Estamos asistiendo a la creación de una nueva religión monoteísta internacional que se caracteriza por los discursos de odio

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Juan José Tamayo, InfoLibre, 26 de octubre de 2026
Estamos asistiendo a una ola neofascista que está cambiando la relación entre política y religión. En concreto, las tres religiones monoteístas –judaísmo, cristianismo e islam– están siendo sometidas hoy al secuestro de los diferentes sistemas de dominación y de sus líderes:
Del necrocapitalismo neoliberal, que ejerce la violencia económica estructural contra las mayorías populares por todo el planeta, siembra el mundo de cadáveres por la voraz acumulación de riqueza en manos de unos pocos y busca la legitimación en las religiones.
Del cristoneofascismo de Trump, que ha creado la Oficina de la Fe para defender las creencias religiosas, cuenta con el apoyo de los movimientos cristianos fundamentalistas para legitimar sus políticas belicistas, xenófobas, racistas, supremacistas, homófobas, transgresoras del Derecho Internacional y de los Derechos humanos.
Del sionismo cristiano, que apoya el colonialismo genocida al que somete Israel a Palestina, apoyándose en los principios excluyentes de “Pueblo Elegido” y “Tierra Prometida”.
Del sionismoneofascista de Netanyahu, que ha causado más de 75.000 asesinatos en Gaza, cientos de muertos y ocupación violenta de tierras en Cisjordania por parte de los colonos judíos y miles de muertos en el Líbano, apelando a textos de la Biblia judía leídos de manera fundamentalista para justificar su odio a la vida de los palestinos y libaneses; un odio a la vida que se apoya en la imagen de un Dios violento.
«Los distintos sistemas de dominación y sus dirigentes, que se confiesan cristianos, judíos o musulmanes, han cambiado el amor por el odio, el perdón por la venganza, la defensa de la vida por el asesinato y el genocidio»
Del presidente de Colombia Abelardo de la Espriella, católico converso que asumió la presidencia de la República con una fuerte presencia religiosa y con tono militarista al grito de “Viva Cristo Rey” caminando en medio de cadáveres, está decidido a que la nación vuelva a Dios y se ha comprometido a gobernar con el fusil en una mano y la Biblia en la otra.
Del petroislam de Arabia Saudí y de los países del Golfo Pérsico, que propaga internacionalmente una interpretación fundamentalista y extremista del islam sunnita en su modalidad wahhabita. La difusión de dicha interpretación se realiza a través de las exportaciones del petróleo y constituye una de las mayores perversiones del islam originario.
Del tecno-feudalismo de Elon Musk, que convierte en siervos de la gleba a las personas usuarias de sus programas y a quienes utilizan sus redes.
De la política iliberal y represiva de Nayyib Bukele que, bendecido por los pastores evangelistas e incumpliendo la propia Constitución salvadoreña, se ha erigido en el Salvador de la patria, ungido por Dios, y se ha convertido en carcelero no solo de las maras, sino de las personas y colectivos disidentes.
De la necropolítica, que es la coalición de todos los poderes para decidir quiénes pueden morir –las mayorías populares– y quiénes tienen que vivir; la última manifestación de la necropolítica en España ha sido la muerte de 145 personas marroquíes y subsaharianas el 31 de julio en un intento de llegar a la ciudad Ceuta a nado. Son personas anónimas a quienes muy pocos hemos llorado, hemos recordado y por quienes muy pocos hemos sentido compasión.

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En España, de la alianza entre la extrema derecha política, social, cultural y económica (Vox, Manos Limpias, partidos falangistas, etc.) y los movimientos cristianos fundamentalistas e integristas (iglesias evangelistas, HazteOír, Asociación de Abogados Cristianos, etc.), que recortan derechos humanos, niegan la violencia de género y el cambio climático y dicen defender los valores auténticos del cristianismo cuando lo que hacen es mutarlos por sus contrarios.
Trump, Netanyahu, Bukele y De la Espriella se han convertido en los teólogos del neofascismo que están neutralizando la interpretación liberadora de los textos fundacionales del judaísmo, el cristianismo y el islam. El resultado es la creación de una nueva religión monoteísta internacional que se caracteriza por los discursos de odio contra el feminismo, la teoría de género, a la que califican despectivamente de “ideología de género”, los colectivos LGTBIQ+, la interrupción voluntaria del embarazo, la negación de la violencia de género, de los derechos sexuales y reproductivos, la educación afectivo-sexual, el Derecho Internacional y de los derechos humanos, la educación afectivo-sexual.
Los sistemas de dominación descritos y sus dirigentes, que se confiesan cristianos, judíos o musulmanes han cambiado el amor por el odio, el perdón por la venganza, la defensa de la vida por el asesinato y el genocidio, la amistad social de la que hablaba el papa Francisco por la dialéctica amigo-enemigo, la hospitalidad por la xenofobia y el racismo aporofóbico, la fraternidad-sororidad por la discriminación de las mujeres, el respeto a las otras y a los otros por la intolerancia hacia las personas y los colectivos “diferentes”, la compasión con las víctimas por la insensibilidad hacia el sufrimiento de las personas inocentes; el reconocimiento de la dignidad de todos los seres humanos por la prioridad nacional, que es la forma más sibilina de negación de la dignidad y de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas.
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Juan José Tamayo es teólogo de la liberación. Sus últimos libros son ‘Cristianismo radical ‘(Trotta, 2026) y ‘Política y religión‘ (Tirant, 2026).


















