Justo un año después de que el Arzobispado de Madrid interviniese mediante un decreto la Asociación Pública de Fieles Hijas del Amor Misericordioso (HAM), el cardenal José Cobo ha firmado la disolución de esta organización, de tintes sectarios e investigada por una amplia gama de abusos

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Fuentes El País (Lucía Franco) | Religión Digital (José Lorenzo) | Vida Nueva (José Beltrán), 29 de julio de 2026
Justo un año después de que el Arzobispado de Madrid interviniese mediante un decreto la Asociación Pública de Fieles Hijas del Amor Misericordioso (HAM), el cardenal José Cobo ha decretado la supresión de esta organización, de tintes sectarios e investigada por una amplia gama de abusos, entre ellos, sexuales, pero también de prácticas exorcistas a menores, terapias de conversión, culto a los fundadores, entre ellos, María Milagrosa Pérez Caballero, más conocida como Marimí.
Cierre total. Sin más prórrogas. Después de intentar reconducir a la asociación, el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, ha decretado la supresión de las HAM, tras dar verosimilitud a acusaciones de abusos estructurales de poder, conciencia y sexuales.
La madre superiora abusaba sexualmente de hombres y mujeres jóvenes integrantes de la comunidad de Hijas y Hermanos del Amor Misericordioso (HAM), les imponía fórmulas de aislamiento, penitencias acompañadas de autocastigos físicos, manipulaba sus actividades, en algunos casos bajo falsas promesas, como a uno de los jóvenes a quien prometió que ese sería el camino para ser investido sacerdote en breve tiempo. Así se puede leer en las denuncias presentadas ante la Archidiócesis, a las que ha tenido acceso EL PAÍS.
El decreto ejecuta la recomendación formulada por el Tribunal de la Rota, un tribunal de la Iglesia católica que se encarga de revisar casos con arreglo al derecho canónico. Este, tras una investigación previa iniciada a raíz de varias denuncias, según explicó este martes en un comunicado la Archidiócesis de Madrid, recomendó en mayo de 2025 la supresión de la asociación y remitió al Dicasterio para la Doctrina de la Fe aquellos hechos que consideró de su competencia. Posteriormente, el arzobispo de Madrid ordenó una visita canónica y decretó la intervención de la organización el 28 de julio de 2025 para tratar de promover reformas que garantizaran su continuidad dentro de la comunión eclesial. Un año después, la Iglesia ha concluido que ese objetivo no ha sido posible.
«La archidiócesis de Madrid ha decretado la supresión de la Asociación Pública de Fieles «Hijas del Amor Misericordioso», de conformidad con lo dispuesto en el canon 320/2 del Código de Derecho Canónico, tras un prolongado y doloroso proceso de discernimiento eclesial», reza el comunicado difundido por el arzobispado a las 13:30 de este miércoles.
«El procedimiento se inició a raíz de diversas denuncias relativas a hechos de especial gravedad que afectaban a la superiora de la asociación, las cuales motivaron la intervención del del Tribunal de la Rota en España y del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Asimismo, durante la tramitación del proceso se recibieron nuevas denuncias contra el funcionamiento de la asociación que fueron objeto de valoración. Una vez concluida la investigación previa, en mayo de 2025, el Tribunal de la Rota en España recomendó la supresión de la asociación al tiempo que derivó al Dicasterio para la Doctrina de la Fe la investigación por aparecer indiciariamente hechos de su competencia«.
«Antes de adoptar una medida de esta naturaleza, el arzobispo de Madrid consideró oportuno conceder un tiempo prudencial con el fin de favorecer un proceso de renovación y verificar la posibilidad de reconducir la situación. Con este propósito, el arzobispo decretó una visita canónica. A la luz de las conclusiones de dicha visita, decretó el comisariado e intervención de la asociación el 28 de julio de 2025. Además, puso a disposición de la asociación diversas medidas de acompañamiento, apoyo y gobierno pastoral, orientadas a promover las reformas necesarias para garantizar su continuidad dentro de la comunión eclesial», añade el comunicado del Arzobispado.
«Transcurrido un año desde el inicio del comisariado, y constatada la inviabilidad de la continuidad de la asociación en las condiciones requeridas, la archidiócesis de Madrid ha procedido a ejecutar la recomendación formulada por el Tribunal de la Rota en España, decretando la supresión de la Asociación Pública de Fieles «Hijas del Amor Misericordioso»», se lee en el texto.
