Religiones y epidemia

“Enviaré todas mis plagas contra tu corazón, contra tus servidores y contra tu pueblo, para que sepas que no hay nadie como yo en toda la  tierra”,  Éxodo 9:14

Las mejores pinturas de Goya en el Museo Lázaro Galdiano (2): “Las ...

Fragmento de la obra de Goya “El conjuro”

José Antonio Naz Valverde, Colectivo Prometeo, 5 de mayo de 2020

Las epidemias, enfermedades generalizadas en un territorio y las pandemias, epidemias que afectan a una gran parte del mundo, se han producido, con distintos nombres, a lo largo de toda la historia. Desde la antigüedad se consideraban las epidemias como un efecto de la cólera divina y muestra de su poder, como puede interpretarse en los libros sagrados (Exodo, Levítico,Jeremías, Isaías, Libro de los Reyes, Mateo) y en textos profanos de la antigüedad (Ovidio, Platón, Plutarco, Tito Livio, Plinio). El propio origen etimológico de la palabra pandemia, además de “que afecta a todo el pueblo”, puede derivar del dios Pan, que, aparte de perseguir ninfas con su cuerpo mitad hombre y mitad carnero y proteger a los pastores y sus rebaños, se dedicaba a asustar a las gentes.

Pero es Yahvé, el Dios de los judíos y adaptado por las tres grandes religiones monoteístas, el que mayores castigos inflige por medio de pestes, guerras o hambres, expresadas de manera implacable: “enviaré contra vosotros animales salvajes que os arrebataran vuestros hijos y devorarán vuestro ganado”(levítico 26:22), “haré venir contra vosotros la espada vengadora…; os refugiareis en vuestras ciudades y enviaré la peste en medio de vosotros y seréis entregados en manos del enemigo” (levítico 26: 25). Y estos castigos tienen un claro objetivo: “para que veas mi poder y para que mi nombre sea publicado en toda la tierra” (Éxodo 9:16). Un Dios castigador cruel y orgulloso, que solo rectifica si “se humillaren y oraren, si buscaren mi rostro y se convirtieren de sus malos caminos, yo los escucharé desde los cielos, perdonaré sus pecados y curaré su tierra “ (II Cronicas 7:14).

Esta idea de la peste como castigo de seres superiores la expresa el propio Bocaccio en el Decameron, refiriéndose a la peste de 1348 que llegó a Florencia “por obra de los cuerpos superiores o por nuestras acciones inicuas, enviada por la justa ira De Dios”. (Por cierto, según Bocaccio aquella peste había comenzado en “las partes orientales” y arrasó Florencia entre “marzo y julio”.)

Aunque la evolución de las sociedades, sobre todo a partir del Renacimiento, van racionalizándose y buscando explicaciones más acordes con la naturaleza y las ciencias, a lo largo de la historia los avances científicos se han producido a pesar de y con el enfrentamiento de las religiones, que han considerado herejes y han perseguido a científicos comoMiguel Servet (por descubrir la circulación de la sangre), Giordano Bruno(por demostrar que la tierra gira alrededor del sol), Galileo (por decir que la tierra es redonda y se mueve) William Tyndel (por traducir la Biblia al inglés), Copernico, Kepler, Descartes, y un sinfín de ejemplos. Como dice Helge Krog:  “la Iglesia sólo acepta el Progreso cuando ya no puede impedirlo”. En el caso concreto de las epidemias, la oposición a las vacunas ha sido una constante, por considerarlas “un invento maligno”, en palabras de Pio IX en el siglo XIX, que amenaza “quien recurra a la vacuna dejará de ser hijo De Dios”.

Estas religiones monoteístas han colaborado a lo largo de la historia en la difusión de las epidemias, negando las enfermedades contagiosas (islam), planteando que sólo Dios cura (judaísmo) y todas ellas promoviendo las oraciones masivas en los templos o las procesiones multitudinarias como principal arma de combate. Y como medicina la propuesta es el rezo y la invocación al Sagrado Corazón o a vírgenes, como la de la peste en Valencia en el siglo XVII, representada en el cuadro de la Catedral con ese nombre (Cristo afligido con la peste con lenguas de fuego y la Virgen y san Vicente implorando su piedad).   

