Si vamos a adular al primer teócrata que diga algo sensato de vez en cuando, preparémonos para rendirle la misma pleitesía a cualquier fanático que abra la boca

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Najat El Hachmi, El País, 5 de junio de 2026
Ir en cercanías y que te pongan delante un vergonzoso cartel en el que se da la bienvenida al Papa en nombre de todos los catalanes. El tren va tarde, hace calor, hay pasajeros de pie sosteniendo todo el cansancio del mundo sobre sus hombros y encima hay que ver a gente bailando una sardana con el lema “Hola, Papa, benvingut Lleó XIV”. En otros carteles aparece Montserrat, un señor vestido de pastoret y un capgros. Ni en tiempos de Pujol nos habían folclorizado de una forma tan humillante. Qué decadencia, dios mío (aunque no existas), qué patética estampa. Y pagada con el sudor de la frente de esos trabajadores que se hacinan cada día en los trenes que no llegan. Todo para recibir al jefe de un Estado minúsculo cuyo poder está sobredimensionado gracias a la herencia franquista del Concordato y que ahora es faro moral de Occidente porque ha soltado un discursito que algunos parecen tomar por El manifiesto comunista. Si vamos a adular al primer teócrata que diga algo sensato de vez en cuando, preparémonos para rendirle la misma pleitesía a cualquier fanático que abra la boca.
Ese trato privilegiado que se le da al jefe del catolicismo (esa secta que solo se diferencia de las demás por estar arraigada desde hace siglos y por tener a mano todo tipo de recursos para afianzar su poder, ahora también el mediático) es una ignominia desde el punto de vista democrático. Recordemos que estamos en un Estado aconfesional que, por lo tanto, no puede tener ninguna preferencia por ninguna religión en particular y debería ser neutral en tal materia. Pero seguimos en la estela del nacionalcatolicismo y todo lo que dejó bien atado el antiguo régimen y por eso hay que parar el mundo cuando ese señor venga a pasearse con su vestido planchado por Barcelona y Madrid pagando nosotros hasta el traslado del papamóvil.
Si el Papa fuera un ayatolá venido de Irán a hacer una visita y fuera recibido como lo es León XIV tendríamos las calles llenas de manifestantes en contra. También organizaciones fundamentalistas como los Hermanos Musulmanes o los salafistas, incluso los talibanes dicen algo estupendo de vez en cuando. Si nuestros gobernantes quieren avalar y permitir la injerencia parasitaria de la Iglesia en el Estado que se preparen para que otras confesiones pidan lo mismo. Si de verdad es aconfesional no podrá negar el mismo trato preferente a ayatolás, rabinos, predicadores evangélicos y todo tipo de hombres que viven en ese delirio colectivo llamado religión y montan circos esperpénticos de rituales absurdos. Por no hablar de lo coherente que resulta declararse feminista y postrarse ante el Papa.
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Nota Asturias Laica
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