Las muchas biblias

Las editoriales propiedad de órdenes religiosas son esenciales no sólo en el libro de texto, también en la literatura infantil y juvenil. Su actividad viene jalonada de acusaciones de competencia desleal y de ventajismo

Eva Orúe, InfoLibre, 21 de mayo de 2019

Digamos, de entrada, que la palabra “biblia” viene del latín tardío biblĭa, y éste, del griego [τὰ] βιβλία [tà] biblía, literalmente: [los] libros.

Digamos, también al comienzo, que para la elaboración de este texto buscamos (es una práctica habitual y saludable) la opinión de quienes lo protagonizan. Y que no fue posible obtenerla. De los tres grupos editoriales consultados, uno dijo desde el primero minuto que no podría participar; otro lo comunicó tras ser requerido cuando el plazo vencía, y el tercero dio la callada por respuesta…

Tampoco obtuvimos mucha más información en los estamentos oficiales. Cuando se trata de libros de texto, el organismo de referencia es la Asociación Nacional de Editores de Libros y Material de Enseñanza, Anele, que agrupa, nos dijeron, a “más de 20 editoriales” de las cuales “sólo dos [Edebé y SM, la tercera es Edelvives] pertenecen a congregaciones religiosas”. Preguntados por el peso de esos sellos, nos aseguraron que es difícil calibrarlo, ya que “no todas editan para todas las comunidades autónomas, algunas tienen más peso que otras en primaria y otras en secundaria” y nos remitieron a las propias editoriales, porque el cálculo “grosso modo” que pueden hacer “no son datos que podamos dar como seguros”. Recordemos, por lo que pueda servir, que en su último informe El libro educativo en España – Curso 2018-2019 se decía:

“En el curso 2017-2018 la facturación en libros de texto al consumidor final fue de 828,82 millones de euros, lo que, si tenemos en cuenta el total del número de alumnos -8.069.637- da una media real del gasto por alumno de 102,44€”. En cuanto a las ventas de licencias digitales, “aunque el catálogo se incrementó y adaptó a las reformas, sólo crecieron ligeramente al pasar de los 26,20 millones euros registrados en el curso anterior a 26,73 millones de euros”.

Las editoriales en cuestión

El Grupo SM publica materiales educativos, de literatura infantil y juvenil y de religión (bajo el sello PPC). Leemos en su web:

La empresa matriz, Ediciones SM, fue fundada por los religiosos marianistas de España en los años 40. En 1977, con la idea de devolver a la sociedad los beneficios empresariales de la editorial, se constituye la Fundación Santa María, en la actualidad Fundación SM, propietaria a partir de ese momento de Ediciones SM. Desde esta fecha los beneficios empresariales se destinan a los diferentes programas culturales y educativos de la Fundación SM.​

Edebé fue fundada en 1888 por la Congregación Salesiana con el nombre de Ediciones Don Bosco, que cambió en 1983. Vayamos la web de Salesianos:

Queremos difundir y extender nuestro proyecto educativo con productos y servicios de calidad ajustados a las necesidades de la comunidad educativa y con un espíritu innovador, siendo referentes en el proceso de renovación continua que implica la acción docente.

El tercer gran grupo es Edelvives, nacido en Cataluña a finales del siglo XIX e instalado en Zaragoza en 1937. Vinculado en sus orígenes a las necesidades educativas de los Maristas, asegura que:

Ofrece un material educativo riguroso basado en los valores, en la innovación y en las nuevas tecnologías mientras acompaña el crecimiento cultural de niños y adultos con una excelente apuesta literaria.

Sobre textos más o menos sagrados

Hay quien cuestiona la mera existencia de los libros de texto, porque (según la Asociación Otra escuela es posible) “impide el pensamiento propio, impide el aprendizaje y obliga a la memorización”.

En concreto, las editoriales religiosas resultan sospechosas por los contenidos que ofrecen, su voluntad de adoctrinamiento varias veces denunciada, y aunque no son las únicas censuradas, ha habido críticas a diestra y siniestra.

Se les reprocha, además, su ventajismo: siendo algunas propiedad de congregaciones que son dueñas de una amplia y concertada red de colegios, tienen garantizada (cautiva, dicen otros) una parte significativa de mercado. Más aún: como muchos de esos colegios venden en los libros de texto (y de lectura) en sus dependencias, también perjudican a las librerías. “Es fama que los comerciales de Edebé prácticamente no pisan las librerías –afirma un editor– porque todo lo que venden es a los colegios”.

