En cumplimiento de la ley laica

septiembre 7, 2020

La detención en Langreo de tres sacerdotes, el 16 de junio de 1932, que se saltaron la normativa de la época contra los símbolos religiosos

Imagen Alfonso Zapico

Ernesto Burgos, La Nueva España, 7 de septiembre de 2020

En la tarde del 19 de junio de 1911 una procesión recorría el barrio de La Villa, en Mieres, cuando el fraile que la encabezaba observó al cruzarse con un grupo de jóvenes que permanecía en la acera, como uno de ellos no se descubría ante el paso de las imágenes. Considerando que aquello era una señal de desacato, se acercó hasta el rapaz y de un manotazo le arrojó al suelo la boina; pero no contento con esto, otro de sus compañeros que portaba el estandarte de la cofradía también se fue hacia él para golpearle con el mástil antes de volverlo por el lado del recatón y colocárselo en el pecho para empujarlo contra una pared.

Al ver esta lamentable embestida (palabra nunca mejor empleada, ya que se trataba de un religioso apellidado Toro), una parte del público asistente reaccionó con indignación y fue necesaria la intervención de la Guardia Civil, de manera que, para evitar males mayores, la procesión tuvo que ser suspendida.

Dos décadas más tarde el artículo 27 de la Constitución republicana estableció la libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión, pero siempre en el ámbito privado, lo que suponía someter los cementerios exclusivamente a la jurisdicción civil y prohibir las manifestaciones públicas de cualquier culto, que desde entonces tuvieron que solicitar el permiso correspondiente para cada ocasión a las autoridades. Lee el resto de esta entrada »


Cuestión de fe

junio 9, 2020

El surgimiento de los cementerios civiles y las historias de los primeros enterramientos laicos en las comarcas mineras

Zapico

Imagen Alfonso Zapico

Ernesto Burgos,  La Nueva España, 9 de junio de 2020

Me da la impresión de que para los jóvenes del siglo XXI la religión es algo muy secundario. Por lo menos entre los que viven en los países de influenciados por la cultura judeo-cristiana, ya que en aquellos estados que han elegido el Islam sucede otra cosa. Estábamos acostumbrados a que las personas se identificasen como creyentes, ateos o agnósticos, pero ahora la realidad deja atrás cualquier clasificación.

Los hay que dicen no creer en nada, pero ponen velas a Santa Gema para aprobar un examen y otros que se tatúan símbolos paganos y luego insisten en casarse por la iglesia o hacen comulgar a sus hijos (una sola vez en la vida) para justificar una fiesta. Tampoco faltan quienes defienden la contradicción de creer en el Diablo y no en Dios, como si pudiese haber una moneda con cara pero sin cruz, y de cualquier forma, incluso entre los que se consideran católicos es raro encontrarse con los que saben decir los nombres de los apóstoles o son capaces de citar a tres profetas del Antiguo Testamento.

Sin embargo, hace pocas décadas la elección entre exhibir signos religiosos o prescindir de ellos venía unida a la militancia política. Recuerden sin ir más lejos lo que fue el nacional-catolicismo que marcó la vida de muchos españoles, entre los que desgraciadamente por razones de edad tengo que incluirme.

Yendo más atrás, en pleno auge del movimiento obrero, la asistencia a misa, el cumplimento de la abstinencia en determinadas fechas y la celebración de las ceremonias más tradicionales de la Iglesia, especialmente bautizos, matrimonios y funerales, fueron acciones que se convirtieron en caballo de batalla para aquellos que consideraban a los sacerdotes como agentes del capitalismo y por ello querían renunciar a cualquier colaboración con sus rituales. Lee el resto de esta entrada »