«La archidiócesis de Madrid desea recordar que las personas que han formado parte de esta asociación continúan perteneciendo plenamente a la Iglesia católica y reitera su disponibilidad para acompañarlas pastoralmente, en la medida en que libremente lo deseen, ofreciendo cercanía, acogida y apoyo en sus procesos personales y en la vivencia de su fe a través de los cauces ordinarios», concluye el comunicado.

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Esta medida llega un año después de que el Arzobispado no sólo no consiguiese enrederezar el rumbo en la dirección prevista, sino que la persistencia de «un núcleo duro» de personas afines a Marimí, con la que seguían en contacto, a pesar de que había sido apartada de la dirección. El 28 de julio de 2025, la Archidiócesis de Madrid daba a conocer la expulsión de la superiora general, María Milagrosa Pérez Caballero. Se trataba de una medida temporal hacia esta sevillana de 59 años, a la que se sumaba el nombramiento de una comisaria extraordinaria para tutelarlas: Pilar Arroyo, hermana de la Caridad de Santa Ana. Su encargo pasaba por ejercer de superiora, reestructurar el gobierno, el plan de formación, la vida comunitaria, el acompañamiento espiritual, además de revisar estatutos, reglamentos y la gestión económica, cuya labor fue entorpecida de manera deliberada como en reiteradas ocasiones denunciaron las víctimas en cartas al cardenal Cobo y al propio papa León XIV, a quien solicitaron incluso una audiencia.
Ante esta situación, el pasado 3 de julio, el cardenal Cobo, con el total respaldo del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, que preside la religiosa Simona Brambilla, envió un ultimátum a las HAM, con nuevos y contundentes requisitos que habrían de comprometerse a cumplir estrictamente si querían evitar la disolución.
Cuando vencía el plazo de quince días dado para obtener una respuesta a las exigencias de Cobo y Brambilla llegó la respuesta desde la HAM, que el Arzobispado de Madrid ha estado estudiando durante diez días, y cuya supresión ha hecho coincidir ahora con el primer aniversario del decreto que descabezó a la cúpula anterior, prohibió cualquier labor pastoral, así como la entrada de nuevas novicias a los centros de esta asociación publica de fieles, que fue reconocida como tal en noviembre de 2007 por el entonces cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y que se desplegó también por las archidiócesis de Toledo y Sevilla y la diócesis de Getafe, y que cuenta con una rama sacerdotal y laical, aunque no constan denuncias en ellas.
Un año muy largo y muy duro para las víctimas
Un año que se ha hecho muy largo para las víctimas, entre las que se encuentran quienes han podido salir de la organización y denunciar lo que se vive dentro, y las familias de las jóvenes (generalmente de buena posición y con titulación universitaria) que siguen dentro de una comunidad que empezó a dar sus primeros pasos en 1983, de la mano del jesuita Antonio Mansilla Casas, fallecido en 2004, y que consideran que a sus hijas «les han lavado el cerebro».
El abogado de más de una docena de víctimas considera que la supresión del grupo era una medida lógica y necesaria para clarificar la postura del Arzobispado de Madrid frente a las derivas sectarias dentro de la Iglesia. A su juicio, se trata de un gesto de justicia, aunque advierte de que el problema es más complejo y no queda resuelto únicamente con esa decisión.
Por su parte, una de las presuntas víctimas de la organización asegura que el cierre supone el fin de “una cárcel de tortura a inocentes”. Según relata, denunció haber sufrido abusos sexuales por parte de Marimí y trasladó a las autoridades las prácticas que conoció dentro del grupo. Considera además que la disolución es “un bien” porque la comunidad estaba “haciendo muchísimo daño en nombre de Dios y de la fe”, aunque advierte de que algunos miembros podrían intentar reorganizarse en otros países. “Habrá tiempo para que puedan sanar las personas y que puedan salir a la luz todos los abusos para prevenir y concienciar a la sociedad”, sostiene. También reclama que la Iglesia reconozca el daño causado y atienda a las víctimas. “Es difícil salir de ahí, aun siendo suprimidas por la Iglesia”, concluye.
Luis Santamaría, profesor de Religión que lleva más de 20 años estudiando y denunciando las prácticas de grupos de origen religioso con características sectarias, cree que el cierre de la asociación no basta para reparar el daño causado. “Mucho me temo que, aunque quizás haya sido la mejor o la única decisión posible, queda por hacer el capítulo más importante: que el ofrecimiento de ayuda del arzobispo de Madrid sea algo más que palabras bonitas y haya una ayuda efectiva y gratuita para las víctimas”, sostiene. Santamaría se muestra por otro lado satisfecho de que al fin las autoridades eclesiásticas se tomen en serio todo lo que acompaña a los abusos sexuales: los abusos de poder y de conciencia, los abusos psicológicos y espirituales, las derivas sectarias dentro de la propia Iglesia católica.
Muchas de estas mujeres, recuerdan los expertos, han pasado años viviendo prácticamente como monjas, aisladas del exterior y entregadas por completo al grupo. Al salir, se encuentran sin casa, sin trabajo y, en muchos casos, sin una red de apoyo, porque han roto numerosos vínculos familiares y de amistad durante ese tiempo. A esa situación de desarraigo se suman frecuentes cuadros de trastorno psicológico y enfermedad mental agravados por un profundo sentimiento de culpa: muchas viven con la sospecha de estar traicionando a Dios por haber abandonado la comunidad.
La supresión es solo el último capítulo de una crisis que salió a la luz el pasado año, cuando varias integrantes abandonaron la asociación y presentaron su renuncia después de años de vida en comunidad. Las HAM, aprobadas como asociación pública de fieles en 2007 por el cardenal Antonio María Rouco Varela, habían sido centro de la controversia tras las denuncias presentadas por familiares y exmiembros que acusaban a la organización de abusos de poder, abusos de conciencia y comportamientos sectarios.
EL PAÍS contó entonces que más de una treintena de familiares y antiguos miembros habían trasladado sus denuncias a la Archidiócesis de Madrid. Los testimonios describían una organización donde las integrantes vivían sometidas a una fuerte autoridad interna y denunciaban restricciones en las comunicaciones con sus familias, así como una creciente dependencia de los responsables de la comunidad. Según los denunciantes, muchas jóvenes acababan considerando a la asociación como su única referencia afectiva y espiritual.
La investigación del Tribunal de la Rota derivó en un dictamen que reclamaba la suspensión de la asociación por la gravedad de los presuntos abusos de poder y conciencia detectados durante la instrucción. Como consecuencia de ese proceso, la Archidiócesis de Madrid retiró temporalmente de sus funciones a Marimí, prohibió la incorporación de nuevas novicias y nombró una comisaria extraordinaria para supervisar la organización y reformar aspectos relacionados con su estructura de gobierno, la formación y la vida comunitaria.

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Una de las principales preocupaciones del Arzobispado de Madrid y de las familias de las jóvenes que todavía forman parte de las HAM es cómo rescatar a aquellas que siguen convencidas del ‘mesianismo’ de Marimí. Los padres y las madres de estas consagradas temen que no regresen a casa, sino que conformen una comunidad clandestina y, por tanto, cismática, al margen de la Iglesia. Desde el equipo de Cobo no pueden enviar a su casa a mujeres que, siendo jóvenes, ya son mayores de edad.
“Sé que hay mucha gente que piensa que es mejor disolver las HAM. Porque están convencidos de que así se termina el problema. Y el problema no se va a terminar. Y no tendremos a quién acudir y pedir ayuda. A mí no me parece bien”, aduce una de las víctimas. “¿Quién se cree que Marimí va a dejar su reino? ¡Claro que se van a montar otra cosa! Nos llegó desde dentro esa información. ¿Y qué van a hacer las que llevan allí metidas y adoctrinadas un montón de años? Hay quienes quieren que se cierren porque consideran que así desaparecerán. Pero yo no lo creo. No tienen intención de desaparecer. Porque es lo que pasa en todos los grupos sectarios: no se disuelve ninguno”.
“Si disuelven las HAM, se montarán otra cosa. Ya lo advirtieron. Y así lo hemos comunicado nosotros también”, añade esta persona, que recuerda que tras el decreto de julio de 2025, algunas de estas jóvenes fueron llevadas a México, donde se estarían abriendo centros, al igual que en Polonia.
A lo largo de este año las HAM no han hecho ningún pronunciamiento público alguno. Sí se manifestaron por ellas una plataforma de laicos que negaron la mayor sobre los abusos de los que se acuda al grupo. “Rechazamos, al mismo tiempo, aquellas versiones que presentan la vida comunitaria como un entorno sectario, restrictivo o manipulador”, señalaron en un comunicado publicado el pasado agosto.
Un año después de la intervención decretada por el cardenal José Cobo, la Archidiócesis de Madrid ha optado finalmente por ejecutar la recomendación de la Rota y poner fin al reconocimiento eclesial de esta organización. Aspiraban a convertirse en un instituto de vida consagrada, pero ahora, apartados de la Iglesia, solo les queda esperar a la justicia ordinaria.
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Nota Asturias Laica
Sobre las HAM en el blog de Asturias Laica, varias entradas desde este enlace


















