1936, un verano de hace 80 años… Gijón bajo las bombas

julio 22, 2016
EXPOSICIÓN “GIJÓN BAJO LAS BOMBAS” del 21 al 31 de julio de 2016, Ateneo de la Calzada, Gijón

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En 2011, producida por la desaparecida concejalía de Memoria Social del Ayuntamiento de Gijon, el Ateneo Obrero de Gijón y Memoria Democrática d’Asturies tuvo lugar en la Biblioteca Jovellanos la exposición “Gijón bajo las bombas”, que ahora, cuando se cumplen ochenta años y en homenaje a los civiles asesinados, rescata el Ateneo Obrero para una nueva exposición en el Ateneo de La Calzada. Fecha y emplazamiento nada casuales: precisamente las primeras víctimas del bombardeo del 22 de julio fueron tres socios de ese Ateneo.

Entre aquel 22 de julio y la entrada de las “tropas nacionales” el 21 de octubre del año siguiente, en Gijón se estuvo permanentemente expuesto a los bombardeos del crucero Almirante Cervera y de los aviones nazis de la Legión Cóndor, y, de manera ocasional, a los del acorazado España. 

La Nueva España, bajo el título “Quinientos días de infierno”, se hacía eco entonces de la exposición y de una breve reseña histórica de esos quince meses en que Gijón fue el objetivo con más ataques aéreos en el frente Norte: Lee el resto de esta entrada »


Religiosidad y conducta social

julio 22, 2016
La moral es un asunto humano. La religiosidad no engendra por sí misma ni decencia ni paz sociales.

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Gustavo Estrada, El Tiempo

Mi columna reciente sobre la naturaleza humana de la moral y la moralidad encontró desacuerdos radicales entre algunos lectores. “La moralidad y la ética sin algo trascendente como Dios no tienen sentido. Si solo existe el mundo material de átomos en movimiento, según leyes impersonales, entonces el concepto del bien y el mal no existe”, comentó alguien. No es así, sin embargo.

Las directrices morales son fruto de evoluciones individuales y sociales, sin intervención metafísica alguna. Los niveles de fe y ética individuales solo los puede conocer la persona misma, y la expresión que él o ella haga de su propia decencia suscita siempre signos de interrogación. La religiosidad y la conducta grupales, por otra parte, son ‘calculables’ mediante eventos o señales externas medibles. La primera puede estimarse mediante sondeos estructurados y la asistencia a las iglesias. La segunda puede obtenerse de encuestas formales y de estadísticas oficiales.

Esta nota repasa dos indicadores sociales -la corrupción pública, a nivel mundial, y el índice de asesinatos, en el caso de Estados Unidos-, relacionándolos ambos con las correspondientes mediciones de religiosidad. Las cifras así obtenidas deberían darnos una relación de causa a efecto, si existiera, entre las creencias religiosas y la moralidad de grupos humanos.

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