Debajo del barniz de la plácida existencia bucólica de la América profunda bulle una vida oculta que pone los pelos de punta

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John William Wilkinson, La Vanguardia, 2 de febrero de 2025
Quiso el destino, si es que tal cosa existe, que pocos días antes de que Donald Trump jurara como 47º presidente de los Estados Unidos en el Capitolio de Washington, escenario de un fracasado golpe alentado cuatro años antes por él mismo, muriesen Jimmy Carter, el presidente que devolvió a Panamá el canal que ahora Trump pretende recuperar, y el cineasta David Lynch, que es quien, en el arranque de Blue velvet (Terciopelo azul), nos mostró, y nos sigue y nos seguirá mostrando, mediante la oreja de una persona desconocida encontrada en un descampado, que debajo del barniz de la plácida existencia bucólica de la América profunda bulle una vida oculta que pone los pelos de punta.
Y ahí en la ceremonia estaba la oreja de Trump, que daba testimonio del fracasado intento de asesinato del que se salvó gracias a la intervención de, en palabras del flamante presidente, Dios.
Quizás sea así en todas partes, pero se diría que en estos asuntos los estadounidenses se llevan la palma. Por otra parte, como quedó evidente en la ceremonia de investidura de Trump, entre tantas biblias, líderes religiosos y misas, Dios es un protagonista activo e intervencionista en el día a día de sus ciudadanos, sean o no creyentes, como queda atestado en su moneda, el todopoderoso dólar, que proclama “In God we trust”.
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Posted by asturiaslaica 

















