Rusia y EEUU no quieren que haya UE: quieren tratar con estados sueltos y débiles, de uno en uno

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Enrique del Teso, Nortes, 15 de marzo de 2025
Europa se va a rearmar gastando mucho dinero. El Papa Francisco puede morir pronto y habrá un cónclave de cardenales para elegir un nuevo Papa. Rusia y EEUU no quieren que haya UE. Quieren tratar con estados sueltos y débiles de uno en uno, no con toda Europa hecha un enjambre unitario. Estas son las piezas. La razón de la unión de países en la UE es la necesidad, pero EEUU sabe que la argamasa, el pegamento que la mantiene unida, es la creencia, la identificación emocional simbólica. Trump no humilla a la UE solo por matonismo. La golpea como se varean los olivos para que caiga la aceituna, la golpea para que el zarandeo haga caer a cachos el relato mental y emocional que la mantiene unida. De eso va el rearme de Ursula von der Leyen y de eso irá el próximo cónclave.
«La movilización eficaz de toda acción humana colectiva depende de la aceptación de credos y doctrinas psicológicamente compulsivas», había dicho como de pasada Marvin Harris. El individuo piensa, pero la masa no. Todos somos una cosa y la otra y el equilibrio entre las dos es resbaladizo. Si tomamos decisiones como masa, en ese estado en que estamos en un concierto de rock, en un estadio de fútbol o en un incendio, tenderemos a la brutalidad. Las redes sociales nos quieren en ese estado, porque en ese estado estamos más tiempo en ellas, que es lo que da beneficio. Los ultras nos quieren también masificados porque en ese estado se propagan fácil odios y prejuicios por la reverberación emocional.
Pero si actuamos como individuos conscientes y racionales, Harris nos advierte de que la acción colectiva será ineficaz. Si las conductas necesarias para la eficacia colectiva dependen de que los individuos las hayan entendido y aceptado de uno en uno, las ciudades serían un basurero. Necesitamos algo intermedio entre la racionalidad individual y la masificación descerebrada. Es lo que recoge Harris con la apelación a lo psicológicamente compulsivo. Las conductas compulsivas se desarrollan porque conjuran estados de ansiedad o inseguridad. El impulso solidario hacia Valencia por la desgracia de la dana contrasta con nuestra indiferencia a desgracias mayores que pueda haber en África. No es racional la diferencia. Los símbolos que nos hacen sentir que somos del mismo país que Valencia provocan una conducta altruista compulsiva. Necesitamos sentirnos parte de algo mayor que nosotros. Sin ese rasgo delicado de la conducta, entre la racionalidad y la masificación total, no habríamos formado grupos viables. Pero es el rasgo por el que tendemos a la hostilidad hacia fuera del grupo y a la intolerancia y el prejuicio.
Los dos mecanismos que más compactan, y más compulsivamente, a una población son la nación (país, estado, tribu…) y la religión. Y cuanto más miedo haya más compulsiva es la conducta de grupo
A pesar de lo peligrosa que es, la emoción nacional es inevitable y funcional. Por racionales y ajenos a patrias que queramos ser, si en Alemania alguien nos llama gilipollas de mierda, nos ofende, pero si nos llama español de mierda sentimos un desprecio más profundo. La emoción grupal es peligrosa cuando se hipertrofia. El punto en que se invoca la patria o el interés nacional es el punto en que se deja de razonar. Cuando se invoca la patria continuamente, es que apenas se razona. Cuando se invoca la patria continuamente, fuera de sitio y con desmesura simbólica (banderas reivindicativas en balcones, colores nacionales en la indumentaria, banderas nacionales de tamaño absurdo), se predica odio a compatriotas y prejuicios xenófobos. Detrás de cada bandera de cada balcón hay alguien que odia a muchos españoles. La hipertrofia patriotera reduce al país a un pellejo reseco.