¿Tiene reflejo todo esto en el día a día de la asociación que las agrupa? Fuentes conocedoras del sector aseguran que la convivencia en el seno de Anele es “tranquila, aunque las luchas en el libro de texto deben ser muy cruentas. Claro, que igual hay una especie de competencia histórica entre Anaya y Santillana. Pues en las órdenes religiosas pasa exactamente igual, el pique que tienen Edelvives y Edebé es manifiesto”.

Dejad que los niños se acerquen a mí

Si bien su relevancia en el libro de texto es objeto de observaciones frecuentes, la presencia de las editoriales religiosas en la literatura infantil y juvenil es menos comentada. Y eso que el subsector representa un porcentaje elevado (en torno al 20%) de la facturación total del sector editorial, y que, según el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España, el porcentaje de lectores que en 2018 adquirió libros de literatura registró un descenso respecto a 2017 de 10 puntos, mientras que el incremento en la compra de libros de infantil y juvenil fue de 4 puntos sobre los resultados de 2017.

La relevancia de estas editoriales tiene raíces históricas. La Guerra Civil destruyó el tejido editorial existente, muchos representantes señeros de la literatura infantil y juvenil hubieron de exiliarse, unos en el extranjero (como Antoniorrobles), otros en el ingrato exilio interior (como Encarnación Aragoneses, Elena Fortún, creadora de Celia, “el personaje infantil más importante de la literatura española” según la catedrática Nuria Capdevila-Argüelles).

Pasada la conmoción bélica, también la miserable posguerra, y a pesar de excepciones como la protagonizada por la hoy casi centenaria Editorial Juventud (que nos tradujo a Tintín y Enid Blyton, que tenía colecciones de mitología y clásicos…), el panorama seguía siendo desolador. Y mientras en otros lares el subsector florecía (en los 60, con la eclosión del álbum ilustrado en Nueva York y con Tomi Ungerer, Leo Lionni, Arnold Lobe…) aquí, la edición era como el país: different. Hasta la llegada de la Lumen de Tusquets, o Alfaguara y Altea, fueron las editoriales religiosas las que comenzaron (y pudieron) interesarse por la lectura y los planes lectores.

Una posición de privilegio que no les resta ciertos méritos. Han hecho una gran promoción de la lectura, empezando por SM con Fray Perico y su borrico, la obra de Juan Muñoz Martín que publicó por vez primera en 1980, y que sigue ahí…

Y, aunque todas tienen líneas rojas, hay casos curiosos, incluso contradictorios. Un conocedor del mundillo me comenta el de Edelvives, cuyos libros (de texto o no) pasaban por ser aburridos y feos hasta que contrataron a María José Navarro, que “pegó un revolcón de diseño y se convirtieron en los editores en España de Rébecca Dautremero del libro de Frida que hizo Bejamin Lacombe. Y te puedes encontrar en la FIL de Guadalajara, en el stand de Edelvives, Mi Biblia infantil y, al lado, los álbumes ilustrados de Ana Juan que es todo erotismo”. Incluso han llegado a publicar Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez, en versión ilustrada, y Seda, de Baricco, pura ‘progresía’ editorial.

Es evidente, además, que muchos lectores y compradores de libros no piensan (porque no les importa o porque no lo conocen) en quién es el propietario de estas empresas que, en cualquier caso, tienen un comportamiento similar al de todas. SM patrocina en la FIL de Guadalajara el foro especializado para ilustradores Filustra, y también ejerce en la Feria de Bolonia. Presente en nueve países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, México, Perú, Puerto Rico y República Dominicana, de su implantación da fe el hecho de que la Reina entregara recientemente los Premios SM El Barco de Vapor y Gran Angular.

La edición autonómica

El panorama quedaría incompleto si no mencionáramos otras peculiaridades. Desde luego, la autonómica. En Cataluña existe Pamsa, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, desde el año 48; en el País Vasco, el Grupo Loyola, que publica en euskera las aventuras de Bat Pat, y las de Peppa Pig, y que para su colección de álbum ilustradoen euskera compra derechos a Nube Ocho, lo que no deja de ser muy chocante dada la filosofía de esta última, que se define como “editorial comprometida” y cuyos “libros promueven una actitud de respeto hacia la diversidad”.

La realidad española ha obligado a las editoriales religiosas (en realidad, no sólo a ellas) a tener editorial propia en las regiones con lengua propia, pero también en Andalucía, porque los planes educativos y los currículos son distintos. Así, Edebé está implantado en España con ese sello para los mercados en lengua castellana y catalana y a través de las editoriales Rodeira (Galicia), Giltza (País Vasco) y Marjal (Comunidad Valenciana) para los distintos mercados autonómicos.

Adaptarse o morir, ya se sabe. La semana pasada reflexionamos aquí sobre las editoriales que se venden, pero hay una parte del mercado del libro que no está en venta. Cambian para seguir. Y, de momento, les va la mar de bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: