1 de marzo de 1940: Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo

marzo 2, 2025

Masonería y comunismo fueron retratados como enemigos de la Iglesia Católica y promotores de ideologías ateas, materialistas y antimilitaristas. Franco asimiló como creencia propia la idea de un complot global entre masones, comunistas y otras fuerzas subversivas para destruir la patria española.

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Lucio Martínez Pereda, Nueva Revolución, 2 de marzo de 2025

La Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo fue promulgada en España el 1 de marzo de 1940 por la recientemente instituida dictadura franquista. La ley consideraba delito pertenecer a la masonería, al comunismo y a otras “sociedades clandestinas” Para su ejecución se creó el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, activo entre 1940 y 1963. Durante su existencia, el tribunal incoó 27.085 expedientes y condenó a 8.918 personas. Las penas impuestas iban desde inhabilitación perpetua para cargos públicos hasta prisión (20-30 años para los líderes y 12-20 años para masones de baja graduación )La composición del Tribunal incluía un presidente, un general del Ejército, un jefe de Falange y dos letrados, todos ellos nombrados directamente por el Jefe del Estado.

La ley violaba el principio básico de la irretroactivad penal, juzgando hechos considerados legales antes de su promulgación. Los juicios del TERMC carecían de los principios básicos propios del derecho moderno, como la presunción de inocencia o el derecho a una defensa efectiva. Se llevaban a cabo en sesiones secretas que limitaba las garantías procesales de los acusados. Las delaciones servían para que el tribunal iniciase sus investigaciones y los procesos judiciales posteriores. La denuncia anónima fue un instrumento para la identificación y persecución de masones presentado por la la propaganda como un acto de lealtad al régimen.

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Prensa católica y propaganda conspiranoica antimasónica

octubre 15, 2024

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Cartel posterior a 1932 / Fuente
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Lucio Martínez Pereda, Nueva Revolución, 15 de octubre de 2024

La prensa católica desempeñó un papel crucial en la difusión de la propaganda antimasónica durante la Segunda República española, especialmente en el periodo comprendido entre 1932 y 1936. Los medios de comunicación afines a la Iglesia desarrollaron una intensa campaña antimasónica desde 1932, con un doble objetivo: presentar a la República y la masonería como aliadas en su intención de destruir la Iglesia Católica y vincular las decisiones parlamentarias que le perjudicaban a supuestos dictados de la masonería internacional. Para conseguir ambos objetivos presentaron a la República como un régimen manipulado por las logias masónicas y afirmaron que las decisiones del parlamento obedecían a los dictados de la masonería internacional. Como soporte básico en esta estrategia emplearon el modelo de teoría conspirativa procedente de «Los Protocolos de los Sabios de Sión» para vincular la masonería con una conspiración judía organizada para destruir el cristianismo.

Los periódicos

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La propaganda antimasónica antirrepublicana en España. 1931- 1939

agosto 1, 2022

Desde 1932 los medios de comunicación afines a la Iglesia venían desarrollando una intensa campaña antimasónica con el objetivo de desprestigiar a la república, presentándola como un régimen manipulado por las logias…

Lucio Martínez Pereda, Conversaciones sobre Historia, 1 de agosto de 2022

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[Dada la abundancia de notas, estas se han incorporado a una nueva página que podría mantenerse abierta durante la lectura por si se considerara interesante su revisión]

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La teoría complotista

Desde 1932 los medios de comunicación afines a la Iglesia venían desarrollando una intensa campaña antimasónica con el objetivo de desprestigiar a la república, presentándola como un régimen manipulado por las logias. Las decisiones del parlamento, según repetía insistentemente la prensa de derechas, obedecían a los dictados de la masonería internacional. La idea principal que articulaba la construcción de este discurso procedía del libro “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Los llamados Sabios de Sión, habían organizado una conspiración judía apoyada por la masonería para destruir el cristianismo e imponer una dictadura mundial. El supuesto “documento” de los Protocolos era, en realidad, una burda manipulación panfletaria creada por los servicios secretos zaristas, en la época del Affaire Dreyfuss (1900-1901)(1) que se extendió por toda Europa tras el triunfo de la Revolución Soviética.

La teoría complotista, inicialmente gozó de un escaso predicamento, pero esta circunstancia desaparece cuando el jesuita Juan Tusquets se convierte en su principal propagandista en España.(2) Su idea de que la Segunda República era un instrumento anti-español en manos del contubernio judeo-masónico-bolchevique fue difundida a través de los artículos que el presbítero escribió en El Correo Catalán(3) y, sobre todo, como consecuencia de una serie muy exitosa de 14 libros; Las Sectas(4) bajo su dirección. La obra del jesuita, fruto de su proteica pluma, llegó a tener, pese al carácter burdo de sus planteamientos, un gran predicamento entre la derecha. Franco, acérrimo lector de sus textos, devoraba sus diatribas antimasónicas con gran entusiasmo.(5) El conocimiento de Los Protocolos adquirió un gran nivel de divulgación con el gran éxito alcanzado por sus “Orígenes de la revolución española”.(6) La obra, en la que acusaba a la Segunda República de ser “hija de la masonería”, fue un éxito de ventas para la época. Tusquets se refería en su texto a Los Protocolos como una evidencia “documental” demostrativa de que los judíos estaban resueltos a destruir la civilización cristiana. Los masones y los socialistas, serian unos instrumentos en sus manos, encargados de hacer el trabajo sucio por medio de la revolución, las catástrofes económicas, la propaganda impía y pornográfica y un ilimitado liberalismo.

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