En ella han intervenido Pilar Salomón, que abordó el tema “Cruzada y nacionalcatolicismo: la Iglesia católica en la guerra civil y el franquismo”; y Luis Arduña, licenciado en Derecho, con la ponencia “Iglesia y Memoria Democrática: Cuando todo depende de quien recuerda”.

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Fuentes: AraInfo / Canal Youtube Pama (Plataforma de Acción por la Memoria de Aragón), 24 de octubre de 2025
La Plataforma de Acción por la Memoria de Aragón (PAMA), la Fundación 14 de Abril, y el Ateneo Republicano de Zaragoza organizaron este pasado martes, 21 de octubre, el acto “Iglesia y Memoria Democrática: cuando todo depende de quien recuerda”, en el que se analiza el papel de la Iglesia católica durante el golpe de Estado de 1936, la dictadura franquista y su posición actual respecto a la memoria democrática.
El encuentro, con entrada libre hasta completar aforo, se celebró a las 18:00h. en el Antiguo Salón de Plenos de la Diputación de Zaragoza y pudo seguirse también por streaming.
En el acto han participado Pilar Salomón*, profesora titular del Departamento de Historia de la Universidad de Zaragoza, que abordó el tema “Cruzada y nacionalcatolicismo: la Iglesia católica en la guerra civil y el franquismo”; y Luis Arduña, licenciado en Derecho, con la ponencia “Iglesia y Memoria Democrática: Cuando todo depende de quien recuerda”. Presentación y moderación corrió a cargo de Nerea Marín, diputada de Memoria Democrática de la Diputación de Zaragoza.
La actividad contó con la colaboración del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, a través de la campaña “50 años en libertad”, y de la Diputación de Zaragoza.
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Notas Asturias Laica
* Pilar Salomón: En Dialnet podemos encontrar enlaces a sus artículos, colaboraciones, libros…, que, en varios casos, pueden leerse y/o descargarse
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Vídeo
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Nerea Marín en la presentación del acto:
«Porque hablar de iglesia y memoria no es solo recordar el pasado, es también entender cómo se construyeron los relatos, qué verdades se silenciaron y por qué todavía hoy cuesta tanto reconocer la responsabilidad de ciertas instituciones. La Iglesia Católica como institución, a través de su jerarquía y con el apoyo de una gran parte de sus feligreses, tuvo un papel activo en el golpe contra la Segunda República Española, en la represión franquista y en los 40 años de dictadura.
La Iglesia no quería perder el poder que durante siglos y especialmente durante la dictadura de Primo de Rivera había acumulado controlando las leyes, la educación y la moral individual. Y está ampliamente documentada la posición frontal de los obispos a las leyes republicanas con el respaldo del Papa Pío X, que llamaba a defender la civilización cristiana y combatir las leyes de la República.
Cuando se produjo el golpe militar, la jerarquía eclesiástica lo apoyó de inmediato, calificándolo como una santa cruzada contra el comunismo y el ateísmo y en defensa de la civilización cristiana. Al gobierno del Frente Popular lo consideraban ilegítimo, tiránico, traidor a la patria y enemigo de Dios y de la Iglesia. Quizá el mejor resumen de todo ello sea la afirmación del arzobispo de Burgos, el cardenal Gomera, que decía, «Benditos sean los cañones si hacen florecer el evangelio.» Ese pensamiento resume el espíritu del nacional catolicismo, que fue la base ideológica del franquismo. Una ideología que impregnó las leyes, la educación, la moral pública y la vida cotidiana. La Iglesia se encargó de los servicios sociales, de la enseñanza, pero también del control moral de la sociedad y del castigo de las mujeres desde una visión profundamente misógina y patriarcal.
A pesar de las leyes de memoria democrática, las huellas de ese poder siguen presentes. Siguen presentes en símbolos franquistas, en templos y catedrales, en placas conmemorativas que se encuentran cerca de altares, en cruces de los caídos en las fachadas o emblemas nacionales católicos que aún procesionan por las calles, como un ejemplo cercano que tenemos en el Rosario de Cristal, que cada año recorre las calles de Zaragoza.
La Iglesia nunca ha pedido perdón por su responsabilidad en el ascenso, legitimización y represión del franquismo. Y por eso resulta tan necesario crear espacios como este donde podamos recordar, analizar y comprender su papel histórico. Porque solo conociendo toda la verdad podremos hablar de justicia y podremos hablar de reparación, pero sobre todo podremos garantizar la no repetición porque hoy en 2025, 50 años después del fin de la dictadura, una parte de la Comisión Episcopal mantiene posiciones políticas muy próximas a la ultraderecha. La Iglesia continúa siendo un actor político relevante con los privilegios que le da el concordato a un vigente, con poder institucional y con una clara voluntad de influir y dominar la batalla cultural junto con la derecha y la ultraderecha. Lo vemos en su oposición al feminismo, a la derecha, a la a los derechos del LGTBQ plus, a la ley de eutanasia, al aborto o a las políticas de igualdad. también en su defensa de la enseñanza privada concertada frente a la escuela pública y en la presencia de profesorado de religión en los centros educativos.
Hoy, cuando se abre la vía de la reforma de la Constitución para garantizar el derecho al aborto, no podemos olvidar que la Constitución de 1978 todavía mantiene esas prerrogativas de la Iglesia Católica. En su artículo 16 establece que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica.
Por todo ello, este coloquio es una oportunidad para reflexionar sobre cómo la Iglesia influyó en la memoria colectiva, cómo condicionó la construcción del relato histórico y cómo sigue presente en los debates actuales sobre verdad, justicia y democracia. Porque como sugiere el título de esta charla, todo depende de quién recuerda, de quién se recuerda y de qué se ha decidido olvidar»…

