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La religión tiene rasgos similares. En nuestras sociedades, la religión es una emoción privada que estructura la colectividad, pero no con la fuerza de la nación. Si la referencia a un estado se debilita, la referencia religiosa es un elemento vertebrador. Y, como la nación, puede ser argumento de exclusión sectaria. La imagen de Marco Rubio con la cruz en la frente tiene más de amenaza que símbolo de culto. Los valores autoritarios que se hicieron fuertes en el mundo intentan fabricar enemigos y peligros con estas emociones compulsivas y que los individuos pongan su identidad simbólica por encima de sus intereses. Manipulando esas emociones grupales se consigue lo esencial para el autoritarismo: pasado idealizado que hay que recuperar, identidad cultural que acaba siendo racial, respuestas sencillas y enemigos señalados reconocibles y asociación de los intereses de la oligarquía con la defensa de la propia cultura. Vayamos al rearme y al cónclave.
La brutalidad de Trump está teniendo el efecto de debilitar en Europa la sobrevaloración patriotera. El poderoso aliado es ahora un matón que nos amenaza y nos maltrata, que se entiende con enemigos amenazantes y que ya no es descabellado que actúe como enemigo. Una Rusia imperial despliega sus alas. China es un coloso enredado en todas partes. Turquía emerge en el Mediterráneo, enseguida será Marruecos, resuenan los BRICS. Y nuestro poderoso aliado parece dispuesto a pisarnos. Los tarados henchidos de las hazañas de Blas de Lezo que querían volver a conquistar América y hacer la reconquista contra los moros ven lo pequeña que es España.
La única entidad mayor y protectora es una Europa desorientada que van resquebrajando. Y Ursula von der Leyen suelta triunfante lo de los ochocientos mil millones de euros en rearme. Salta a la vista la antipatía del anuncio. Ucrania ya está firmando una paz con EEUU que es una rendición. ¿Qué guerra quiere librar la UE? El rearme que nos permitirá salir del yugo americano no requiere esta urgencia y consistirá en comprar las armas a aquellos de cuyo yugo queremos salir. En todos los supuestos tenemos los repuestos, estarán pensando en el imperio. Nunca se vio a la UE movilizando tales recursos para recuperar la sanidad maltrecha por la pandemia. Pero el golpe en la mesa de repente fortalece la idea de Europa y de estar en algo protector mayor que nosotros. El dineral de armamento hace un efecto simbólico grupal, aumenta la implicación emocional con Europa. De la manera más peligrosa y más alejada del bienestar de la población. Sánchez dice que no afectará al gasto social, pero son lentejas. No imagino a Sánchez apretando las clavijas a las grandes fortunas ni poniendo plazo a la banca para que devuelva el rescate. El retorno al nacionalismo de los países parece haberse complicado, ningún delirio de grandeza puede ocultar la pequeñez de cada país.

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Además, habrá cónclave. La amenaza de una Iglesia trumpista y sectaria es evidente. Pero Enric Juliana informa de algún movimiento vaticano que mira al momento fundacional de la democracia cristiana en los años cuarenta, con protagonismo de la Iglesia. Allí se proclamó la igualdad de derechos para todos, la justicia distributiva económica y la supeditación de los bienes materiales al beneficio de todos. Son principios que bordean el artículo 128 de nuestra Constitución, que dice que toda la riqueza del país de cualquier titularidad está subordinada al interés general. Cualquier partido que proclame cosas así sería acusado de comunista trasnochado o agente de Venezuela. Pero no será tan fácil si el resultado del cónclave hace que sea la Iglesia quien las proclame y que sea la Iglesia quien choque con el emperador Trump. La pequeñez de los estados mostrada por la brutalidad de Trump puede desplazar los símbolos grupales hacia Europa y puede dar a la religión un papel vertebrador y de identificación grupal mayor que el que tiene ahora.
El amigo americano hace sentir indefensos y económicamente inseguros a los países europeos. Europa no será el bloque fuerte que necesitan sin esa argamasa emocional simbólica que requiere la implicación compulsiva grupal. Y las dos vías que se vislumbran para fortalecer tal estado emocional europeo vienen del rearme para la guerra y de la Iglesia, según resulte el cónclave. ¿Suena bien?

















