Está clarísimo | María José Frápolli

Si se suprime el Ministerio de Igualdad, ¿quién velará por que se desarrollen políticas justas cuyos costes no recaigan, una vez más, sobre las espaldas de las mujeres?

Aimar Bretos entrevista al candidato del PP a la presidencia del Gobierno, Alberto Núñez Feijóo | Foto: Álvaro García – Fuente
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María José Frápolli, InfoLibre, 29 de octubre de 2026

Janis Joplin cantaba en Me and Bobby McGee (1971) que la libertad no es más que otra palabra para decir que no queda nada que perder. Esa es la libertad más extrema. Es la libertad que ejerció Ana Orantes: le costó la vida, pero cambió para siempre la historia de España. Es la libertad que ejerció Noelia: mucho sufrimiento por su parte y muchos recursos institucionales para que pudiera llevar a término una decisión libremente tomada. Su caso, sin embargo, hizo visible el sufrimiento y la tragedia de quienes se encuentran en una situación imposible. Es la libertad que ejerció Maricarmen. Lo pagó muy caro, pero su caso se ha convertido en un símbolo.

Mujeres. Siempre mujeres. Mujeres que dan la cara y, a veces, la vida por otras personas, por otras mujeres.

“Vamos a eliminar el Ministerio de Igualdad”, dice Feijóo. Muy comprensible. Hay que quitar fuerza y visibilidad a las mujeres, porque ellas ya no tienen miedo, y el miedo es el motor de la involución política. Si se suprime el Ministerio de Igualdad, ¿quién velará por que se desarrollen políticas justas, políticas cuyos costes no recaigan, una vez más, sobre las espaldas de las mujeres? Sin ese ministerio, ni siquiera habrá quien registre las desigualdades.

“Tu machismo mata”, le dice Irene Montero a Feijóo. Claro que mata. Las mujeres maltratadas se quedarán sin casas seguras que las acojan y sin recursos suficientes para protegerse. Tendrán que seguir a merced de sus maltratadores. No habrá dónde esconderse.

“Vamos a replantear el derecho al aborto”, promete Feijóo. Previsible. Si, además de maltratada, estás embarazada, tu maltratador ejerce sobre ti el mayor de los poderes: el que tiene sobre el bienestar de tus hijos. Si eres una mujer sin recursos, puedes acabar en manos de carniceros sin escrúpulos para resolver un problema que debería atender la sanidad pública. Si te aterra contárselo a tus padres, puedes verte empujada a situaciones de riesgo para evitar la vergüenza y el rechazo.

«No podrán eliminar el derecho al aborto. Pero, si no se puede eliminar, al menos que los ‘Quirones’ de turno saquen tajada»

Hay que apoyar la vida, porque un aborto es siempre un fracaso. De acuerdo. ¿Y cómo vamos a apoyar esas vidas si no apoyamos a las mujeres? ¿Cómo hacerlo sin instituciones que protejan a los vulnerables, sin subir salarios, sin ofrecer viviendas de alquiler asequible, sin garantizar una sanidad y una educación públicas y gratuitas? La respuesta de Feijóo y Abascal la conocemos.

El derecho al aborto no desaparecerá por completo. La sociedad lo ha interiorizado, tanto en la izquierda como, aunque sea con la boca pequeña, en la derecha. Por eso Feijóo no habla de eliminarlo, pero sí ha dejado claro que serán tanto la sanidad pública como la privada las que se ocuparán de garantizar lo que quede de ese derecho. Todo muy coherente: no se trata solo de contentar a la Iglesia, cuya jerarquía siempre ha estado del mismo lado, sino, sobre todo, al capital. No podrán eliminar el derecho al aborto. Pero, si no se puede eliminar, al menos que los Quirones de turno saquen tajada.

“Vamos a replantear la eutanasia. Le hemos fallado a Noelia”, dice Feijóo. “Su madre me escribió”, añade. Desconozco si eso es cierto. Pero si lo es, ¿qué derecho tiene una madre a intentar detener la decisión de su hija, mayor de edad, tomada en pleno uso de sus facultades y cuyo caso ha pasado por comités de ética y por los tribunales? Apelamos a las madres para frenar una eutanasia, no para frenar un desahucio. Protegemos la vida del no nacido, o la de quien decide libremente ponerle fin, no la de los menores lanzados de sus casas sin alternativa habitacional. Hartas estamos de demagogia. Hartas.

Pero es que, claro, a los ojos de la derecha, las mujeres nunca conseguimos ser individuos autónomos. Siempre necesitamos un marido, un padre, un cura, un juez, un médico. Noelia no era suficiente para sí misma. Y cuando te atreves a plantar cara, como Maricarmen, te conviertes en una delincuente, una caradura, una aprovechada.

Los derechos de las mujeres se nos han ido de las manos, piensan algunos. Una mujer un poquito respondona puede resultar hasta sexy. Pero sin pasarse. Si pretende ser una ciudadana de pleno derecho, protagonista de su propia vida, “sin tutelas ni tutías”, como decía Aznar, ese gran demócrata, ah, entonces ya no.

El papa León XIV apeló, en su discurso del 21 de junio de 2025 ante los gobernantes reunidos con motivo del Jubileo, a una supuesta ley natural que, según la Iglesia, tiene prioridad sobre las leyes democráticamente establecidas. Este podría ser un debate filosóficamente interesante, siempre que contáramos con interlocutores de altura intelectual y moral. Resulta curioso, sin embargo, que esa supuesta ley natural esté siempre al servicio de los hombres poderosos; que rechace la autonomía de las mujeres y su derecho a decidir sobre el propio cuerpo; que rechace el derecho a la muerte digna; que sirva para perpetuar el sometimiento de las mujeres a los varones. Esa supuesta ley natural es, no nos engañemos, la ley de la Iglesia y de las derechas, en España y fuera de España. En este punto, León XIV no es diferente de Abascal o de Milei. Pero el mensaje resulta tanto más peligroso cuanto más civilizado es quien lo defiende. Por eso es imprescindible resistirse a la fascinación que han ejercido los últimos papas. No son estrellas del rock ni referentes morales: son representantes de una ideología profundamente perniciosa, que ha ejercido su influencia sobre el mundo durante siglos. Es el nacionalcatolicismo de la dictadura franquista, que Feijóo y Abascal están decididos a resucitar.

Muchos y muchas no saben lo que les espera si se cumplen los pronósticos. Me permito recomendarles un libro maravilloso de testimonios: Nietas contra el Olvido. Vivencias de la Represión Franquista (Editorial Universidad de Granada). Lo que se vivió durante una buena parte del siglo pasado puede volver a ocurrir. La Conferencia Episcopal, la cúpula judicial, los medios de comunicación financiados por el capital y los políticos de derechas parecen empeñados en ello. Enfrente, demasiada ignorancia y muchísima irresponsabilidad.

Ana, Noelia, Maricarmen: ellas no tenían nada que perder. Nosotros, como sociedad, tenemos muchísimo.

La carta de la ignorancia ya no se puede jugar. Actuemos. No es tan difícil.

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María José Frápolli es miembro del Grupo de Pensamiento Laico y catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia (UGR).

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