Un repaso de Vicente Montes a la presencia/ausencia de los distintos Gobiernos de Asturias en la misa que se celebra en la basílica de Covadonga en la festividad de la Virgen

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Fuente: Vicente Montes, La Nueva España, 6 de agosto de 2025
Por segundo año consecutivo, el Gobierno regional dará plantón al Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, en la misa que se celebra en la basílica de Covadonga con motivo del Día de Asturias y la festividad de la Santina. Lejos de restañar heridas, el distanciamiento entre el Ejecutivo del socialista Adrián Barbón y el arzobispo Jesús Sanz Montes se consolida, rompiendo de manera inédita lo que ya era casi una tradición.
Solo hubo una ausencia de un Presidente autonómico en Covadonga y fue en 1983: Pedro de Silva prefirió acudir a la celebración impulsada por el Principado en Vegadeo. Con todo, envió a la misa al consejero de Administración Territorial, Faustino González Alcalde. Al año siguiente, De Silva acudió ya a la celebración religiosa, como ya hiciera Rafael Fernández; eso sí, se negó a permanecer arrodillado durante la consagración. Desde entonces, ha sido ininterrumpida la presencia del Ejecutivo, soportando en varias ocasiones discursos incómodos de los prelados. Ahora eso se ha quebrado precisamente por el presidente del Principado que más ha proclamado públicamente su fe católica.
¿Cuál fue el origen?
Barbón decidió en 2024 no acudir a Covadonga aduciendo que no quería que su presencia fuese motivo de conflicto. En la celebración del año anterior, con Barbón en primera fila, Sanz Montes acusó a la izquierda de jalear la polémica por el beso de Luis Rubiales a la futbolista Jenni Hermoso, aseguró que si cristalizasen los pactos con los independentistas catalanes se rompería la convivencia, cargó contra los «ecolojetas» que no condenan el aborto y censuró el feminismo que se ejerce con «postureo, empoderamiento y zafia mediocridad». Aquellas palabras encendieron al PSOE y agitaron el debate interno sobre si era necesaria la presencia del Presidente en un acto religioso. También había, de soslayo, cierto reproche interno a un presidente que hace gala de su fe y devoción, y acudía ante el Arzobispo a recibir desaires.
El presidente de la Junta acudirá
El año pasado, ni Barbón, ni la delegada del Gobierno, Adriana Lastra (ambos católicos); ni el presidente de la Junta, Juan Cofiño, pisaron la basílica. Este año, ese frente se ha roto: el presidente del parlamento ya ha confirmado que asistirá a la incómoda misa. También estará el presidente del TSJA, Jesús Chamorro. De los tres poderes, solo faltará el Ejecutivo.
«El día 8 estaré en Covadonga, sí. El arzobispo me ha invitado y considero que mi posición institucional requiere la presencia en Covadonga», afirmó. Cofiño añadió que en un contexto de «mucha polarización política», resulta fundamental que quienes encabezan las instituciones, que «son de todos», den prioridad al entendimiento. Recalcó que la Junta General representa «al pueblo asturiano» y, por encima de debates partidistas o ideológicos «debe primar el entendimiento entre las instituciones». La decisión de Cofiño recibió ayer el reproche de la diputada del grupo mixto Covadonga Tomé: «Es muy grave, estamos totalmente en contra», afirmó. [También Asturias Laica se ha posicionado en contra a través de un escrito enviado a La Nueva España]
El tono del prelado no ayuda
La posición de Cofiño es bien diferente a la del Gobierno, pese a que en el último año ha habido mediaciones con el Arzobispo para que trate de suavizar el tono de su homilía: un propósito que se daba por conseguido, pero que saltó por los aires tras el reciente tuit de Sanz Montes en el que empleaba el término «moritos» para respaldar la prohibición de actos musulmanes en instalaciones municipales adoptada en Jumilla (Murcia) por un gobierno del PP y Vox. El tono también ofendió en círculos católicos.
