La fundamentación de la moral

mayo 27, 2019

A partir de la constatación de que la moral es previa a, y fuente de las religiones y que la fundamentación de la asociación política necesariamente ha de hacerse fuera de las referencias religiosas, se propone un código ético laico.

Adrian M & Claire B, ‘Mirages & miracles’ / Foto: Romain Etienne

Luis Fernández González, 29 de mayo de 2019

El problema

Uno de los problemas que aparecen cuando se plantea la necesidad de una organización laica del Estado, es el de la fundamentación de la moral. Cada religión, con su pretensión de ser la única verdadera y su declarada guerra a las demás creencias (paganas, heréticas, etc.) toma como anclaje de su estructura la implantación de una determinada moral hipotéticamente dictada por el dios correspondiente. La presencia de este dios aparece como una condición necesaria, de ahí la intolerante posición John Locke, autor de uno de los primeros tratados sobre la tolerancia (Ensayo sobre la tolerancia.- 1667), reflejada en sus palabras:

Aquellos que niegan la existencia de una potencia divina no deben ser tolerados de ninguna manera. La palabra, el contrato, el juramento de un ateo no puede formar algo estable y sagrado, que sin embargo constituye los lazos de toda sociedad humana hasta el punto que, suprimida la creencia en Dios, todo se disuelve”.

Más de 350 años después, el obispo católico de Oviedo, en su publicación como suplemento semanal en el periódico de mayor tirada de Asturias (Esta Hora todos los jueves en La Nueva España), y en el repaso que al catecismo católico realiza punto por punto, afirma:

374.- ¿Cómo se forma la conciencia moral para que sea recta y veraz?

La conciencia recta y veraz se forma con la educación, con la asimilación de la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia, se ve asistida por los dones del Espíritu Santo y ayudada con los consejos de personas prudentes. Además, favorecen mucho la formación moral tanto la oración como el examen de conciencia.

Y como no existe otra constancia de la supuesta palabra de su hipotético dios que la que especifique su gestora en la realidad, es decir, la iglesia católica, la afirmación se reduce a que la moral recta y veraz para un católico es aquella que dictamina la cúpula misógina y gerontocrática del Vaticano.

Huellas del avance

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