llegaron a un punto crítico cuando el monasterio comenzó a desviar agua del pueblo en lugar de pagarla.

    En respuesta, el señor de Trasmoz, se alzó en armas contra el monasterio. Antes de que estallara una guerra abierta, el rey Fernando II de Aragón abordó el asunto y decidió que las acciones de Trasmoz estaban justificadas.

    A mediados del siglo XIV, este pueblo perteneció a la Casa de Luna, hasta que en el año 1437, Alfonso V hizo que Trasmoz, tras el apoyo dado a Jaime II de Urgell en el Compromiso de Caspe, sometiera su autoridad a don Lope Ximénez de Urrea. 

    La Iglesia lanzó una maldición sobre la aldea en el año 1511 con la autorización del Papa Julio II. Se entonó el Salmo 108, que era la herramienta más poderosa que posee la Iglesia para pronunciar una maldición.

    [Sobre Trasmoz en el blog]

    Vista de Trasmoz y el Somontano del Moncayo que se disfruta desde la torre del homenaje / Laura Uranga
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    Este Salmo es una maldición de Dios contra sus enemigos. Cada frase es acompañada de un toque de campaña, para que los vecinos del pueblo lo escuchase y para que conste en acta.

    Alegaron que Pedro Manuel y la gente de Trasmoz habían sido cegados por la brujería, y como la maldición fue sancionada por el Papa, solo un Papa tiene el poder de levantarla. Ninguno lo ha hecho hasta el día de hoy.

    Los años que siguieron fueron de declive para Trasmoz. Sobre la década de 1530, el castillo de Trasmoz quedó abandonado tras un incendio en la torre del homenaje, y la reutilización de materiales de construcción que había en el castillo hizo que a día de hoy solo estén presentes los muros y la torre.

    Brujas, nigromancia, aquelarres eran actividades insalubres para el alma humana que transcurrían en las cercanías de Trasmoz. Las oscuras leyendas sobre este pueblo han permanecido hasta nuestros días e incluso han influido en grandes escritores del periodo romántico de nuestro país.

    Fue Gustavo Adolfo Bécquer que estuvo en el monasterio de Veruela para curarse de una tuberculosis quien puso en la historia los acontecimientos que transcurrían en Trasmoz.

    En su estancia en el monasterio escribió algunas de sus narrativas más importantes como es el relato de la Tía Casca En “Cartas desde mi celda” donde se cuenta las andanzas de este misterioso peligro de los que hablan los habitantes de Trasmoz y lo relata de la siguiente forma:

    Gustavo Adolfo Becker y Trasmoz

    “Los sábados, después de que la campana de la iglesia dejaba oír el toque de las ánimas, unas sonando panderos, y otras, añafiles y castañuelas y todas a caballo sobre escobas, los habitantes de Trasmoz veían pasar una banda de viejas, espesas como las grullas, que iban a celebrar sus endiablados ritos a la sombra de los muros de la ruinosa atalaya que corona la cumbre del monte”.

    Página 2: Zugarramurdi

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