Ante la celebración de este 8 de septiembre, Barbón ha vuelto a esgrimir el argumento de que no quiere que su presencia sea motivo de conflicto, pero lo cierto es que el año pasado, con el Gobierno regional ausente, Sanz Montes tampoco se mordió la lengua: «No falta ninguno de los que declinan entrar por razones dudosas», dijo, al tiempo que cargó contra quienes buscan «polémicas artificiales y sincronizadas». Otra paradoja añadida: el presidente sustenta los motivos de su ausencia no tanto en la discrepancia política, sino en el sacrificio devoto: «No quiero que mi presencia distorsione lo que tiene que debe centrarse en honrar a la Santina de Covadonga». De hecho, ha recalcado que acudirá a misa en honor de la patrona de Asturias, aunque en otro lugar.
¿Qué se ha roto entre Barbón y Sanz Montes?
Pese a la clara discrepancia del Gobierno asturiano con el prelado, es inevitable encontrar ciertos paralelismos entre el Arzobispo y el Presidente. Jesús Sanz Montes es un Arzobispo que no oculta sus posiciones políticas y que las reafirma desde el púlpito de la basílica de Covadonga, en un día al que se le atribuye un carácter que trasciende lo religioso y que debería alentar la unidad colectiva. Adrián Barbón es un presidente del Gobierno que no oculta su fe católica y que la reafirma desde el estrado de la Junta General, un espacio aconfesional de representación de todos los asturianos.
Otro aspecto común: las homilías excesivamente políticas de Sanz Montes y el tono empleado en algunas afirmaciones disgustan incluso a un amplio sector de católicos; las demostraciones públicas de fe de Barbón cuando ejerce como Presidente incomodan a parte de la militancia socialista y al resto de la izquierda. Ambos arropan su actitud apelando al derecho a ser ellos mismos. Sanz Montes habla desde el púlpito como un político de la oposición más dura a Sánchez. Barbón besa la Biblia en la Junta y explica a los diputados de Vox por qué son malos cristianos. ¿Cabe mayor intercambio de papeles?
Homilías que nunca dejaron de incomodar al Gobierno de turno
Las homilías de Sanz Montes en la misa solemne siempre han estado marcadas por afirmaciones de carácter político muy críticas con la izquierda y, sobremanera, con el Gobierno de Pedro Sánchez. Las de otros prelados que le precedieron tuvieron otro tono, pero no por ello resultaron siempre cómodas al Ejecutivo regional de turno.
Díaz Merchán: la defensa obrera frente al Principado y reproches al PP. El recordado Arzobispo
Gabino Díaz Merchán rezó por las autoridades autonómicas, criticó el paro juvenil, e incluso se metió en un buen jardín al proclamar en 1991 una defensa «del derecho de los pueblos a la autodeterminación», si bien matizó luego que el problema está en «saber qué comunidades son nación». «No podemos esperar que nos resuelvan los problemas desde fuera, ni iniciativas estatales ni foráneas», llegó a enunciar en una ocasión.
Comprensión ante los insultos a Trevín
En 1993, Antonio Trevín soportó a las puertas de la basílica los insultos de familiares de Duro Felguera: «¡Fascistas, caraduras!», gritaron a las autoridades. En la homilía, Díaz Merchán, dijo comprender «la angustia» de los trabajadores «y la de otros muchos de Asturias; el problema no es solo de ellos , sino de nuestra re gión». En otras intervenciones de Merchán hubo defensa de la minería o de los problemas de la agricultura por la entrada en la UE.
De lleno en la crisis del Gobierno de Marqués
La llegada al poder del PP, con Sergio Marqués como presidente, ya fue excusa para que el PSOE e IU se ausentasen en la misa. Y si alguien pensaba que con un gobierno de derechas todo serían parabienes, cabe recordar el malestar que causó en el Ejecutivo la defensa del asturiano que hizo Díaz Merchán en 1997. O el amparo que dio la Diócesis al encierro de los despedidos de Duro en la Catedral. ¿No era meterse en política cuando el Arzobispo, en plena fractura del PP y de la crisis institucional que afectó al Gobierno de Marqués defendió «una salida civilizada, democrática, rápida y en el ámbito de la Junta General»?
