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Pedro López López, Lo Que Somos, 20 de febrero de 2026
Uno no sabe si reír o llorar, así están las cosas en la educación. ¿Cómo es posible que la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Sevilla, con su prestigio, avale un curso, o cursillo, o taller, o lo que sea… tan “friki”? La Voz del Sur (12-2-2026) lo tilda de “curioso”. Evidentemente, “curioso” aquí y en el contexto del titular y del artículo, viene a significar algo así como “simpático”, pues evidentemente el tono del artículo destila simpatía y no rechazo ni extrañeza. Pero más que curioso cabría decir estrafalario, ¿hasta cuándo la Iglesia católica va a seguir dando patadas a la más elemental lógica, adoctrinando a menores de edad, apropiándose ilegítima e ilegalmente de patrimonio histórico vía inmatriculaciones, entre otros abusos?, ¿y hasta cuándo la sociedad y el Estado, con los gobiernos de turno, van a seguir mirando para otro lado e incluso facilitando estos excesos?
El laicismo defiende la libertad de conciencia, que cada persona elija sus valores éticos y cívicos en base a la reflexión y no al adoctrinamiento, a las tradiciones o a otras argucias, incluyendo las seudojurídicas.
Está claro que el momento histórico que estamos viviendo está contemplando la demolición de la democracia, los derechos humanos, el derecho internacional y hasta el sentido común. El blanqueamiento del fascismo avanza sin muchas cortapisas, la insensatez se abre paso sin reacciones relevantes, la tercera guerra mundial parece acercarse, ayudada por el empeño de dirigentes mundiales en aumentar los presupuestos militares y ascender en la escalada bélica, suicida para la Humanidad.
Hasta hace pocos años el progreso social nos parecía imparable, teníamos la impresión, al menos en Europa, de que los derechos conquistados no podían cuestionarse, y menos derogarse. Cuando hace un par de décadas teníamos noticias de grupos fascistas nos parecía que no suponían una amenaza seria a la democracia, por imperfecta que esta sea. Se acabaron las alucinaciones, los bárbaros están aquí.

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La pesadilla trumpista ha llegado y nos ha pillado desprevenidos, no podíamos imaginar que iba a llegar tan lejos como para apoyar genocidios como el de Palestina y ahora el de Cuba, porque sin petróleo y con todo tipo de boicots es impensable que no haya muertes por falta de recursos para atender enfermos, partos complicados, operaciones quirúrgicas, etc.; tampoco podíamos pensar que se atreviera a secuestrar al presidente de un país. Afortunadamente, se van viendo respuestas en el propio pueblo estadounidense y empiezan a asomar respuestas en el terreno internacional (cierto es que de los BRICS, por ejemplo, no recibimos prácticamente noticias de los medios convencionales). ¿Llegarán a ser suficientes? Los acontecimientos que estamos viviendo parecen indicar que el comportamiento económico y geopolítico de Estados Unidos responde más a la desesperación de ir perdiendo poderío que a otra cosa. Pero esto no es demasiado tranquilizador, una bestia herida puede terminar sucumbiendo, pero antes de hacerlo va a provocar daños incalculables.
En todo caso, comenzaba esta reflexión con el ámbito educativo, llamando la atención sobre la deriva alucinógena que está tomando el sistema educativo incorporando temáticas como la comentada al principio. Lo peor es que la enseñanza de la ciudadanía, los valores democráticos, los principios éticos de solidaridad, empatía con los vulnerables, etc. van dejando paso al emprendimiento, a la competitividad, a un mundo hecho a la medida de inversores y negocios, y no de seres humanos. Y, cómo no, en este mundo tiene un peso importante la religión, históricamente al lado del poder y apoyando la alienación de las personas a través del rezo y no su formación democrática y ciudadana.
Pedro López López es miembro del Grupo de Pensamiento Laico
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Nota:
«Cátedra» costalera | Cartel
La Voz del Sur
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