El nacionalcatolicismo, cómplice necesario de la dictadura franquista

julio 7, 2024

Para la Iglesia católica, el bando golpista suponía la supervivencia y la guerra civil, una oportunidad de reconquista religiosa y de conformar ideológicamente a la sometida sociedad española

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Ignacio Fontes, El Diario, 8 de julio de 2024

Hace 87 años, la jerarquía católica española publicó, con fecha de 1 de julio de 1937, la Carta Colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero con motivo de la guerra en España, piedra angular del nacionalcatolicismo que sería inseparable compañero de viaje de la dictadura franquista a lo largo de 35 años. 

Al margen de otras consideraciones, la elección de bando en la guerra civil de la jerarquía de la Iglesia española, lo que sería decir del Vaticano, fue mera cuestión de supervivencia: frente a la treintena, el centenar si se quiere, de personas de religión asesinadas por el Nuevo Estado –los blancos, en el lenguaje eclesiástico; los azules, en el propio–, los rojos, la Segunda República, han de acusarse de casi siete mil asesinatos, la persecución documentada más sangrienta de la historia de la Iglesia; desmedido balance que no contrapesa el que los primeros tuvieran carácter institucional o casi y que los segundos fueran producto de la fiebre revolucionaria de las turbas. Las cifras aceptadas por la historiografía eclesiástica son las documentadas pormenorizadamente –especificando identidad, condición religiosa, fecha, lugar y, a menudo, circunstancias de la muerte– por el historiador Antonio Montero Moreno, que fue arzobispo de Mérida-Badajoz: 13 obispos, 4.184 sacerdotes seculares, 2.365 religiosos y 283 religiosas, es decir, un total de 6.845 víctimas, sin contar los católicos asesinados por su actividad política, cuya religión era un agravante para ambos bandos. 

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