Calma con Areces
Con el socialista Vicente Álvarez Areces apenas hubo homilías polémicas. En la primera misa de la Santina que le tocó al gijonés, quienes faltaron fueron los dirigentes del PP, después de que la Iglesia asturiana atribuyese a los populares buena parte de la crisis institucional del gobierno de Marqués. La llegada de Carlos Osoro a la mitra asturiana trajo pocos sobresaltos en la basílica, si bien el prelado no ahorró críticas a los nacionalismos y las imposiciones lingüísticas. «En otros sitios de España tendrían que saber llevar esta buena relación», llegó a decir Osoro sobre la sintonía con el gobierno regional.
…Hasta la llegada de Sanz Montes
Que Sanz Montes no iba a mantener el tono conciliador de Osoro quedó claro en su primera homilía en Covadonga: acusó a la izquierda de «desmantelar la familia» y Areces no se calló: «El arzobispo habla en términos del Antiguo Testamento», afirmó el socialista. Ya con Álvarez-Cascos en la presidencia autonómica, Sanz Montes no cambió el discurso, si bien Cascos rompió con la tradición de hacer declaraciones tras la homilía.
Cordial distancia con Fernández y alguna posición común
En 2012, Sanz Montes ofreció al presidente Javier Fernández «oración y colaboración leal», y durante dos años apenas hubo roces. En 2014 incluso hubo cierta coincidencia en las posiciones de ambos. Sanz Montes defendió «no dilapidar la unidad plural de España» y Javier Fernández pidió que Asturias sea «una muralla para defender el Estado de bienestar». Ya planeaban las alianzas de Sánchez con el separatismo que también criticaba Fernández. Tampoco hubo más incomodidades que trascendiesen, pese a la evidente diferencia ideológica entre el entonces presidente y el Arzobispo.
Barbón parecía «de casa» y fue recibido con un elogio y un reproche
En 2019, primer año de Barbón como presidente en la celebración de Covadonga, Sanz Montes lanzó un elogio a un Presidente que no ocultaba su fe: «Usted será un bien para Asturias y la Iglesia», dijo; pero en su homilía criticó la «persecución» que sufre la familia y ya cuestionó la «demagogia feminista». Barbón no tuvo problema en replicarle reafirmando la vocación feminista de su gobierno. Aquel primer choque también tuvo relajo. En 2020, el Arzobispo elogió la respuesta de Asturias en la pandemia y colmó de elogios a Barbón de idéntica intensidad que los mandobles dirigidos a Sánchez. En los años siguientes, el prelado siguió con su estrategia de una de cal y otra de arena: cuestionaba decisiones de Sánchez, como la ley de Eutanasia, pero agradecía «el esfuerzo de los políticos para construir una Asturias unida». Hasta que en 2023 el silencio de Barbón saltó por los aires.
En misa y repicando; en el púlpito y el escaño
El distanciamiento entre el PSOE y la Diócesis llega hasta el punto de que el partido ha propiciado que este año la misa de Covadonga no se retransmita en la televisión regional. Barbón ha ido convirtiendo la entrega de las medallas de Asturias en el gran acto institucional de la jornada, relegando el foco que durante años estuvo en la basílica. No faltan quienes ven un intento de establecer una celebración patria laica en el empeño del Ejecutivo de impulsar la idea de un Día de la Bandera el 25 de mayo, conmemorando el levantamiento de los asturianos frente al invasor francés. Pero ¿cómo se concilia eso con la proclamación religiosa del Presidente en su actividad política, hasta el punto de atribuir a la Santina el «milagro» del accidente sin víctimas mortales de un autobús en Los Lagos? Es difícil estar en misa y repicando; estar en el púlpito y en el escaño. Gabino Díaz Merchán repetía en numerosas ocasiones: «La Iglesia no es una alternativa al poder humano». El poder humano tampoco requiere de misticismo.
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