La batalla por la educación: el mapa de la extrema derecha que quiere controlarla y cambiarla

Partidos, fundaciones, asociaciones religiosas, medios y plataformas digitales forman una red de influencia que disputa qué se enseña, quién decide y para qué sirve la educación.

Fuente Julián Macías Tovar en X
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Enrique Díez, El Diario de la Educación, 16 de octubre de 2026

¿Quién está intentando definir qué debe conocer la sociedad? ¿Cómo se disputa la hegemonía cultural y se reconstruye el “sentido común” social? ¿Cuáles son los discursos que presentan determinadas políticas educativas como una amenaza? ¿Qué red consigue que ideas promovidas desde espacios políticos, religiosos o culturales de extrema derecha se difundan y lleguen al debate público y condicionen la agenda educativa?

Estas preguntas están en el centro de la investigación publicada recientemente en la revista científica Comunicar, en la que participan varias universidades públicas españolas (Universidad de León, Universidad de La Rioja, Universidad Complutense de Madrid, Universidad de Málaga). El estudio, titulado Ecosistema neofascista en educación: el «mapa educativo» de la extrema derecha en España, analiza las conexiones entre los actores que intervienen en esta disputa.

De los mensajes en las redes a una red de influencia

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Para reconstruir ese mapa analizamos 150.000 publicaciones -tuits y retuits- relacionadas con la campaña #StopLeyCelaá, desarrollada en X contra la LOMLOE, pues en ella se concentraron buena parte de la red del neofascismo educativo del Estado español. Para ello combinamos el análisis de redes sociales con la etnografía digital y examinamos las conexiones políticas, institucionales y organizativas de los principales actores identificados.

No se trata únicamente de contar quién publica más mensajes, sino de identificar quién se relacionaba con quién, qué organizaciones funcionaban como puntos de encuentro y qué actores ocupaban posiciones estratégicas para conectar espacios diferentes. Esto es clave. Una organización puede tener una presencia limitada en las redes sociales y, sin embargo, desempeñar un papel relevante porque conecta a dirigentes políticos, asociaciones familiares, fundaciones y entidades educativas. Su influencia depende de su posición dentro de la red.

El mapa muestra que en el ecosistema del neofascismo educativo confluyen sectores conservadores tradicionales, organizaciones religiosas, actores vinculados a la enseñanza privada, fundaciones ideológicas y representantes de la derecha radical y la extrema derecha. Sus intereses confluyen en espacios de convergencia en los que comparten diagnósticos (¡la educación pública es un desastre!), refuerzan mensajes (¡la culpa es del sanchismo!) y construyen una agenda común (¡hay que derrocar al gobierno!).

El papel de los espacios que conectan

Uno de los hallazgos más significativos es la posición central del Foro Educativo por la Libertad de Enseñanza, organizado por la Fundación NEOS en 2022. El análisis identifica este encuentro como un espacio de articulación entre actores que proceden de ámbitos políticos, educativos, religiosos y asociativos diferentes.

En torno a él aparecen organizaciones como la Fundación Villacisneros, Educatio Servanda y la Asociación Católica de Propagandistas, junto con entidades relacionadas con la enseñanza privada y figuras vinculadas al Partido Popular, así como actores y plataformas de la extrema derecha.

El Partido Popular ocupa una posición relevante en la red, superior a la de Vox, pues este partido político no tiene propuestas en el tema educativo, más allá de dos o tres eslóganes y la convicción de que el profesorado de la educación pública adoctrina en “ideología marxista y de género”. Esta constatación ayuda a comprender que la circulación de determinadas propuestas y la asunción de determinados marcos ideológicos (adoctrinamiento, pin parental, etc.) no se produce únicamente desde los sectores más explícitamente extremistas. También intervienen organizaciones y espacios con una trayectoria institucional más consolidada, capaces de conectar ámbitos políticos, educativos y sociales.

Los eslóganes y mantras que la derecha ha asumido de la extrema derecha (libertad o comunismo) son trasladados al ámbito educativo: la educación concertada como libertad de elección frente a la educación pública como adoctrinamiento o ingeniería social.

¿Qué educación se quiere construir?

La red no se articula solo mediante relaciones personales e institucionales. También converge en determinadas ideas sobre la educación, la familia, la autoridad y el papel del Estado.

El estudio identifica cuatro grandes orientaciones. La primera es la primacía de las familias en las decisiones educativas (pin parental), especialmente cuando se trata de contenidos relacionados con la educación afectivo-sexual, la igualdad o la diversidad. La segunda es el cuestionamiento de contenidos curriculares vinculados a estos ámbitos, presentados con frecuencia como imposiciones ideológicas. La tercera es la defensa de modelos de gobernanza educativa que conceden mayor peso a la elección individual y a las lógicas de mercado. La cuarta es la promoción de una concepción nacional-patriótica del currículo, asociada a principios meritocráticos y jerárquicos.

