Crónicas gijonesas: los compañeros de Rosario de Acuña en el cementerio civil de Gijón · Luis Miguel Piñera

El de Luis Truan y Lugeon, calvinista, fue el primer enterramiento de este tipo en El Sucu

Tumba de Rosario de Acuña, cementerio civil de El Sucu, Gijón
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Fuente Luis Miguel Piñera, La Nueva España (2015) / La Nueva España (junio 2024)

Escribe Luis Miguel Piñera en la nueva sección Crónicas gijonesas en La Nueva España sobre una serie de ilustres compañeros de la librepensadora Rosario de Acuña en el cementerio civil de Gijón, El Sucu. Pero ya, en el mismo periódico publicaba en 2025 Camposantos no tan santos, un recorrido histórico por los enterramientos civiles en la ciudad, que nos permite conocer otros datos sobre esta parcela del cementerio gijonés.

De ese artículo, (resumen de la conferencia «Camposantos no santos en Gijón» impartida el jueves 27 de agosto en Figueras (Castropol), dentro de las VI Jornadas de Historia Local que este año se dedicaron a los cementerios), recogemos algunos datos históricos.

Camposantos no santos en Gijón

Los cementerios en Gijón, como en el resto del mundo, no fueron únicamente una evidente conquista higiénica sino que -en cuanto que «suelo edificable»- se convirtieron en un espacio de representación social, como lo era y como lo es la propia ciudad de los vivos.

En el año 1843 se inauguró el Cementerio de La Visitación en el Prado de Llanos, al lado de la iglesia de San Pedro, en el mismo lugar donde hoy está la residencia de la tercera edad y alrededores, y el día 1 de enero de año 1876 el de El Sucu en Ceares. Antes de La Visitación los enterramientos eran en el interior de la iglesia, en algunos casos, y también en otro cementerio pegado a las paredes exteriores de la iglesia mayor. Lugares esos, bajo los sagrados aleros, tan sagrados como el interior.

A los pocos meses de inaugurarse El Sucu, el 19 de junio de 1876, murió a los 77 años Luis Truan Lugeon primer director facultativo de la fábrica de Vidrios La Industria, un pionero de la industrialización gijonesa. Era don Luis nacido en Suiza y de religión calvinista y la aglomeración en su postrera conducción (en junio, pero diluviando según las crónicas) fue algo inédito en la ciudad. Inédito también el enterrarlo en una parcela anexa al cementerio católico, en un lugar que en realidad no era «camposanto». Fue el origen del cementerio civil de Gijón (cementerio protestante también lo llaman).

Esa parcela civil gijonesa enseguida fue creciendo. Tenía su entrada, marginal, alejada de la principal, por un lateral en lo que hoy es la cuesta llamada Camino del Suco pero desde 1902 cuenta con la monumental entrada que hoy conocemos, sin símbolo religioso alguno y presidida únicamente por el escudo de la ciudad y el año de su construcción, 1902. Puerta, por cierto, cerrada desde hace muchos años.

Eso sí todo el conjunto simbólicamente a la espalda de la capilla que el arquitecto municipal Mariano Medarde proyectó en el año 1894.

Hasta la llegada de la democracia, en la década de 1970, ese lugar para enterramientos civiles, estuvo separada del cementerio general por un muro que distinguía a los enterrados en terreno católico y a los enterrados en terreno no católico. Entiéndase, en este último caso masones, anarquistas, socialistas, niños sin bautizar, comunistas, extranjeros o nacionales practicantes de una religión no mayoritaria, delincuentes confesos, suicidas ¨

Una visita hoy nos permite ver esa monumental tumba de Luis Truan con un busto del finado y un texto alusivo a su figura. Además podemos distinguir un monumento erigido por los socialistas asturianos en 1914 a la memoria de Eduardo Varela muerto el 26 de diciembre de 1912 y que había venido procedente de Logroño a difundir sus ideas entre los obreros gijoneses.

El resto del cementerio gijonés para segregados conserva tumbas y nichos, en general en malas condiciones de conservación. Sí es cierta una mejora general que tuvo lugar hace unos años y que de alguna manera dignificó el lugar. Distinguimos también el nicho de Eleuterio Alonso y Álvarez, muerto el 28 de agosto de 1918 a los 55 años y que fue concejal del Ayuntamiento de Gijón, además de uno de los promotores de la Escuela Neutra Graduada que en la ciudad comenzó a funcionar a partir de 1911 […]

Los compañeros de Rosario de Acuña

Rosario de Acuña y Villanueva (Pinto, Madrid, 1850-Gijón, 1923) descansa en el cementerio civil de Gijón. En una sencilla tumba en el suelo, y sin su nombre. En la cabecera un ladrillo con las siglas R. A. El 5 de mayo de 1923 falleció en Gijón, y durante el año 2023 diversos actos recordaron a la escritora, librepensadora y feminista durante el centenario de su muerte.

La conducción del cadáver de doña Rosario a la parte civil del cementerio de El Sucu en Ceares fue sin publicidad, como ella había dejado dispuesto en su testamento. Un coche fúnebre llevó el cadáver al cementerio. Del cortejo formaban parte socios y directivos del Ateneo Obrero de Gijón, miembros de la masonería local y representantes de sociedades obreras. El último recorrido de Rosario de Acuña en Gijón partió de su casa en El Cervigón, recorrió parte del paseo del Muro, la calle de Juan Alonso, Marqués de Casa Valdés, Cura Sama, plazuela de San Miguel, enlazó –no casualmente– con la calle de Concepción Arenal, luego con la calle de Dindurra, calle de Cabrales hasta su final, y por fin tomó la Subida a Ceares hasta el cementerio.

