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Armando Nosti Caso, La Nueva España, 26 de septiembre de 2024
«El arte, como el amor, no conoce de ideologías. Salvo para los comunistas». Dice Jové, diputado de Vox en la Junta, apoyando la idea de que la cruz del Simancas sea declarada BIC. No aclara si considera comunistas o que no son arte, los frescos de la Capilla Sixtina, la obra de Rafael o Miguel Ángel, «La última cena» de Leonardo, la iconografía de iglesias y monumentos, cientos de obras en museos de todo el mundo o la imaginería española. Las tonterías que se pueden decir para defender lo indefendible. Dice también que el monumento «representa valores eternos como el compromiso, la entrega y el sacrificio hasta perder la vida por defender los ideales en los que uno cree». Es ideología defender una cruz que perpetúa la memoria de unos golpistas a las órdenes de quienes habiendo ostentado el poder feudal a lo largo de siglos, veían peligrar su estatus y los financiaron como una inversión más que les rindiera pingües beneficios, instaurando una dictadura de cuarenta años, continuada por una dictablanda que llega hasta nuestros días.
Compara la retirada con la destrucción de los budas de Bamiyán; no hace falta ir tan lejos, Madrid borró los versos de Miguel Hernández del memorial de La Almudena y rompió a martillazos la placa que homenajeaba a Largo Caballero a petición de su partido, y la dictadura destruyó cualquier recuerdo de la República. Tampoco se pide arrasar el monumento, solo retirarlo de la vía pública y conservarlo donde no ofenda la memoria de sus víctimas, ni pueda ser utilizado por los fascistas para homenajear a los responsables de un millón de muertos.
De Figaredo, diputado de Vox, se puede decir lo del Piyayo, «a chufla lo toma la gente», solo que El Piyayo «causaba un respeto imponente». Figaredo, habitual en los programas de zapping por su torpeza al formular preguntas absurdas que no entiende, hace como que se enfrenta a unos manifestantes antirracistas en Sotrondio, eso sí, a suficiente distancia y protegido por la policía, solo para salir en la foto.
Vox votó en contra y recurrió todos los avances sociales del gobierno de coalición. Acosó la vivienda de Pablo e Irene con los niños dentro durante meses, entonó cánticos fascistas ante la sede de Ferraz, cercó las clínicas abortistas para desanimar a quienes deseaban abortar, pretendió obligar a las mujeres a oír los latidos del feto, se financió con dinero iraní y no cumple los requisitos del tribunal de cuentas. Presentó a través de organizaciones afines decenas de denuncias sin ninguna consistencia.
Para formar gobierno en Gijón impuso la congelación de las políticas lingüísticas, de las zonas de bajas emisiones y revisar las políticas de igualdad de modo que «se eliminen aquellos aspectos que supongan igualdad entre personas». Ya en el gobierno, anunciaron que no programarían espectáculos de artistas que utilicen el asturiano, la supresión del premio Rambal en el Festival de Cine, creando otros para premiar sus valores, que cambiaron por un cargo bien pagado. Quieren volver al 36, con la complacencia de un PP de al menos dos cabezas, que por un puñado de votos, compite con ellos en radicalismo.
Tenemos una democracia muy débil, y su objetivo es terminar con ella.

