Estos comportamientos y actitudes, en estos momentos de pandemia en el siglo XXI, por muy anacrónicas que nos parecezcan, se están reproduciendo en distintas partes del mundo. Jefes religiosos y los sectores sociales más dogmáticos siguen manteniendo estas tesis del castigo divino como el cardenal Burke:” los grandes males como la peste son efecto de nuestros pecados ancestrales, un castigo De Dios”; en términos parecidos se han expresado algunos prelados españoles, y un cura, el padre Arellano pide la conversión de Sánchez e Iglesias y que se encomienden al “Sagrado Corazón” como medida contra la pandemia. Edén Macedo, obispo De la Iglesia Universal del Reino De Dios, de Brasil, predica en su cadena de televisión que esta pandemia es una “táctica de Satanas” y recomienda a los fieles que no vean las noticias, sino que lean la Biblia porque “la palabra De Dios salva de cualquier enfermedad”. Gerald Glem, obispo de una Iglesia evangélica de Virginia proclamaba a principio de marzo que “Dios es más fuerte que el coronavirus” (murió de esta enfermedad el 18 de abril).  

Las presiones por mantener los templos abiertos, como la “esperanza de la sociedad” (en palabras de un jefe religioso de Colombia), son constantes en distintos países, y en muchos de ellos se han mantenido cultos masivos, provocando incremento de casos de infecciones como hemos conocido de una Iglesia de Corea del Sur(más de 100), el mayor brote de Iran en los santuarios chiítas, en una mezquita de Malasia (190), la comunidad de judios ortodoxos de Nueva York…A pesar de ello miles de judíos van cada día a rezar al muro de las lamentaciones y se siguen realizando cultos masivos en muchos templos en distintos países. En nuestro país la policía ha tenido que intervenir en una decena de Iglesias que incumplían las normas del estado de alarma.

La principal aportación de las iglesias al combate contra la pandemia sigue siendo la invocación a Dios, a la virgen o a Los Santos. El Papa lo hacía a finales de marzo a la virgen en Santan Maria la Mayor y a al crucifijo milagroso en San Marcelo; 21 episcopados de todo el mundo (unos cuantos de España) y varios países se consagran al Sagrado Corazón de Jesus y de Maria. Incluso hay líderes políticos de algunos países que pretenden combatir la enfermedad con métodos similares: el presidente de México, Estado definido como laico en su constitución, Manuel López Obrador aparecía con dos amuletos religiosos y gritándole al virus “detente enemigo, que el Corazón de Jesus está conmigo”; Donald Trump designó el 15 de marzo como Día Nacional de la oración; el gobierno de Costa Rica hizo sobrevolar un helicóptero con la Virgen de los Angeles por todo el territorio; en España hemos visto imágenes de sacerdotes paseando la Santa Custodia por las calles de algunas ciudades…El teólogo Tamayo denuncia que la Iglesia sigue encerrada en la prioridad del culto y la superstición, “ empleando un componente mágico supersticioso de creencias anacrónicas y en ningún caso he oído por su parte referencias a recurrir a la ciencia y la medicina ante la pandemia, sino a la superstición”.

Estas actuaciones son propias de una religión fundamentalista, a la que los científicos, como dice Richard Dawkins, deben ser hostiles, porque “subvierte la ciencia y atrofia el conocimiento”, y provoca una “epidemia de estupidez”

A pesar de ello, José Gabriel Verá, portavoz de la CEE, dice que la“pandemia no es una cuestión de religión, sino de ciencia” y oficialmente se recomienda a la feligresía que siga las normas y no acuda a los cultos, aunque luego denuncia que la policía actúe en los templos que las incumplen. El padre Ángel invita a quienes quieren ir a misa a que se hagan voluntarios para “comprar comida y medicinas y repartirlos a las personas mayores”. Y hay muchas personas que se definen como creyentes y actúan, como la mayoría de la sociedad, con la actitud cívica de seguir las normas aconsejadas por la ciencia y mostrar el apoyo al personal sanitario y científico y ejercer la solidaridad de distintas maneras con la población más desfavorecida. Mientras los obispos españoles se oponen a la medida del gobierno de dar una renta mínima vital a esa población en situación de emergencia, porque quizás prefieran mantener las colas de Cáritas.

Es evidente que las pandemia no se combaten con la religión, sino con la ciencia, y con el humanismo solidarios de todas las personas, sin distinción de creencias. Como decía Rieux, el médico protagonista de la novela de Albert Camus “La Peste”, al cura Paneloux : “nous travaillons ensamble pour quelque chose qui nous réunit au-delà des blasphèmes et des prières” (trabajamos juntos por algo que nos une más allá d las blasfemas y los rezos)

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