El hecho de que el recorrido fúnebre pasase por la calle dedicada a Concepción Arenal no fue solamente por honrar la figura de esa escritora gallega que en Gijón había vivido unos años, y que había fallecido en Vigo en 1893. Es que en la calle de Concepción Arenal esquina con la calle Covadonga había estado durante unos años el diario «El Noroeste» y en 1911 había tenido su primer sede la Escuela Neutra Graduada. «El Noroeste», donde Rosario tanto escribió y la Escuela Neutra Graduada tan querida por ella.

Tumba de Enrique Villar (fragmento) / Fuente foto
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En la parte civil de El Sucu vemos su tumba. Siempre con flores. A la derecha de la tumba de Rosario de Acuña vemos el mausoleo de Luis Truan y Lugeon, que falleció en el año 1876, y a la izquierda de Acuña está la tumba del masón natural de Colunga Enrique Villar Valdés, fallecido en el año 1927. En muy pocos metros cuadrados están esos tres enterramientos, los tres en la parte trasera de la capilla del cementerio.

Luis Truan –suizo, calvinista, primer director de la fábrica de vidrios La Industria– murió fiel a las ideas religiosas y fue el primer enterramiento civil en El Sucu, en el año 1876. Su conducción y entierro constituyó un verdadero acontecimiento en el Gijón de la época. Julio Somoza y Concepción Arenal escribieron unas conocidas crónicas sobre su entierro. La de Somoza apareció en «El Eco de Asturias» y puede leerse en su libro «Cosiquines de la mío Quintana», y la de Concepción Arenal apareció en el periódico madrileño «El Imparcial» el 28 de junio de 1876.

El mausoleo que lo recuerda (con un busto de Truan en lo alto) ahí sigue, rodeado con una verja y constituyendo la parte más llamativa justo a la entrada del cementerio civil. Reproducimos a continuación un texto incluido en la cuadrada columna que lo forma. Las otras tres partes del monolito llevan inscripciones relativas a citas bíblicas del Evangelio según San Juan, San Lucas y del Apocalipsis.

El texto en la tumba de Luis Truan Lugeon, dice así:

«Don Luis Truan y Lugeon. Primer Director Facultativo de la Fábrica de Vidrios La Industria, perteneciente a Cifuentes, Pola y Compañía. Nació en Nyon, Suiza, el 25 de agosto de 1799. Murió en Gijón el 19 de Junio de 1876. A cuyas dotes poco comunes debe dicha Sociedad los progresos obtenidos en la fabricación. Gijón reconoce en él uno de los fundadores de su primer establecimiento industrial, donde hallan sustento gran número de trabajadores honrados. Llevó al sepulcro el amor de sus hijos, el respeto de cuantos le conocieron, el cariño de sus amigos y el agradecimiento de los que, a su inteligencia y desvelos deben su fortuna y el bienestar de su familia. Que Dios en su infinita justicia haya reservado un premio a sus virtudes».

El otro heterodoxo que acompaña a Rosario de Acuña –Enrique Villar Valdés– descansa en una tumba con signos masónicos en su lápida: una G mayúscula, una escuadra y un compás. No hace muchos años el Ayuntamiento de Gijón rehabilitó esa tumba que es la más importante que se conserva con signos masónicos en el cementerio civil, seguramente de las más importantes de Asturias.

Hubo más en El Sucu pero la de Villar Valdés es la única que logró sobrevivir al tiempo. Todavía en abril de 1990 un asalto al cementerio civil gijonés tuvo como consecuencia el destrozo del busto de Truan. El que vemos ahora, desde 1999, es una copia fiel del original.

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En Camposantos no tan santos Luis Miguel Piñera recuerda también otras referencias laicas en el cementerio si bien en estos casos fuera del propio recinto del cementerio civil gijonés, las fosas comunes y el paredón.

Fosas comunes, fuera del recinto civil con igual espíritu laico y en este caso con tristes recuerdos bélicos, podemos observar el monolito que con los textos de PAX y HONOR fue erigido en el año 1960 como recuerdo a los fusilados republicanos en la guerra civil. El mérito de conseguir la dignificación de estas cuatro fosas comunes hay que atribuirlo a Rafaela Lozana esposa de Faustino de Córdoba, farmacéutico en Infiesto, y madre de un joven estudiante de Farmacia fusilado durante la guerra. Su interés en encontrar los restos de su hijo fueron el comienzo de su tarea solidaria que la llevó a contactar incluso con el Papa Pío XII. Rafaela Lozana falleció en 1974 a los 102 años y está enterrada en un nicho justo frente a las fosas comunes.

Desde el 14 de abril de 2010 se puede ver justo al lado un monumento en forma de libro abierto, «Monumento a la memoria de las víctima de la represión franquista», donde están inscritos 1.934 nombres: los de todos los enterrados en las fosas comunes. Recordamos que además de Ceares hubo parcelas civiles en los cementerios gijoneses de Jove, Cenero, Leorio, Granda y Tremañes.

Paredón, Muy cerca de este monumento pacifista está el conocido Paredón repleto de placas conmemorativas tanto del Ayuntamiento de Gijón como de entidades como la Sociedad Cultural Gijonesa, el Ateneo Obrero, la Asociación de Viudas de la República Rosario Acuña, de la Liga de Mutilados de la República, de Asturias Laica, de familiares de los fusilados… Una de las últimas placas a última placa se colocó agosto de 2015 para recordar a Anita Orejas López, primera mujer fusilada en la ciudad, allí mismo, en ese paredón, a los 23 años, el 9 de noviembre de 1937.

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