Estas propuestas se presentan a menudo mediante palabras con una fuerte aceptación social: libertad, pluralismo, derechos de las familias o calidad educativa. La pregunta decisiva es qué ocurre cuando la libertad de elección disfraza la selección de quien selecciona estar con la clase social a la que aspira a llegar y desplaza la atención de la igualdad de oportunidades; cuando los derechos familiares se invocan para cuestionar que la escuela eduque de forma plural en igualdad, diversidad y convivencia democrática; o cuando la enseñanza pública se la acusa de ser un espacio de supuesto adoctrinamiento mientras se reivindica mantener la religión católica en las aulas y una mayor capacidad de intervención sobre el currículo.

La disputa que está en juego es la función social de la educación, la pluralidad del profesorado y la capacidad de la escuela para garantizar una formación común basada en los derechos humanos y los principios democráticos.

Una batalla cultural que va más allá de la escuela

Pero la investigación va más allá y permite comprender que esta disputa educativa forma parte de una batalla cultural más amplia. Los mensajes difundidos en las redes sociales conectan con campañas presenciales, encuentros organizativos, iniciativas políticas y discursos mediáticos. La circulación entre esos espacios contribuye a instalar determinados problemas en la agenda pública y a presentar algunas respuestas como si fueran las únicas razonables.

Por eso hablamos de un ecosistema y no simplemente de una suma de organizaciones. El concepto permite observar las relaciones, las mediaciones y la división del trabajo entre actores diferentes. Mientras unos intervienen en la política institucional, otros promueven ideas, organizan movilizaciones, producen argumentos jurídicos o educativos y amplifican mensajes en las plataformas digitales.

Comprender esta dinámica resulta especialmente importante en un contexto que la extrema derecha trata sistemáticamente de polarizar políticamente, pues sabe que en la polarización no hay argumentación, sino emoción: conmigo o contra mí. Y sabe que en ese terreno la educación se convierte en espacio privilegiado para disputar el significado de términos emblemáticos como la igualdad, la libertad, la ciudadanía o la democracia.

Esta investigación ofrece así una primera cartografía sistemática de las conexiones que sostienen este ecosistema y de los marcos educativos en torno a los cuales converge.

La respuesta también tiene que ser educativa

Si la disputa se desarrolla mediante redes de influencia, campañas comunicativas y espacios de legitimación, la respuesta democrática no puede limitarse a reaccionar ante cada polémica cuando ya se ha extendido. Necesitamos comprender cómo se construyen esos discursos, qué intereses expresan y qué mecanismos permiten que determinadas narrativas se conviertan en sentido común.

Esto exige mayor transparencia sobre las relaciones entre organizaciones y actores que intervienen en la gobernanza educativa; una formación docente que incorpore alfabetización mediática crítica y herramientas para analizar los discursos autoritarios; y una reflexión democrática sobre el papel de las plataformas digitales en la amplificación de mensajes que cuestionan la igualdad y la convivencia.

También exige defender el debate educativo sin confundir la crítica legítima a una ley con la deslegitimación sistemática de la escuela pública o de su profesorado. La pluralidad democrática requiere confrontar argumentos, contrastar evidencias y garantizar que las decisiones educativas se discutan atendiendo al derecho de toda la ciudadanía a una educación de calidad, inclusiva y equitativa.

La educación nunca ha sido un territorio neutral. En ella se disputa qué conocimientos merecen transmitirse, qué valores deben orientar la convivencia y qué sociedad queremos construir. Conocer las redes que intervienen en esa disputa es un primer paso para que la ciudadanía, el profesorado y las instituciones democráticas puedan participar en ella con mayor información y capacidad crítica.

Porque la batalla por la educación no se libra únicamente en las aulas ni en los parlamentos. También se libra en las redes, en las fundaciones, en los medios y en los espacios donde se construyen las ideas que después llegan a la escuela. Y una democracia que quiera defender una educación pública, inclusiva y comprometida con el bien común necesita conocer esas conexiones, comprender sus estrategias y fortalecer su propia capacidad de respuesta democrática.

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Referencia del estudio

Díez-Gutiérrez, E.-J., Payá-Gómez, M.-A., Villena-Oliver, A., Macías-Tovar, J. y Fernández Navas, M. (2026).
Neofascist Ecosystem in Education: The Far Right’s “Educational Map” in Spain.
Comunicar, 34(87), 127–141. https://doi.org/10.5281/zenodo.23183747

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Estudio en PDF: Ecosistema neofascista en educación: el «mapa educativo» de la extrema derecha en España

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